Miranda
Tío Michael dedico algo de tiempo para contestar preguntas y unos minutos más tarde estábamos entrando en el gran salón, que ya tenía bastante gente, observe varias caras conocidas y las salude por educación, al fondo del salón alcance a ver a Grecia que también me vio entre la multitud, se agacho para hablarle al odio a la mujer de cabello rubio que estaba frente a ella y se giró para vernos a tío Michael y a mí.
-Mira tío, es Leila, vamos a saludarla-dije entusiasmada. Comenzamos a caminar y ellas hicieron lo mismo, tío Michael acomodaba ansioso la solapa de su traje y lo note.
-Te ves muy guapo tío, deja de arreglarte el traje, que más que arreglarlo lo estropearas-dije divertida y me miro sonriendo, beso mi cabello y siguió caminando con ese aplomo que lo caracterizaba, conmigo del brazo. La señora Leila llevaba un hermoso vestido negro con un escote al frente que llegaba por debajo del busto justo en medio, con el cabello completamente lacio justo a la altura de los hombros, la verdad que para ser una señora de aproximadamente cuarenta años y de haber tenido una hija se veía muy joven, incluso Grecia y ella parecían hermanas, seguía cuestionándome que razones tendría Cesar Christensen para separarse de ella.
Grecia llevaba un vestido azul rey con hermosos detalles metalizados que se cerraban en líneas en su espalda, le quedaba muy bien incluso hacia resaltar sus ojos, cuando estuvimos frente a frente, Leila se acercó abrazarme mientras una cristalina lagrima deslizaba por su mejilla.
-Miranda, cariño, cuanto tiempo sin verte, no sabes el gusto que me da verte y ver que estas usando el vestido que diseñe para ti-de verdad le daba gusto verme, y a mí también, ella era lo más cercano al amor de una madre que yo tenía, cuando me hice amiga de Grecia, abrí mi corazón con ellas contándoles lo que había sido haber crecido tan solo con el recuerdo de mamá.
Flashback
Ese día al salir del colegio, le avise a tío Michael que iría a casa de los Christensen, Grecia y yo nos habíamos puesto de acuerdo para hacer una exposición de biología, una de mis materias favoritas.
-Bueno Miranda... ¿qué te parece si vamos a mi casa a hacer la tarea? Mamá quizá pueda ayudarnos, era la mejor en su clase de biología-dijo orgullosa de su madre y por un momento una opresión en mi pecho me hizo exhalar ruidosamente, no tener a mamá en mi vida me dolía de muchas formas, y a veces me sentía culpable de haberla perdido.
Habían pasado varios años desde que papá también había muerto ahora tenía diecisiete años y este día en especial cumplía diez años de fallecido, era veintisiete de Octubre y cada año desde su muerte este día el otoño se sentía más crudo y el cielo parecía estar gris en especial para este día, me costaba trabajo concentrarme en algo más que no fuera eso, haberlos perdido a ambos me había hecho y dejado débil en tantos aspectos de mi vida que me costaba trabajo enlistarlos.
-Miranda ¿estás bien? ¿Me estas escuchando? -escuche la voz distante y preocupada de Grecia y reaccione de golpe agitando la cabeza para liberarme de todos esos pensamientos que me estaban abrumando.
-Si...si...estoy...bien-dije titubeante tratando de deshacer el nudo en la garganta y reprimir las lágrimas que amenazaban con salir, una suave mano acaricio mi mejilla tomando mi rostro entre su manos, era Leila la mamá de Grecia que estaba mirándome a los ojos con tanta mesura y ternura que en un impulso me abrace a ella, que me recibió abrazándome con fuerza, acaricio mi espalda y desenredo mi cabello para tranquilizarme, las lágrimas no dejaban de brotar, tenia tanto tiempo que no lloraba de esa manera que sentía que estaba liberándome de un enorme peso, sacando todas esas lagrimas que había estado reprimiendo durante tantos años al recordar los días de la muerte de mis padres, había querido ser fuerte para no preocupar a tío Michael pero el contacto con la señora Leila me hizo doblegarme frente a ella, mostrándoles a la Miranda débil que había estado ocultando del mundo exterior, Grecia se unió al abrazo y eso solo hizo que llorara más y de manera casi inconsolable, unos minutos después decidí que era suficiente y de a poco deje de llorar para observar a Grecia y a Leila que también habían llorado conmigo.
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PREFIERO MORIR ©
Ficção GeralEl crimen organizado nunca había tenido tanta fuerza y poder, hasta que el apellido Anderson entro en el negocio. Con el paso del tiempo ha ido ganando terreno y hoy en día tienen más dinero, propiedades y poder que cualquier organización legal o il...
