📌 : ❝ Jung Hoseok ama la poesía, a los animales y las sustancias que cambian el estado de ánimo. Acostumbrado a despertar entre los brazos de la dinamita, se ve arrinconado a buscar una solución a sus problemas para no perder la beca de estudios qu...
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Los superhéroes también se agotan
Intenta ralentizar los latidos de su corazón, mientras apoya la espalda contra la puerta de la habitación de Dahae y posa una mano sobre su pecho. Las discusiones con su hija son lo peor que puede sucederle. Detesta estar enfadado con ella y detesta que ella se enfade.
Desde que cumplió los trece años Dahae se ha vuelto grosera e hiriente, muy hiriente. Sin embargo, lo que más lo estresa de estas situaciones es su miedo a perder el control. Yoongi es humano, intenta ser asertivo la mayor parte del tiempo, pero la tempestad que trae a cuestas en ocasiones pesa demasiado.
Sunhi lo mira, apoyada en la pared de enfrente, con tristeza y ternura entremezclada. A veces, desea ser como ella, pensar en que los berrinches de Dahae pasarán pronto y que sólo debe darle tiempo. Pero los problemas no se solucionan así, en silencio, y eso es algo que Sunhi aún no comprende incluso después de tantos años.
—Ya pasará —le susurra.
A pesar de que su corazón está al borde de explotar, niega con su cabeza y golpea con suavidad la puerta.
—¡Lárgate! —grita Dahae desde el otro lado.
Sunhi hace una mueca de disgusto y niega.
—Vamos —susurra.
Vuelve a negar con una mueca.
—Dahae —llama con suavidad.
—¡Que te largues!
Suspira. Sunhi se marcha y él vuelve a apoyar la espalda contra la puerta.
La misma rutina de cada sábado de la semana que le corresponde ser el padre responsable. Dahae comienza a sentir inconformidad de salir fin de semana por medio. Ahora quiere hacerlo siempre. Viernes, sábado y entre semana. Está sobrepasando sus propios límites. Yoongi respeta sus límites, pero con este no lo hará, no permitirá errar de esta manera.
De los dos, es quien mejor maneja las discusiones y pataletas de su hija. Dahae lo sabe, por ende, cada año es más difícil llegar a ella.
Media hora más tarde está aún apoyado a la puerta y sentado en el suelo. Se ha encargado de dar a entender que se encuentra allí todo el tiempo haciendo ruido o utilizando el celular como jamás lo hace. El cerrojo de la puerta suena contra su cabeza. Se ha tardado, pero lo ha conseguido. Abre la puerta con suavidad y asoma la cabeza, Dahae está recostada dándole la espalda.
—¿Puedo pasar?
—Como quieras.
Asiente y cierra detrás de él. Se acomoda sobre la cama a los pies de Dahae y sin siquiera tener que esperar, sabe que ella está esperando sus palabras. Por más que las odie.
—Sé que quieres salir esta noche y lo entiendo —inicia con suavidad—. Pero es necesario que tomes descansos por tu salud, por tu cabecita que, además de divertirse, debe estudiar y rendir la semana que viene. Ya saliste ayer y nuestro límite es una vez por semana, ¿lo recuerdas? Estuviste de acuerdo cuando lo hablamos.