Miranda
Respire entrecortadamente, la noticia me había caído de golpe, un remolino de emociones conjuntas me acechaba y me engullía para solo lograr intentar devolverme a la realidad en un intento en vano. Muchas preguntas comenzaban a resonar constantes en mi cabeza <<¿Por qué tio Michael me ocultaría algo así? ¿Grecia lo sabía? ¿Por esa razón Leila fue tan amable y cariñosa conmigo?>> Sacudí la cabeza en un estúpido intento de liberarme de todas mis especulaciones y de la noticia que me había caído como un balde agua fría sobre la espalda, si querían lograr desmoronarme con la noticia lo estaban logrando.
— ¿Y porque se supone que debería creerte, Samanta?—dije tratando de controlar mi voz para que no sonara temblorosa, ni atemorizada.
—Porque todo lo que acabo de decirte te lo confirmará la propia Leila—dijo con superioridad sonriendo con malicia, estaba más que satisfecha viendo como trataba de mantener mi semblante lo más sereno posible. No sabía cómo demonios Leila me lo confirmaría si estaba cuidando de tío Michael en el hospital, noto mi expresión confundida al decir lo de Leila y una carcajada malvada salió de su garganta abriéndose paso por todo el piso, haciendo eco en cada pared, estaba disfrutando tenerme a su merced y yo me odiaba por eso—Te estarás preguntando como es que Leila te dirá eso...bueno contestare a tu pregunta...—dijo sin dejar de caminar mientras les hacia una seña con la mano a unos hombres que se encontraban detrás de Grecia e Isabella. Uno de los hombres camino hacia nosotros llevando entre sus manos una pequeña pantalla portátil y se la entregó a Samanta que la tomo y le guiño el ojo al hombre que se alejó con una media sonrisa en los labios—Veras en esta ocasión intentamos ser más minuciosos con cada paso que diéramos para que no se repitiera lo que paso en Manhattan Beach...
—El fracaso esta tatuado a fuego en tu vida Samanta, tenerme aquí no te asegura el triunfo...—dije enfurecida tratando de contenerme para no irme sobre ella a golpes, aunque fue en vano, en un acto reflejo de coraje, cerré el puño y lo lleve a su pómulo con toda la fuerza que mi mano me lo permitía, Samanta giro la cara con brusquedad, llevándose la mano al pómulo golpeado, levanto la cara sosteniéndose el pómulo, con unas mechones de cabello rebeldes en su cara, los retiro con la otra mano y me sonrió descarada, note como su pómulo se enrojecía y se abultaba demasiado rápido, había pegado con más fuerza de la que pensé que había impreso pero no me importo quería hacerla sufrir, hacerla sentir todo lo que nos estaba haciendo sentir en este momento no solo a mí, a todas las personas que venían conmigo y que por ende me importaban, en un milisegundo sentí su mano impactar con mi mejilla pero el golpe no fue todo, antes de retirarla clavo sus uñas en mi mejilla y dejo tres profundos rasguños, el escozor del golpe y el ardor de los rasguños se mezclaron en un dolor ensordecedor que hizo que derramara algunas lágrimas socarronas, de mero dolor físico, quise regresarle el favor pero dos hombres me tomaron por la espalda uno de cada brazo y prácticamente me inmovilizaron, sentí unas gotas de mi sangre caliente resbalar por mi barbilla, los rasguños me sangraban gradualmente, nada de qué preocuparse pero tampoco una sensación agradable, observe movimiento a mis espaldas, también estaban reteniendo a Alec, Evan y Pat que habían intentado reaccionar cuando Samanta me soltó la bofetada, cuando voltee a ver a Alec, su mirada se ensombreció de ira al ver que sangraba, había notado la bofetada pero no el rasguño, se removió con más fuerza intentando zafarse para llegar hasta mí, y otro hombre se unió a la inmovilización de Alec, un golpe en su quijada que lo desoriento para poder controlarlo.
—¡NO! ¡ALEC! ¡SUELTENLO...DEJENLO EN PAZ! —grite tratando de zafarme de los hombres que me tenían retenida que tan solo hacían más fuerza en su aprisionamiento en mis brazos, esa presión dejaría moratones sin duda alguna, pero ese dolor no era nada comparado con el dolor de ver que le hacían daño a Alec y en este momento daba gracias de que Isabella no viera que le hacían daño a su hermano, en cambio Grecia estaba viendo todo, amordazada, llorando sin control, y tratando de gritar por encima de la mordaza que no se lo permitía pero aun así no dejaba de hacerlo <<¿Dónde demonios estas Marco?>> pensé desesperada en mi jefe de seguridad que probablemente estaba muerto y nosotros totalmente expuestos.
— ¡Ya basta! No permitiré que esto se salga de control, no conmigo a cargo—grito Samanta con el pómulo abultado y enrojecido mientras sostenía la pantalla táctil entre sus manos,
—No estás a cargo Samanta, solo es tu momento—dijo Henry socarrón caminando hacia nosotros con Tania en su costado, mirando a Alec asustada y compadecida. La observe enfurecida y de un momento a otro nuestras miradas se cruzaron.
— ¡BRAVO TANIA! Debes estar contenta, esto es lo que querías...querías ver a Alec sufrir, a Isabella sufrir un posible trauma...pues BRAVO te salió muy bien debes estar contenta...—dije enfurecida forcejeando aun, mis músculos empezaban a sentir el dolor del constante esfuerzo, pero no me importo seguiría luchando. Culpa...solo culpa y remordimiento fue lo que pude ver en sus ojos, imagine que no esperaba que la venganza llegara hasta este punto, pero que en cierto punto se dio cuenta de que no podía salir del mundo de la mafia una vez que había entrado en este—No puedes decir que lo amas si le causas todo este sufrimiento...todo este dolor...eso no es amor—dije aún más furiosa mirándola, bajo la mirada y note que una de sus manos temblaba.
—¡SI ES AMOR! ¡LO AMO COMO JAMAS AME A NADIE! —grito acercándose unos cuantos pasos a mí, con unas lágrimas resbalando por sus mejillas, tenía la voz y la mirada de una mujer con el corazón roto, lo sabía porque yo había experimentado el mismo dolor cuando vi los ojos de Alec bajo el pasamontañas el día del operativo en la mansión, la diferencia entre ella y yo era que mi corazón roto lo había sanado el mismo hombre que me lo había roto y el de ella estaría roto por muchos años, siempre faltando fragmentos que siempre estarían sobre los hombros de Alec aunque el jamás le haya dado esperanzas. Por un momento solo por un momento sentí pena, lastima y compasión por ella, estaba lastimada y el dolor del corazón roto la había llevado al extremo de las decisiones y de las posibilidades que tenía con él, se alió con las personas equivocadas en un intento desesperado de enamorarlo. Pero el sufrimiento que me estaba causando y que le había causado a Alec apenas unos días asesinando a sus padres opacaba cualquier sentimiento humano que pudiera sentir hacia ella.
—En lo que discuten si es o no es amor lo que sienten por este evidentemente atractivo hombre—expreso Samanta a mis espaldas, me gire junto con los hombres que me retenían para observar como Samanta tomaba a Alec por la barbilla posesiva, acercándose peligrosamente a su boca, buscando besarlo, el movía la cabeza para impedir el contacto entre ellos, pero uno de los hombres tomo la nuca de Alec obligándolo a mantenerse inmóvil, logrando que Samanta pusiera sus rojos labios en la comisura de los de Alec. La rabia, los celos y la furia corrieron por mis venas al notar la escena y luche todavía más, sin conseguir nada, cuando se retiró de él, note la marca del carmín barato de Samanta en la comisura de sus labios, lo soltó bruscamente y camino hacia mí, acechando mi oído para susurrarme.
—Alec tiene un olor exquisito...quiero imaginármelo mezclado con el sudor de una buena noche de sexo a su lado—no podía concebir tanto deseo de destrozar con mis propias manos a alguien.
—Dudo que tengas lo que se necesita para satisfacerlo Ferrara...
—Eso ya lo veremos...te tengo un sorpresa...una hermosa sorpresa—dijo con una sonrisa fingida, levantando la pantalla y tocando varios puntos de esta. Me la mostro pero no había imagen y de repente apareció una escena de una habitación de un hospital con una mujer rubia sentada al lado de la cama sosteniendo la mano de un hombre que yacía inconsciente en esta, de manera rápida entraron varios hombres armados, la mujer se sobresaltó levantándose y poniéndose frente a la cama, la tomaron y pusieron el cañon de una pistola en su sien mientras otros de los hombres se posicionaban al lado del hombre poniendo un cañón en su cabeza.
—Estamos transmitiendo en vivo desde el hospital San Angelo del centro de Nueva York...habitación 112—dijo Samanta irónica, satisfecha y malvada y entonces observe con detenimiento y entendí todo; la rubia era Leila y el hombre que yacía en la cama inconsciente era tío Michael a merced de las ordenes de estos psicópatas.
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PREFIERO MORIR ©
Ficção GeralEl crimen organizado nunca había tenido tanta fuerza y poder, hasta que el apellido Anderson entro en el negocio. Con el paso del tiempo ha ido ganando terreno y hoy en día tienen más dinero, propiedades y poder que cualquier organización legal o il...
