Capítulo 29

415 38 22
                                        

Samuel

La mujer me mira impasible y analítica, recordándome el por qué odio a los psicólogos y su manía de analizarlo todo, siempre opinando de cosas de las que no saben una mierda, sintiéndose superiores y con el derecho a juzgarte, se presenta como Azucena extendiendo su mano, mano que rechazo por completo, "¿cómo sigue tu nariz?" pregunta con fingida consternación y yo no entiendo nada de lo que me habla, pero señala mi rostro, así que corro hacia el espejo que está empotrado en una de las paredes.

Mi perfecta nariz tiene un corte en el centro, está hinchada y los bordes de la herida tienen un morado verdoso espantoso, además hay rastros de sangre seca en mis fosas nasales, ¿qué mierda me hicieron?, es lo primero que me viene a la mente, no es que sea tan vanidoso, pero estoy consciente de que soy un rostro público y no puedo andar por ahí con la cara desfigurada, además, a quién queremos engañar, soy guapo, y han desfigurado mi linda cara.

Azucena pide que me tranquilice, pero es casi imposible para mí hacerlo, "voy a demandarlos" escupí con rabia y señalando a la estoica mujer frente a mí, la muñequita seguía sin decir nada pero apretaba sus labios tratando de contener lo que parecía una sonrisa, ¿le divertía verme así?, pero si algo debía admirar de Azucena era su astucia, respetaba a los rivales dignos y su amenaza de exponer la cinta en donde se veía el desastre que había hecho antes de recibir el golpe, había sido una jugada inteligente.

Era arrogante sí, pero también sabía aceptar mis errores "lo siento, solo quería hablar con Carla... todos querían impedírmelo, pagaré por todos los daños" me disculpé sinceramente, además lo menos que necesitaba era un escándalo, pero mi buena voluntad se fue a la mierda en cuanto insinuó que estaba loco y que necesitaba asistir a sus malditas terapias que no servían para nada, no le puse atención a su palabrerío y su discursito de los problemas de ira y no sé qué mierda más, ahora lo único que me importaba era que se largara y así poder arreglar las cosas con Carla.

La muñequita tenía garras afiladas y su lindo dedo me señaló con enfado recriminándome por haberla despedido, su ceño fruncido y su uña rozando mi pecho, era bonita, y lo único que quería era besarle esa boquita insolente, también era justo explicarle por qué la había despedido, así que empecé por ahí, le dije que no quería que estuviera conmigo porque un contrato lo dictaminaba, quería que estuviera conmigo porque era libre de decidirlo, porque quería hacerlo, "¿y cómo diablos iba a saber yo eso?" volvió a arremeter alzando sus manos al techo y bufando frustrada.

Enojada era más linda, hice un puchero y mis mejores ojos de cachorro y la atraje hacia mí susurrándole que no quería que se alejara, exhaló profundamente y rodeó mi espalda refugiándose en mis brazos, el calor me volvió al cuerpo, "pues no vuelvas a despedirme" dijo la berrinchuda muñeca y no pude evitar sonreír y apretarla contra mi cuerpo, no quería dejarla escapar, pero la duda de saber si ella en verdad quería estar conmigo me volvió a invadir, en verdad no quería que un contrato rigiera lo que vivíamos juntos.

"También puedo renunciar" dijo con picardía y volví a sonreír, era increíble la facilidad con la que manejaba mi humor, podía estar eufórico como un león en un segundo y al otro ser un gatito ronroneando y acurrucándome a su lado, la muñeca tenía demasiado poder y ni siquiera lo sabía, y yo tampoco se lo iba a decir, "solo tienes que preguntar Samuel" respondió con simpleza, quería confiar en ella, confiaba en ella así que asentí y la volví a abrazar, estaba sumergido en su aroma cuando la realidad me golpeó de nuevo y corrí otra vez hacia el espejo.

"¡Mañana son las fotografías!" exclamé viendo mi rostro desfigurado, mamá me cortaría los huevos y la prensa se abalanzaría sobre mí tratando de tener la historia de la oveja negra de los García, el rebelde sin causa, el que quiere robar la atención de su perfecto hermano, ya podía leer los titulares acusándome de sabotear la boda de Nano, de los celos invadiéndome, de lo problemático que era, podía ver cómo la prensa victimizaría a mis padres, además atraería todos los lentes hacia Carla y todo se iría a la mierda.

El rostro de Carla apareció en el espejo y se apoyó sobre mi hombro, sus brazos rodeándome y posándose sobre mi pecho, yo fruncí el ceño y ella siguió observándome a través del espejo, sus grandes ojos verdes escrutándolo todo, luego besó mi espalda y dijo tranquilamente "nada que un buen maquillaje no cubra". Lo procesé lento y acerqué mi rostro para observar bien los daños, tal vez tenía razón y podía cubrirlo, además mi madre de seguro le estaba pagando una suma insana al fotógrafo, así que debía retocarlas para que todo saliera bien.

"Vamos... quiero presentarte a alguien" dijo extendiendo su mano hacia mí y abriendo la puerta de la habitación en donde estábamos, la tomé enseguida y salí sin ponerle atención a la mirada que me daban todos los que se encontraban ahí, sí, de seguro era un desastre, aún seguía descalzo, pero la había recuperado, íbamos a volver a casa juntos y todo estaría bien otra vez, Carla se quedaría conmigo y nada ni nadie iba a impedirlo.

"Está en el jardín" dijo una de las enfermeras en cuanto nos vio acercarnos, Carla siguió halando de mí y yo seguí caminando como corderito manso detrás de ella, avanzamos a través del jardín hasta acercarnos al tipo que estaba con ella en cuanto ingresé, me tensé y fruncí el ceño, ¿quién mierda era este?, me volví a preguntar, pero permanecí en silencio porque en segundos iba a descubrirlo, era bien parecido y tocaba la guitara concentrado, estaba sentado sobre el césped con las piernas cruzadas, como esos bohemios encantadores que hechizan a las mujeres, solo esperaba que no quisiera hechizar a la mía porque tendríamos problemas.

"Este es Ander... mi hermano" dijo y mi cerebro sufrió un pequeño corto circuito porque no supe qué decir o hacer ante la revelación, recordé ese día que los celos me invadieron cuando la escuché hablar con él y decirle ese mote cariñoso, él siguió tocando sin prestarnos atención así que lo observé y pude ver el parecido que los celos no me habían permitido ver con anterioridad, de verdad que nublaban la razón, tenía el cabello en rulos alborotados y era del mismo tono de rubio que el de Carla, la tez blanca y los labios rellenos, sus ojos eran marrón pero tenían la misma mirada amable, ese porte elegante y atractivo.

"Mucho gusto... soy Samuel" dije extendiendo mi mano frente a él, había logrado conectar de nuevo mis neuronas y quería que esto fuera lo más normal posible, aunque no tenía nada de normal, el tipo estaba en un loquero y me había noqueado, yo tenía la nariz partida, el pecho descubierto y los pies descalzos, era tan bizarro como todo lo que envolvía nuestra relación con Carla, él ni siquiera se inmutó y me ignoró vilmente, de la misma forma que yo había hecho con Azucena minutos atrás, no me ofendió, todo lo contrario, me hizo respetarlo.

Carla se sintió tensa y con la necesidad de darme una explicación, "lo siento, Ander es..." dijo intentando buscar las palabras, pero yo la corté de inmediato, todo sería a su tiempo, había muchas cosas que yo tenía que descubrir de Carla, así como había muchas cosas que ella tenía que descubrir de mí, "entiendo... no te preocupes" dije apretando mi agarre en su mano para reconfortarla, ella solo asintió, besé su cálida mejilla y le susurré en el oído que la esperaría afuera para que se tomara su tiempo.

Salí del lugar y Omar esperaba recostado sobre el auto, caminé y me recosté a su lado "no digas una palabra" dije al ver sus intenciones maliciosas, él solo asintió y volvió a recostarse en silencio, aunque podía sentir su sonrisa socarrona a mi lado, me agradaba Omar, habíamos sido amigos desde siempre y a pesar de la dolorosa historia que compartíamos, seguíamos estando juntos, era una de las pocas constantes en mi vida, aparte de Guzmán y, ahora Carla, Omar era del pequeño grupo selecto que tenía mi estima, mi respeto y mi confianza.

Dama de compañíaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora