86.- Amor enfermizo.

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Alec


Miranda caminaba con pasos inseguros y lentos. Parecía estar retrasando el hecho de su inminente matrimonio, los flashes la bombardearon haciendo que se detuviera para poder seguir caminando sin caer al piso. El maldito hijo de puta de Henry había vendido la primicia a los programas de televisión de Berlín y de Nueva York y una parte del salón estaba atiborrada de gente con grabadoras, cámaras de video y fotográficas que por poco la dejan ciega.

Antes de llegar al lado de Henry, elevo su mirada al techo y movió los labios en lo que si no me equivocaba era una súplica al cielo de que alguien la rescatara. Intente buscar con disimulo a Evan y a Pat para saber a qué maldita hora podría intervenir, pero no los veía, en mi búsqueda pude localizar a Samanta y Tania, vestidas como damas de honor <<Esto es el colmo del cinismo, ellas dos como damas de honor, ese trio de malnacidos no tienen límites>> pensé mientras vociferaba en silencio.

Había tanto dolor en los ojos de Miranda que me dieron ganas de correr hasta ella y gritarle que estaba vivo, que estaba aquí y que ahora ella estaba salvo, pero debía seguir el plan. Apreté los puños mientras la veía acercarse a un sonriente Henry que la esperaba mientras acomodaba la solapa de su saco y Samanta hacia los últimos acomodos innecesarios, a su corbata. Terminó y la rubia se alejó para sostener de nuevo el ramo que llevaba en la mano al igual que Tania. El paso por el pasillo que Miranda tenía que recorrer para llegar hasta el altar me pareció eterna y parecía ser que a ella también, note una cristalina lagrima rodar por su mejilla, que brillo con los últimos rayos de sol de la tarde que se filtraban por las ventanas, cuando Henry y ella estuvieron lo suficientemente cerca la tomo por las manos mirándola con una dulzura que me parecía imposible que estuviera viendo al propio Henry Wilson que la había secuestrado para casarse con ella por la fuerza. Quizá era cierto que la amaba, y que la amaba con mucha intensidad, pero el hecho de que ella no le correspondiera había vuelto ese amor enfermizo, enfermizo a tal grado de hacerle daño a la persona que dice amarse. Entonces recordé a Tania, Henry y Tania sufrían de ese amor enfermizo desgraciadamente hacia dos personas que se amaban de verdad y que sobre todo era correspondido. La marcha nupcial se detuvo y yo solo estaba más ansioso que en un principio, Patrick me lanzo miradas de advertencia para que no fuera hacer una estupidez y en un segundo recibí un mensaje de texto:


Patrick:

No hagas una estupidez, sigue el plan al pie de la letra. A mí también me da gusto saber que está bien y de las ganas que tengo de destrozar a ese hijo de puta. Pero debemos de mantener la calma, recuerda que está embarazada y una bala perdida podía pasar a afectarlos a ambos.


Levante la mirada de la pantalla de mi teléfono para volver a mirarlo discretamente. Asentí en su dirección. Me tome un momento para observar el vientre de Miranda y no se veía para nada abultado, de hecho parecía que no estaba embarazada, aunque automáticamente mi subconsciente formulo una respuesta lógica <<Probablemente está usando una faja, para ese vestido>>.

Y aunque la furia y la adrenalina me estaban invadiendo trate de mantener la calma, algo que me estaba resultando muy difícil.


Miranda

Mi paso hasta el altar me pareció eterno, con la marcha nupcial sonando de fondo para amenizar el momento, pero para mí sonaba como una marcha fúnebre, una marcha fúnebre que me acompañaba al fin de alguna pizca de felicidad ¿Cómo podre decir que si frente al altar? Levante la mirada hacia el techo perfectamente decorado con telas, y luces que las hacían resplandecer <<Alec...si estuvieras vivo...vendrías por mi...estoy segura>> me dolían las mejillas y los pómulos por mi intento de mantener una sonrisa que era mucho más falsa que el cabello rubio de Samanta.

No era suficiente con casarme con él por la fuerza, sínicamente Tania y Samanta junto con otras mujeres que ni siquiera conocía eran las damas de honor. Este día no podría empeorar. Y por si fuera poco los flashes de las cámaras no se detenían, estaban capturando cada momento de este horrible día, tendría fotos de este día para recordarlo por siempre y lo último que quería era eso...recordar el día en que me convertí en la mujer de Henry Wilson ante la sociedad. Me detuve frente a Henry que me recibió tomando mis manos, observándome con...con ¿amor? Parecía amor lo que sus ojos desprendían hacia mí, pero ni en un millón de años podría creerle que sentía amor por mí. No después de todo el daño que me ha hecho y que le ha hecho a la gente que amo. Trate de fingir una sonrisa convincente porque su mirada paso de una llena de amor a una totalmente de advertencia, en el que para cualquiera habría sido un gesto de cariño, rozo mi labio inferior con su dedo pulgar justo donde me había abofeteado más temprano y una punzada de dolor me llego hasta la nuca, no había sido una caricia, había sido un recordatorio de que debería de esforzarme en demostrar falsa felicidad.

—Estamos hoy aquí reunidos, con motivo de la unión en santo matrimonio de Henry Wilson y Miranda Anderson—el hombre había comenzado a hablar, un escalofrió aterrador me recorrió la espina dorsal de escuchar mi nombre junto al de Henry combinado con la palabra matrimonio. No quería esto, no quería hacerlo, pero tampoco podía hacer nada para evitarlo—Nos pasamos la vida buscando a la persona correcta, a esa persona que nos complementa, que nos llena en todos los sentidos, que nos hace felices y que sin duda alguna estaríamos dispuestos dar la vida por ellos. Y cuando por fin la encontramos, queremos unir nuestra vida con la suya, para la eternidad, queremos compartir cada minuto de nuestra existencia a su lado y jurarnos amor eterno. Hoy, Henry Wilson y Miranda Anderson han decidido unir sus vidas en sagrado matrimonio, porque se han encontrado el uno al otro, porque se complementan...—sentí unas ganas tremendas de abofetearlo por decir aquello, pero el solamente estaba haciendo su trabajo. Pero cualquiera que pudiera verme directamente a los ojos se daría cuenta que lo único que este matrimonio estaba causando en mí era dolor, dolor en la más pura expresión de la palabra—Porque han encontrado a la persona con la que quieren permanecer hasta que la muerte los separe, a la persona que amaran y protegerán por el resto de sus vidas, que respetaran por sobre todas las cosas y procuraran llenarse de dicha y felicidad. Hoy inician una nueva vida, pero esta vez no solos, si no acompañados de la persona que han elegido para ser su compañero de batalla...—la presión psicológica de esta ceremonia, me estaba destrozando internamente a eso había que agregarle que tenía que hacerle saber a mi rostro que debía fingir felicidad para que lo aparentara, algo que no sentía.

—Una disculpa...¿se supone que tengo que esperar a que usted diga la frase "si hay alguien que tenga una razón para impedir esta unión, que hable ahora o calle para siempre"...bueno pues lo siento, no podía esperar tanto...así que, yo me opongo—dijo una masculina voz que había estado extrañando, que había estado soñando todas las noches desde que lo vi postrado en el piso.

—Alec...—musite con un deje de esperanza en el tono de voz, me gire de manera fugaz para observar al dueño de esa voz, para asegurarme de que mi cabeza no me estaba jugando una mala pasada. Cuando lo encontré parado justo a unos metros de mi...era EL.

PREFIERO MORIR ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora