Miranda
Me gire en su dirección y se quedó ahí parado al pie de las escaleras creyendo que le hablaría, lo mire con recelo para después dirigir mi mirada hacia Jackson que venía entrando.
—Jackson ¿Carter ya envió el Marbella y el Audi?
—Si, señorita hace un rato.
—Bien, que aparquen el Corvette junto con el Marbella.
—Por supuesto—Jackson noto la tensión que era palpable entre Alec y yo. Negó con la cabeza conjeturando que estábamos discutiendo de nuevo y se retiró, volví a posar la vista en Alec que me miraba confundido y frustrado, rodee los ojos y seguí caminando escaleras arriba.
—Miranda, tenemos que hablar me hiciste conducir hasta aquí a una velocidad realmente ridícula por seguir el taxi.
—No recuerdo haberte pedido que me siguieras, Alec—camine con paso firme sin volverme para hablarle por el pasillo, pero escuche que Alec me seguía de cerca.
—No, no lo hiciste, yo quise hacerlo...pero por dios, si pudieras pensar con la cabeza fría podrías darte cuenta de que esto es absurdo es un tontería por lo que estamos discutiendo.
—Si así soy yo, Miranda Anderson la chica que discute por tonterías, rabia como una niña y se comporta como adolescente caprichosa ¿tienes algún problema con eso? —dije deteniéndome frente a la puerta de mi habitación tomando el pomo dispuesta a abrirla, Alec ya se encontraba a tan solo un metro de mí, parecía estarme pidiendo permiso para acercarse más, la parte de mí que le quería y lo deseaba con locura, estaba suplicando que se acercara y me besara, pero la parte indignada y orgullosa quería repelerlo, con una pelea interna de esa magnitud en mi interior, sentía que explotaría en cualquier momento.
—Si tengo un problema con eso, un problema del que disfruto poseer...muy en secreto adoro que discutas conmigo por cualquier cosa, eso me hace enojar, pero me hace amarte por esa forma peculiar de discutir y de fruncir el ceño—lo observe embelesada por sus palabras, estaba suavizando la mirada—Adoro ver como haces rabietas de niña cuando no salen las cosas como esperas o cuando te mueres de celos, me hace recordar que hay una niña detrás de esa imponente mujer—sentí como la comisura de mis labios comenzaba a elevarse en una sonrisa, solté el pomo de la puerta abriéndola y me gire para quedar de frente a él mientras movía los pies ansiosos en la madera—Me encanta que te comportes como una adolescente caprichosa porque te vez relajada y como cualquier chica de tu edad, ajena a los problemas, ignorando que eres una empresaria reconocida y la mafiosa más influyente que he podido conocer, así que sí, tengo un problema con eso...amo demasiado cada faceta de Miranda Anderson, desde la más molesta y frustrante, hasta la más tierna, bondadosa, sensual y romántica...ese básicamente es mi problema—estaba ansiosa por lanzarme a sus brazos por todo lo que había dicho, como era posible que me desarmara con tan solo palabras, me sentía débil a su lado, pero también me sentía entera y me sentía poderosa estando juntos, después de todo lo que había dicho no podía seguir enojada con él aunque lo intentara.
—De verdad sabes cómo desarmarme, Hoffmann, debería de odiarte por eso—dije hablando bajito, mirando esos hermosos ojos verdes que me observaban enternecidos, sonrió ligeramente y hablo.
— ¿Y...me amas o me odias? —Sopese su pregunta, mientras miraba hacia el techo, note que me acercaba a él rodeando mi cintura con ambos brazos y yo en automático llevaba mis manos a su cuello.
—Te amo y te odio. Es como si quisiera dispararte y poder detener la bala con mi pecho para salvarte. —su mirada era totalmente suave, tierna y confundida, supongo que jamás espero que contestara de ese modo, esbozo media sonrisa y deposito un casto beso en mis labios, se separó y perfilo mis cejas, mis labios y mi mandíbula con su dedo índice.
—Ahí tienes otra razón para amarte, nunca respondes lo que espero que respondas, eres impredeciblemente encantadora, Anderson.
—Y tú eres aterradoramente tierno, dulce y romántico, Hoffmann—junte sus labios castamente con los míos disfrutando de la suavidad de sus labios, era una sensación exquisita que me encantaba sentir, esta era una de las razones por las que me daba repulsión pensar en que alguien más pudiera besar estos labios que eran míos.
— ¿Ya no estas molesta conmigo, linda? —pregunto susurrándome.
—No soy tan insensible como para seguir molesta después de lo que acabas de decirme, Alec.
—Eso es un "no ya no estoy molesto contigo encantador novio" —dijo Alec en tono burlón lo ocasiono que riera y el conmigo, asentí a modo de confirmación, me solté de su agarre, y tome su mano para entrar en la habitación deteniéndome en el umbral.
—Dime...quieres entrar y terminar esta charla con una bonita reconciliación...—dije seductora e hice una pausa y note que ladeaba la cabeza con el deseo ardiendo en sus ojos.
—En la cama, en el suelo, en la ducha, en el sofá...donde desees—dije mordiéndome el labio, guiñándole el ojo y sonriendo provocadora mientras lo jalaba hacia adentro.
— ¿Cómo podría decir que no a esa exquisita propuesta señorita, Anderson?—dijo mientras acariciaba mis nudillos, entramos y cerré la puerta, Alec tiro de mi mano y me hizo pegarme a su cuerpo de forma repentina.
—Eres la provocación misma andando, nena, no puedo resistirme a ti—dijo con la voz ronca que empezaba entrecortársele, perfile con mi lengua sus labios sintiendo como su respiración se aceleraba y sus labios se abrían de apoco y lo bese frenética, recibió mi lengua en una suave danza que me resulto especialmente placentera, yo tampoco podía resistirme a él.
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PREFIERO MORIR ©
General FictionEl crimen organizado nunca había tenido tanta fuerza y poder, hasta que el apellido Anderson entro en el negocio. Con el paso del tiempo ha ido ganando terreno y hoy en día tienen más dinero, propiedades y poder que cualquier organización legal o il...
