Twenty One.

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Claramente no había ido al trabajo en lo que restaba de semana, y tampoco pensaba ir, no sabía cómo demonios iba a resolver lo de su universidad pero después vería qué hacer.

Por los momentos se reducía a llorar encogido en una esquina de su habitación, mirando todas las paredes vacías y los recuerdos que habían en ellas. Estaba cansado, fatigado, porque parecía que para lo único que servía era llorar.

No era un buen momento, era el peor de todos podría decir, y estaba tan confundido que no sabía si estaba despierto o era uno más de sus sueños, posiblemente pesadilla por como le estaba yendo últimamente.

Sí, no sabía si era real lo que sucedía o estaba soñando.

Claramente, no, porque estaba mirando la oscuridad de la habitación que había sido suya por tanto tiempo y luego de la muerte de su novio dejó de serlo porque se mudó, más no podría decir que aquella habitación le traía tantos recuerdos.

Justo ahora, un 26 de mayo, cumpleaños de su hermana mayor, siendo celebrado fuera de aquella habitación, cuando ese mismo día Jake cumplía dos años de haber muerto.

Así es, dos años, y cinco meses de haber regresado de la muerte mágicamente.

Al principio, fue un completo shock para él, ¿y para quién no? Pasó un año y siete meses llorando por su ausencia, llorando sobre su urna constantemente, creyendo que lo había dejado para siempre, con las tantas promesas que ambos se habían hecho, con los tantos planes..., y de repente llega alguien tan parecido a él físicamente que parece mentira todo.

Mismos ojos, mismas facciones, misma voz, misma altura y complexión. Era tan parecido que cuando notó que tenía los mismos tatuajes lo supo, al instante supo que era su Jake, porque, ¿quién más iba a ser? No podría haber otra copia exacta de él, con los mismos tatuajes, mismos orificios de aretes..., todo era lo que él recordaba vívidamente, que no tenía sentido.

Jake había muerto, quiera o no, justamente hace dos años, no podría llegar de repente un desconocido y revolucionar todo en cinco meses. Cuando supo que se llamaba Sim Jaeyun y quiénes eran sus padres confirmó todo.

Jake no había muerto, en absoluto, y no supo cómo sentirse en su momento..., de repente quiso vivir. Seguía en shock claramente, vivió un año y siete meses de su vida creyendo que el amor de su vida estaba muerto, para volver a ver sus ojos nuevamente vivos, hablándole, con su cabello ahora rubio..., no supo cómo actuar o qué hacer, pero su corazón volvió a latir.

Fuertemente, vivaz, y confundido de qué demonios había sucedido, ¿por qué no lo buscó ese tiempo separados para decirle que no estaba muerto? ¿Por qué lo había tirado así como así?

Hasta que descubrió que había perdido la memoria, casi la mitad de su vida, donde hubieron desenlaces más que importantes, la parte donde estaba él..., esa pequeña parte que para él fue el inicio verdadero de una vida, vida que se le fue arrebatada de la peor forma.

Investigó qué demonios había ocurrido, y todavía no estaba seguro de qué sucedió esa noche, sólo sabe que después del accidente ante las leyes de Corea Jake está muerto, pero él más que nadie sabe que está vivo, y no recuerda para nada gran parte de su vida.

Él sabía que esto era obra y gracia de su suegra, confirmó lo que le dijo esa noche de junio hace dos años de que ella era capaz de hacer todo lo posible para separarlos, más no sabía que hasta poner la vida de su hijo en riesgo podía hacer. Era una mujer enferma, claramente y por razones o coincidencias de la vida, ellos se volvían a reencontrar, de casualidad.

Creía en el destino, firmemente, que por más que intentarán separarlos ellos poseían un hilo que por más que se estirase nunca se rompería, al momento que se encogería y llegaría el día de su encuentro.

Ocean Eyes 『Jakeki』Donde viven las historias. Descúbrelo ahora