28.- Hermosa coincidencia.

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Miranda


—Mira quien regreso y está dándole tregua a tío Michael, tienes mucho valor para poner un pie en esta casa después de lo que me hiciste Alec...de lo que nos hiciste—dije arrogante mientras movía los pies descalzos en el frio piso de mármol, Alec se puso de pie y quiso acercarse a mí.

—Quieto, ahí donde estas...entre más lejos estemos el uno del otro mucho mejor—se paralizo de repente a un metro de mí.

—Tienes que dejarme hablar, nena, tienes que escucharme.

—No, tú escúchame a mí, no soy "tu nena"...después de tu traición no más, así que abstente de decírmelo.

—Escúchate, estás hablando como si me odiaras, y no puedes odiar de un momento a otro a quien le dijiste te quiero esta mañana—tio Michael y Pat se pusieron de pie dispuestos a salir de la sala y dejarnos hablar.

—Creo que los dejaremos hablar cariño.

—No es necesario, tío, yo no tengo nada que hablar con este hombre, que sinceramente desconozco—dije alejándome hacia las escaleras, escuche un par de pies seguirme y voltee solo para cerciorarme de mi suposición.

— ¡Basta! No puedes andar por mi casa como si fuera la tuya, ya no más, acabas de perder ese privilegio—suspiro fastidiado y comenzó a caminar hacia mí, rodee los ojos y seguí caminando hasta mi habitación y justo cuando iba a cerrar la puerta, el impido que lo hiciera y entro para cerrarla detrás de él.

— ¿Acaso no me escuchaste? quiero que te largues de mi habitación, de mi casa y de mi vida también.

—No lo hare, no pienso salir de ningún lado mucho menos de tu vida, no sin que antes me escuches.

—No entiendes que no quiero escucharte, Alec, es el colmo del cinismo, que aparte de traicionarme ahora me acoses en mi propia casa.

—Llámalo como quieras pero no moveré un solo musculo hasta que te dignes a escucharme—se sentó en el sillón decidido a no irse de mi habitación así que eche mano de todas las armas femeninas que poseía para sacarlo de ahí y torturarlo hasta provocar un profundo arrepentimiento por haberme hecho lo que me hizo, así que camine decidida hacia él, me coloque en el a horcajadas y él se quedó inmóvil recibiéndome encantado.

—Quiero que recuerdes mi olor, mi calor, y la sensación que provoca mi cuerpo tan cerca del tuyo...—le dije susurrando en su oído—Quiero que te quede bien grabado el sabor de mis besos porque esta será la última vez que puedas tenerme tan cerca—aprisione sus labios con los míos y tome sus canillas impidiendo que me tocara, profundizo el beso abriéndose paso con su lengua entre mis labios, la acepte porque sinceramente también lo necesitaba, recordé cual era el propósito de esta provocación así que corte el beso mordiendo su labio inferior con tanta intensidad que al separarme tenía su sangre en mi labio,  mire que su labio inferior se puso rojo por el líquido que me emanaba de él y yo limpie el mío con el lado externo de mi mano, camine hacia la puerta la abrí y espere ahí.

—¿Qué esperas? vete, no cabe duda de que lo que fácil llega...con la misma facilidad se va—espete sonando lo más indiferente que pude, se levantó y camino hacia mi incomodo

—Pensé que ese beso...salvaje...pero al fin y al cabo beso, era un perdón y una reconciliación, linda.

—Pues te equivocaste, ¿creíste que sería tan fácil? esa escena será lo último que podrás probar de mí, ahora vete.

—No me iré Miranda, me quedare aquí, en algún momento tendrás que escucharme—el sonido de llamada entrante de mi móvil me sorprendió no esperaba llamada de nadie, fui por el a la mesita de noche y mire el remitente <<Evan>> sonreí triunfal y decidida, este era justo lo que hacía falta para que Alec se fuera de una buena vez, me dirigí hacia el sin contestar aun y le mostré la pantalla, la observo y frunció el ceño al percatarse de quien se trataba.

PREFIERO MORIR ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora