Miranda
Me gire para mirarlo, también se veía apuesto en ese traje negro que llevaba puesto, empuje ligeramente a Alec para integrarlo al círculo donde ya estábamos cinco personas: Grecia, Pat, Evan, Alec y yo.
—Evan Hamilton, cuantos años han pasado desde la última vez que nos vimos—dijo Grecia mientras se saludaban de beso.
—Bastantes si me lo preguntas, Christensen—quito la mirada de Grecia para mirar a los demás que nos encontrábamos a su alrededor.
—Miranda...justo cuando pensaba que nada podría hacerte ver mejor, apareces con es vestido rojo que dice totalmente lo contrario, no dejas de sorprenderme con tu arrebatadora belleza—sonreí de forma genuina agradecida por su elegante cumplido.
—Y de este círculo eres al único que no me da gusto ver, Hoffmann.
—Yo tampoco estoy muy contento de verte, Hamilton—contesto Alec arrogante, rodee los ojos fastidiada, esta era una rutina interminable en la que se saludaban sarcástica e irónicamente siempre que se veían, me daban ganas de verlos romperse la cara o mejor aún rompérselas yo misma cada vez que hacían esos comentarios.
—No empezaran de nuevo ¿verdad? —pregunte con un deje de fastidio en el tono de voz, ambos dejaron de mirarse con odio y la voz que provenía del micrófono capto nuestra atención haciendo que todos miráramos en dirección a donde se alzaba el escenario que habían montado junto con un pódium en el fondo del elegante salón, la música de la orquesta que había estado tocando hasta ahora se detuvo para dar paso a la voz de la señora de cincuenta y tantos de edad que se subía al pódium.
—"Dreams & Hope" ha sobrevivido por veinticinco años gracias a sus generosas contribuciones y donativos. Durante todo ese tiempo nos hemos encargado de ayudar a todos los niños y jóvenes que quedan huérfanos sin lugar a donde ir, evitando que caigan en las garras de la delincuencia, salvándolos de una muerte desagradable y de un futuro poco prometedor—aplausos resonaron en todo el salón. Sonaba contradictorio que las familias más importantes de la ciudad, mafiosos en su mayoría, fueran quienes apoyaran esta causa, desconocía las razones por las que las demás lo hacían, pero en lo personal lo hacía para que todos esos niños y jóvenes que se quedaba sin nadie en el mundo tuvieran un lugar seguro donde pudieran elegir lo que sería de su vida, desde que nací estaba envuelta en el mundo de la mafia pero no lo supe y asimile del todo hasta que la sed de venganza hacia quien había asesinado a mi padre se apodero de mí. Entrar y desarrollarme en el mundo de la mafia era algo inevitable para mí siendo la única heredera de la fortuna Anderson, pero para los demás niños y jóvenes no sería así, ellos tenían opción y yo estaba dispuesta a apoyar eso hasta que mis finanzas me lo permitieran.
—En este el veinticinco aniversario de "Dreams & Hope" queremos develar una placa grabada con el nombre de nuestros principales benefactores de siempre; Michael Anderson y Leila Maxwell, siempre generosos y empáticos por el bienestar de todos los niños y jóvenes que resguardamos desde hace veinticinco años—otra tanda de aplausos resonó mientras tío Michael y Leila subían al escenario, para descubrir la dorada placa—Y cómo olvidar también a Max Anderson, de los principales benefactores que apoyaron la causa creyendo en ella desde un principio, lamentablemente falleció, por eso es que queremos que su hija, Miranda Anderson nos acompañe en su nombre—la noticia me tomo por sorpresa, no sabía que esto pasaría, pero comencé a caminar hacia al frente con elegancia entre aplausos, felicitaciones y miradas de empatía, Leila y tío Michael ya sostenían el cordón que correría la cortinilla de gamuza roja que cubría la placa, me uní a ellos sonriéndoles y jalamos el cordón que develaba la placa, con el nombre de mi padre grabado como principal benefactor y creyente de la causa y solo unos centímetros más abajo los nombres de tío Michael y Leila, los flashes de varios fotógrafos volvieron a bombardearnos y posamos para las que serían probablemente las fotos de las portadas de las revistas de sociales más importantes de la ciudad, abrace a tío Michael y a Leila, momentos que por supuesto captaron los fotógrafos, me separe de ellos, para mirar en dirección al el circulo donde había estado minutos antes, Grecia, Pat, Evan y Alec sonreían observándome, les sonreí ampliamente y note que varios hombres vestidos de trajes negros caminaban seguros y apresurados hacia el centro del salón, no pude reaccionar hasta que vi que tomaban a Grecia por el cuello como rehén poniéndole el cañón de una pistola en la sien, un par de balazos callaron los murmullos que resonaban en todo el salón, haciendo que todos se agacharan instintivamente, de un momento a otro, otros cuatro hombres entraron en escena, un par de ellos tomo a Alec, uno lo sostuvo mientras el otro lo golpeaba de manera salvaje para sacarlo de combate, debilitándolo, mis ojos se cristalizaron al ver salpicar su sangre, Grecia miraba aterrorizada mientras el otro par de hombres tomaba a Evan y lo golpeaban igual que a Alec, Pat trato de sacar su teléfono celular para llamar a nuestra gente de seguridad escabulléndose entre el bullicio de la gente asustada pero no lo logro, lo capturaron y golpearon como a Alec y a Evan, estaba al borde del llanto mirando aterrorizada la escena, cuatro de las personas más importantes para mi estaban a merced de esos sanguinarios y yo por una vez en la vida me sentí indefensa, me sentí impotente, observe a tío Michael que cubría a Leila y la llevaba escaleras abajo gritando mi nombre, pero estaba tan absorta en la horrible escena que se presentaba en el centro del salón que mis piernas no reaccionaban , no tenía control sobre mí. Alec, Evan y Patrick estaban al borde de la inconsciencia, tenían sangre en la mayor parte del rostro y aun así luchaban para ser liberados, Grecia tenía un hilo de sangre en la comisura del labio, estaba aterrorizada, pero no se los demostraría, estaba erguida con elegancia con el cañón de la pistola aun aferrada a su sien. Un par de tacones resonó en la entrada y dirigí mi mirada hacia allá, no alcanzaba a distinguir a la mujer por las lágrimas que amenazaban con salir, enfoque un poco más y alcance a distinguir el cabello rubio y esa sonrisa torcida que reconocería en cualquier parte <<Samanta>> grito con odio mi subconsciente, iba enfundada en un vestido negro, largo, los labios carmín, me observo con superioridad cuando llego a donde habían golpeado hasta el cansancio a tres de los hombres más importantes de mi vida, observo a Grecia con sorna.
—Grecia, es una pena que tengamos que usarte para llegar a Miranda, no tengo nada contra ti querida.
—Lo que es una pena es que solo de esta forma puedas doblegarla—dijo Grecia insolente y por una vez desee que se callara, una bofetada fue lo siguiente que se escuchó resonar en el salón, Grecia giro la cara bruscamente haciendo que otro hilo de sangre brotara de donde había brotado el otro que ya se había secado.
—Lo que me da más pena es que haya tenido que desfigurarles el rostro a estos dos caballeros, se veían tan apuestos antes de la golpiza—dijo mientras tomaba la barbilla de Evan para luego tomar la de Alec obligándolo a que la mirara, ambos estaban de rodillas respirando con dificultad.
—Alec debiste de haberte enamorado de alguien que no ponga en riesgo tu vida...que tal Tania Benson... o más bien dicho ambos debieron de haberse enamorado de alguien que no pusiese en riesgo su vida, tanto dicen amarla que darían la vida por ella—dijo Samanta descarada mientras acariciaba sus barbillas intercaladamente, trataban de moverse para evitar el contacto pero podía notar que la fuerza que les quedaba ya era muy poca.
—Y tu Patrick...quizás así aprendas que no es la mejor amiga que puedas tener—Pat escupió sangre a sus pies para mirarla insolente.
—Es mucho mejor que tú en muchos sentidos, es mucho más mujer que tu Samanta, siempre serás su sombra, grábate eso mujerzuela—Samanta asintió levemente a los hombres que sostenían a Patrick ocasionando que otra lluvia de golpes arremetiera con fuerza contra él, verlo casi agonizando de rodillas junto con Evan y Alec <<lo siento tanto>> pensé reteniendo las lágrimas, obligando a mis piernas a caminar dominada por el enojo y la ira, comencé a bajar las escaleras del escenario escuchando los gritos autoritarios de tío Michael.
— ¿¡Miranda Anderson, a donde crees que vas!? ¡Regresa aquí ahora mismo!—lo ignore guiada totalmente por ese instinto asesino que tan solo pretendía arrancarle cada cabello artificial de su horrible cabeza.
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PREFIERO MORIR ©
Ficción GeneralEl crimen organizado nunca había tenido tanta fuerza y poder, hasta que el apellido Anderson entro en el negocio. Con el paso del tiempo ha ido ganando terreno y hoy en día tienen más dinero, propiedades y poder que cualquier organización legal o il...
