Fourteen.

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Bueno, la primera cosa que tuvo que preguntar fue sí sabía jugar golf, y no lo hizo. Aunque ahora se daba cuenta que no sabía en lo absoluto.

Riki tomó el palo de golf y le dio a la pequeña bola, su puntería siendo tan escasa que, aunque él hubiera acercado la bolita a su agujero para que fuese más fácil para él, no logró que la pelota entrase.

Reprimió usa risa mordiendo su labio inferior mientras apoyaba la palma de su mano al mango de su palo de golf, recostándose de un pie. Verlo maldecir en voz baja en japonés era algo sumamente chistoso de ver.

Sus mejillas estaba sonrosadas por el calor y de sus sienes bajaban pequeñas gotas de sudor, en California hacía calor así que eso era común, más sentía que el bloqueador solar que le vio usar apenas llegaron no le estaba surtiendo efecto y le preocupaba, si tan delicada era su piel, no imaginaba lo que aquel sol terrible haría.

Él no se preocupaba tanto, su tono de piel común era moreno, los rayos ultravioletas no eran tan violentos con él, más la costumbre de estar en el calor gracias a que Australia era demasiado caliente en algunas estaciones, su cuerpo estaba acostumbrado, más alguien asiático y de piel sensible como Riki no lo estaba.

Mientras Riki intentaba con todas sus fuerzas jugar bien, él aprovechaba la distracción y hablaba con los accionarios europeos, logrando un jugoso acuerdo. En realidad, Hwang llevaba un largo rato jugando solo, porque él estaba mostrando propuestas a todos los presentes cuando observaron que era hasta de mala educación jugar en contra de Riki al no saber ni la mitad de las reglas.

Un punto a su favor, al parecer su pasante traía muy buena suerte, habían logrado más de lo trazado en esas semanas. Asombroso.

El hombre afroamericano le tendió una copa de las que había tomado de un mesero cercano, bromeando con él con su distinguido acento parisino al hablar inglés; él era uno de los más influyentes en aquel negocio, él y la mujer suramericana que era dueña de la mayor cantidad de negocios de bienes y raíces por todo el continente.

Y ya había ganado su aceptación, el contrato estaba hecho, todo porque Lucas llevaba rato sin estar cerca. Extraño.

Sus cables conectaron después de un rato, Lucas había ido al baño en el momento que todos desviaron su atención del juego, nadie le tomó importancia, pero ahora que se había alejado notoriamente de su pasante la preocupación empezaba a ponerlo ansioso.

Disimuló su mirada hacía los campos verde vibrante, mientras su próximo accionario intentaba ganar una discusión de quien daba el mejor contrato con la mujer suramericana; se suponía que debería estar escuchando, pero en realidad buscaba a Riki con la mirada por todos lados.

Encontró su cabellera rizada alumbrar en tonos más claros bajo el fuerte sol, su labio formando un bulto al no darle a la pelota, sonrió de medio lado, hasta que notó quien estaba detrás de él ayudándole a sostener su palo.

Apretó la copa de champagne en su mano y su sonrisa se desvaneció por completo. Lucas le estaba poniendo las manos encima como temía.

Miró a sus próximos socios y les pidió un segundo, dándole su número a ambos para que llamaran cuando quisieran, aunque eso pusiera en riesgo sus propias propuestas. Ellos aceptaron tranquilos, con ganas de seguir peleando entre sí y pudo avanzar hacia el campo, directamente.

Tomó una pequeña gorra que había en una mesa y una botella de agua fría, observando como esas asquerosas manos arrugadas iban a donde no debían.

Oh, no.

Riki retrocedió despavorido, intentando disimular su sorpresa cuando esa manos se posó en sus caderas y apretó, restregando un bulto entre su trasero.

Ocean Eyes 『Jakeki』Donde viven las historias. Descúbrelo ahora