Fourty Six.

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Los días que tenía libres indiscutiblemente se quedaba en su departamento con Riki, aunque era obvio que su ricitos dormía medio día y él se quedaba por ahí tonteando. De ese modo, esos ratos libres y a solas que tenía los utilizaba para tocar guitarra en la sala de estar, probando nuevas técnicas y aprendiendo más canciones.

Acostumbraba a tocar la acústica para no despertar a Riki tan temprano, pero ese sábado por la mañana fue inevitable no sacar la eléctrica cuando sus dedos se desviaron unos acordes y terminó tocando Sweater Weather.

Esa canción, en especial, tenía una vibra incontrolable que sin medir tanto que hacer, podía tocarla por horas, recordando momentos, reviviendo situaciones, y aunque cerrará los ojos, sus dedos jamás tocarían un acorde equivocado o se resbalarían a otra cuerda ya que esa canción trazaba un antes y después en su vida.

El primer disco que compró en el 2013 fue I Love You, la primera melodía que aprendió fue Sweater Weather, y esa misma canción se reprodució en simultáneo cuando sus ojos encontraron los de Riki por primera vez.

Era una historia, una casualidad, y a su vez, un sentimiento.

Sintió los pasos suaves de una presencia a su alrededor y supo que había despertado a su ricitos, aún en su ensimismamiento, abrió los ojos y sonrió. Aunque hubiese parado de tocar, seguía escuchando la melodía de Sweater Weather al mirarlo, incluso después de años conociéndolo.

El mismo sentimiento de siempre, el mismo calor de siempre, eso que nunca cambiaba y que crecía con el tiempo.

—¿Te desperté? —dudó, dejando a un lado su guitarra sobre el sofá, para recibir a su bebote sobre su regazo.

El rizado negó con la cabeza y escondió su rostro en su cuello, aún soñoliento, el calor de su cuerpo acariciando lo profundo de su alma con suavidad y ternura. Sonrió para sus adentros, bajando su diestra por toda su espalda.

Sus camisas lucían mejor en Riki que sobre su cuerpo.

—Extrañaba escucharte tocar. —murmuró el menor con voz ronca, su aliento suave chocando contra su mandíbula cuando dejó reposa su mejilla sobre su hombro.

—Ya sé que te enamoraste del rockero alternativo marihuano, pero pronto seremos padres y hay que dejar esas malas mañas atrás. —respondió.

El rizado salió de su escondite, aquella miel en su mirada volviéndose brillante cuando ambos orbes chocaron. Sus labios olían a pasta dental y su cabello apuntaba en todas las direcciones posibles, los residuos de sueño mostrándose en su rostro hinchado.

—Tienes que seguir tocando para mí, me enamoraste a punta de serenata, no pienses que superaré esa etapa.

Soltó una risa, ladeando su cabeza sin poder creerlo. Dejó reposar su diestra sobre la delgada cintura del menor y lo sujetó con firmeza, perdiéndose en su mirada, en su rostro de belleza infinita.

Suspiró, lo amaba.

—Siempre tocaré para ti, cualquier canción que me pidas. —aseveró, juntando sus narices en un pequeño beso esquimal.

Riki unió sus labios en un leve roce y sonrió, sus ojos volviéndose diminutos.

—Vuelve a tocar Sweater Weather, para mí. —pidió, acariciando los vellos de la nuca del mayor.

Jake asintió, sin poder evitar dejar un roce de su mano sobre su cálida mejilla. Llevaban tiempo viviendo juntos, y sin embargo, cada que lo veía despertar, se sentía como el primer día donde tímidamente se quedó en su casa luego de año nuevo.

La sensación era de igual emoción constante, como si no pudiera creer que el atractivo chico de primer año de diseño gráfico realmente lo hubiese notado.

Ocean Eyes 『Jakeki』Donde viven las historias. Descúbrelo ahora