—Amo de verdad no sabes cuánto amo, cada cosa que haces por mi Miranda, incluso que te hayas arriesgado de esta forma, pero esto..., esta huida, solo nos traerá más complicaciones y más aún porque mencionaste que estamos solos—dijo Alec por encima del viento que golpeaba su cara, manteniendo su mirada al frente, conduciendo y esquivando coches por toda la calle <<Tu no, por favor tu no>> gritaba mi subconsciente deseoso de que dejara de reprocharme algo que había hecho por el.
—Tu no Alec, por favor tu no—dije pegando mi mejilla a su espalda.
—Discúlpame pero fue una estupidez, y te amo por eso no quiero que hagas este tipo de cosas por mí, por eso Miranda ¡porque te amo!
—Por amor uno comete muchas estupideces—dije en mi defensa, la defensa más estúpida que hubiese dicho jamás. Alec tenía toda la razón y que la tuviera le daba un gancho al hígado a mi ego.
—Si lo sé, yo también he cometido estupideces, pero se supone que mi deber es protegerte y haciendo esto no lo estoy haciendo, estamos contra las posibilidades, contras las probabilidades de salir bien librados—dijo frustrado, podía distinguir en un su voz, la desesperación de saber que estábamos tan expuestos como solos.
—No me obligaste a nada, lo estoy haciendo por mi cuenta así que no puedes culparte por no protegerme—espete a sus espaldas mientras las maniobras me inclinaban hacia un lado y otro.
—Bien, basta, no discutiremos por esto—grito Alec seguro, giro solo un poco el rostro y grito para que pudiera escucharlo.—¡Te amo! ¡Te amo! —dijo, no pude evitar sonreír a pesar de la situación en la que estábamos, él al igual que yo sabía que esta podía ser nuestra última noche juntos y en libertad.
—¡También te amo! —respondí encantada. Pero el encanto se esfumo cuando Alec freno con una brutalidad que casi nos hace irnos hacia el frente con la motocicleta encima, las llantas chirriaron mientras giraban para volver o tomar otro camino, tuve que aferrarme todo lo que mis brazos me permitían a la cintura de Alec para no caer. Una caravana de patrullas nos había cerrado el paso justo antes de llegar a la autopista.
— ¡Mierda! —escuche vociferar a Alec, que acelero de nueva cuenta abriéndose un espacio entre dos patrullas que llegaban a estacionarse para hacer una barricada. Pronto las sirenas volvieron a sonar no muy lejos de nosotros, entonces reconocí el terreno y comencé a trazar un mapa en mi cabeza.
—A diez metros de aquí hay una entrada de terracería, entra por ahí—Alec asintió acelerando al tope la motocicleta, freno bruscamente para entrar en el entronque que le había mencionado. Un kilómetro recorrido y parecía que no nos seguían o que los habíamos perdido, pronto la terracería se terminó y salimos del otro lado de la autopista. Alec freno para observar y parecía que la carretera estaba desierta, se bajó sin bajarme a mí y tomo mis mejillas entre sus manos.
— ¿Estas bien? —pregunto analizando mi rostro, buscando algún daño.
—Estoy contigo, estoy bien—afirme sonriendo de medio lado, luego presiono sus labios contra los míos de manera feroz y posesiva. Cuanto había extrañado sus labios y esa euforia con la que solo él sabia besarme. Su lengua comenzó a abrirse paso entre mis labios, una corriente eléctrica me recorrió de pies a cabeza cuando mi lengua y la suya se rozaron, profundice más el beso llevando mis manos a su cuello, aun tenia los dedos lastimados, pero los yesos que llevaba ya eran más pequeños, y aunque había sido un verdadero problema manejar la motocicleta, por suerte era diestra para disparar. Apenas nos separábamos para recuperar el aliento, lo deseaba, necesitaba que su cuerpo identificara el mío y yo el de él, que lo recorriera con esa destreza que lo caracterizaba y me hiciera recordar que puedo alcanzar el cielo con la espalda pegada a la cama entre sus brazos.
Pronto la tranquilidad y el romanticismo se vieron interrumpidos, las luces altas de un automóvil y después de varios segundos se acercaban, trate de entornar la mirada, pero no me dio tiempo, un impacto de bala a unos metros de donde estaba la llanta trasera de la motocicleta, nos indicó que quien fuera, iba por nosotros. Alec subió y yo me aferre de nueva cuenta, aunque primero saque mi arma, quitándole el seguro, mientras me soltaba de Alec por un momento, sosteniéndome solo con la fuerza de mis piernas, y aunque tenía las piernas en buena forma no quise tentar a la suerte y volví a abrazar a Alec. Las luces cada vez nos iluminaban más las espaldas y el ruido de las llantas en el asfalto se escuchaban a un más cerca, una lluvia de balas comenzó y Alec opto por zigzaguear para no ser blanco fácil. Me sostuve con la mano enyesada y saque el arma que sostenía con la derecha, para poder girar un poco el tronco. Dos camionetas nos seguían. No eran de la policía. Las luces me encandilaban y las maniobras de Alec no me dejaban apuntar con libertad, debía de ser demasiado buena para poder atinar mi tiro, no podía darme el lujo de desperdiciar balas. De manera casi milagrosa, atine en la llanta delantera de una de las camionetas ocasionando gracias a la velocidad con la que nos seguían que se volcara escandalosamente y un minuto después estuviese envuelta en llamas. Escuche un <<Bien hecho linda>> de Alec que no dejaba de maniobrar para esquivar las balas. Aunque no salimos realmente bien librados. Una bala impacto en una pierna de Alec se quejó de dolor y lo hizo perder el control, la motocicleta fue a parar al suelo con nosotros a cuestas, Alec intento cubrir mi cuerpo con el suyo para no sufrir grandes lesiones, no sé cómo lo hizo simplemente lo hizo, abrazándome por la espalda, mientras salíamos disparados por el asfalto. Con el impacto mis costillas se quejaron y la herida de bala que aún no sanaba también. Intente proteger la mano enyesada, haciéndome un ovillo en el regazo de Alec, cuando por fin nos detuvimos. Ardores repartidos por todo el cuerpo me hicieron quejarme en silencio. El dolor que estaba experimentando mi cuerpo era casi sobrenatural, me sorprendía que aun estuviese consciente, me gire lenta y preocupada hacia Alec que también se retorcía de dolor, note que la pierna de su pantalón estaba rota y que la otra sangraba a causa de la bala. La que estaba rota, me dejaba ver grandes raspones, intento incorporarse sin éxito, mientras se quejaba, intente hacer lo mismo obteniendo el mismo resultado que él. Lo que podía ver de su mano tenía un gran raspón, y la mejilla izquierda también.
—Alec...—jadee, pero esta vez no por satisfacción ni placer, jadee de dolor. El dolor y el ardor me enmudecía. Giro el rostro para verme, su ceño fruncido que me indicaba que estaba conteniendo un grito mientras apretaba la mandíbula. —Estas...sangrando...—dijo mientras intentaba de nueva cuenta incorporarse, levanto la mano y la llevo a mi pómulo para mostrarle. Repetí su acción y las yemas de mis dedos se llenaron de sangre que provenía de mi frente, debí haberme golpeado, puse un poco de más atención en mí y note que también una pierna de mi pantalón estaba rota y en la piel blanca, había mucho rojo, si no fuera por la luz de la camioneta que nos acechaba no podría ver nada, el raspón se extendía hasta mi glúteo, pero de ahí no estaba roto, lo que se había rasgado de mi mis jeans estaba hasta por debajo del glúteo y todo lo que podía ver era rojo, casi no podía mover esa pierna y mi brazo también empezaba a quejarse. Escuche un par de puertas abrirse y cerrarse, unos pasos acercarse. Una lágrima resbalo por mi mejilla, pero más que ser por el dolor de los golpes físicos, la lágrima se debía a nuestro inminente final. Estábamos juntos, pero no era lo que quería para nosotros. Sentí la mano de Alec jalarme con poca fuerza hacia él. Me arrastre los pocos centímetros que nos separaban, procurando quedar de frente a él. —Ven, cierra los ojos y no pienses nada más que en nosotros amor, no importa lo que escuches, no importa lo que sientas—musito Alec atrayéndome a su regazo, cubriéndome con ambos brazos. Mas lagrimas se hicieron presentes, mientras escondía la cara en su cuello.
—Alec...todo esto es mi culpa—musite entre sollozos, levantando la cara hacia el.
—Es culpa del jodido destino que nos ha puesto más obstáculos que puertas abiertas, pero míranos, seguimos aquí desafiándolo, demostrándole que seguimos juntos, magullados y muriéndonos de dolor, pero juntos...—dijo intentando que una sonrisa se asomara por sus labios.
—No me sueltes Alec.
—Jamás, tendrán que arrancarme los brazos—dijo Alec apretándome más a su pecho.
—No digas eso Hoffmann que puedo ponerme generoso y complacerte arrancándotelos yo mismo—dijo con suficiencia el hombre que se encontraba de pie, contemplándonos con lastima. La misma mirada lasciva que me había observado desde que todo esto comenzó a convertirse en un desastre...
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PREFIERO MORIR ©
Ficción GeneralEl crimen organizado nunca había tenido tanta fuerza y poder, hasta que el apellido Anderson entro en el negocio. Con el paso del tiempo ha ido ganando terreno y hoy en día tienen más dinero, propiedades y poder que cualquier organización legal o il...
