No todo salió mal como esperaba.
Cocinó la carne, hizo la ensalada, más unas papas con una pobre salsa, buscó un buen vino en su alacena escondida en aquel departamento solitario y acomodó la pequeña mesa del comedor.
Colocó un lindo mantel rojo, y en el centro unas velas aromáticas de baño (ya que no consiguió otras, frente al apuro) más un florero con una peonía mientras que en su mano reposaba otro ramo, con tres flores ya que la floristería ya había cerrado un domingo a las 4 p.m. y aguardaba la llegada del menor a su hogar.
Hasta se había duchado, arreglado, peinado y perfumado. Estaba utilizando uno de los pocos trajes decentes que tenía, y que no le gustaba porque le incomodaba mucho en la entrepierna, más aquellos jodidos zapatos que solo utilizaba en eventos especiales.
Y más nervioso no podría estar.
Sus manos sudaban mientras caminaba de un lado a otro en la sala, dejando el ramo de peonías en la cómoda cerca de la puerta para cuando llegará y así no seguir maltratándolas con sus manos y no sabía si Riki querría quedarse o le echaría el vino encima de su costosa camisa negra.
Por lo menos la eligió negra para que las manchas del vino no se notarán tanto.
Era el colmo, tenía veintiocho años, casi veintinueve y un niño que ni se graduaba de la universidad estaba revolucionado sus hormonas y dándole ganas de vomitar de los nervios. ¿Qué era eso? ¿Por qué se sentía tan nervioso?
¿Será que Riki le estaba haciendo brujería?
Eso explicaba porqué estaba detrás de él como un perro, pero si para él no valía ni lo que costaba la vela, entonces no sabía cómo tomarlo.
De momento, el timbre sonó, alertándolo y empezó a correr por toda la casa, buscando las llaves y viéndose en el espejo del pasillo si estaba todo en orden, más echándose algo más de perfume, nunca era suficiente.
—¡Voy! —dijo, intentando sonar calmado mientras daba brincos de un lado al otro buscando quién sabe qué cosa cuando ya tenía todo listo.
A las mil y una pudo abrir la puerta y mostró una sonrisa nerviosa, las comisuras de sus labios yendo y viniendo del temblor. Seguramente lucía grasoso, desaliñado y nervioso frente a los ojos de su pasante. Qué vergüenza.
Riki lo miró con una ceja alzada, su cabello estaba amarrado en una media cola y varios rizos rebeldes escapan de la liga, vestía como si hubiera salido de su casa en pijamas pero olía realmente bien, tan adictivo e intenso como siempre.
—¿Qué quiere? No tengo todo el día. —pasó sin preguntar al ver que no diría absolutamente nada, y gracias a su impulso volvió en sí y cerró la puerta, con cerrojo por si las dudas.
—Antes de empezar nuestra conversación, quiero invitarte a una copa de vino, ¿aceptarías? —preguntó cordialmente, buscando no ser fastidioso y guardando su distancia.
El rizado rodó los ojos y se sentó en su sofá con toda la confianza del mundo, mirando todo lo que había en su departamento, como si estuviera buscando una obra femenina cerca o algo.
—¿Qué vino tienes? —dio como respuesta, cruzándose de brazos sobre su pecho.
Sonrió de medio lado apartando la vista de él ya que no quería ser observando festejando por su primera pequeña victoria, y encendió la música con su celular conectado a los altavoces del departamento, buscando las copas y el vino.
—50 años de manzana, ¿te gusta? —preguntó, mostrando la botella sin destapar.
—Es aceptable... —murmuró el menor, su cabeza yendo de un lado al otro lentamente y con disimulo mientras 505 de Arctic Monkeys sonaba.
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Ocean Eyes 『Jakeki』
Fanfic"Más allá del bien y del mal hay un jardín, yo te veré ahí". ¿Qué pasa cuando un amor es incluso más fuerte que la muerte? Existen personas que desearían tener un amor como ese, por lo cual impiden que sean felices. ❗Continuación de The Bathroom❗ ❗S...