43. Contar palabras.

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La confidencialidad de los propios recuerdos

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La confidencialidad de los propios recuerdos

Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas, pero en cierta forma no lo está haciendo del todo, sólo se ha quedado en silencio, mientras escucha a Hoseok discutir con alguien a través del celular. Sí, sólo es eso. Apenas comprende de qué se trata, por lo que no es espiar, sólo esperar a que finalice la llamada.

—¿Por qué haría algo como eso? —pregunta Hoseok con molestia. Nunca lo ha escuchado hablar en ese tono—. Llevo más de cinco años sin verles la cara, ¿por qué tendría ganas de hacerlo ahora?

Se acerca un poco más a la puerta del cuarto de baño. Espera no ser atrapado.

—Dile a madre que me deje en paz... No, no, escúchame tú: no. ¿Lo entiendes? —Silencio. Hoseok ríe por lo bajo—. A ti se te olvida que la navidad dejó de serlo para mí cuando falleció la abuela, ¿no? —Silencio—. Pues, escucha bien lo que dices por un momento... No. Claro, así como a ella le importó una mierda cómo lo pasé en los últimos diez años incluso viviendo con ella, a mí también me importa una mierda su vida hasta ahora. Dile que se detenga, de llamar, enviar mensajes y enviar dinero. No lo necesito ni lo quiero, menos viniendo de ese imbécil. —Silencio—. Sí, como sea, Nam. Déjame en paz.

Cierra los ojos con fuerza y gira el pomo de la puerta un par de segundos después. Quiere volver evidente que escuchó, a pesar de que va a fingir que no lo hizo.

Hoseok está de pie en medio de la sala, con el celular en una mano y la otra jalando de su cabello. Mantiene el entrecejo fruncido y una mueca de disgusto en los labios. Hasta que se percata de su presencia, cambiando todo su semblante en menos de un segundo.

—¿En qué momento pasaste al baño? —le pregunta a modo de saludo.

Han pasado el día juntos, porque Sunhi está de turno y Dahae donde Unju. Después de terminar en las manos del otro, Yoongi cayó dormido. Despertó un poco asustado, pero al notar la hora decente y el aroma a comida, pasó hacia el baño en paz.

Se acerca hasta Hoseok y le besa la mejilla. La sonrisa que le entrega se amplía y, aunque no emite ningún sonido que lo denote, se percata de que tiene los ojos cristalizados. Entonces, como buena estrategia que ha aprendido en estos años de crianza cuando alguien guarda lo que siente, cuestiona con suavidad.

—¿Todo bien?

Un asentimiento que termina en otro más ávido, acompañado de una mueca de tristeza que detona el llanto. Hoseok se quiebra en un dos por tres, permaneciendo en su sitio sin mirarlo, bajando la cabeza hasta casi esconderla en su cuello.

—¿Necesitas un abrazo? —musita.

Hoseok mueve la cabeza en afirmativo. Entre sus brazos se vuelve pequeñito. Nota como tiembla por el hecho de mantener un llanto silencioso. Yoongi se da la libertad de tocarle la cabeza y luego acariciarle, aguardando a que el llanto se detenga por sí solo. Se abstiene de mecerlo un poco para que no resulte extraño a su edad, aunque parece siempre que le hace mucha falta.

—Lo siento —habla Hoseok en su escondite—. No debería estar aquí llorando contigo. Soy patético.

Yoongi suspira y guarda silencio. Hoseok no tarda mucho en levantar la cabeza y mirarlo. Sus párpados inflamados le aprietan el pecho, pero se limita a limpiarle las mejillas y luego besarle fugazmente los labios.

—¿Quieres hablar sobre eso?

Hoseok desvía la mirada y toma una de sus manos. Yoongi nota como está pendiente de la argolla que ha vuelto a rodear su dedo anular izquierdo. Lanza un suspiro.

—Está bien si no.

—No quiero darte más problemas en los que pensar.

—Por mí está bien escucharte si eso te hace sentir mejor. Incluso puede servir para que te ordenes un poco.

—¿Por qué eres...? Ugh.

—¿Soy?

—Así... tan dulce. —Jadea exasperado y niega con su cabeza—. Era mi hermano, ¿lo recuerdas? Llamaba para pedirme que fuese de visita a casa de su familia. —Hoseok pone los ojos en blanco—. No tenemos buena relación. No entiendo su necesidad de pedírmelo. No nos vemos desde hace diez años, ¿sabes? Es ridículo siquiera de pensar la idea que se le metió en la cabeza ahora.

—¿Diez años? —No puede evitar su sorpresa.

—Sí. O sea, son cinco, en realidad. Cuento diez, porque no vivo en sí con ellos desde los trece... Me cuidaban mis abuelos... Eh... Es más complejo de lo que parece.

—Tengo tiempo.

—¿Podemos no hablar de eso ahora? Quizás otro día.

—Está bien. —Toma sus mejillas y vuelve a dejar un beso fugaz en sus labios. Hoseok sonríe—. ¿Quieres cenar? Tengo hambre.

—Sí. Llevo varios minutos esperándote. Me muero de hambre.

—Bien. Yo ordeno, tú sirve.

Camina hacia la cocina con Hoseok siguiéndole los pasos. Su celular vibra un par de veces en el bolsillo de su pantalón, pero lo ignora. La última vez que vio la hora tenía un par de llamadas perdidas de Sunhi y varios mensajes de Dahae mencionando que se quedará otro día en casa de los Kim.

En cierta forma, todo va bien. Sin embargo, la hora transcurre rápido para su gusto. La sonrisa de Hoseok es demasiado hermosa en este momento como para marcharse, pero es muy probable que Sunhi ya esté en casa.

—¿Vas a quedarte esta noche?

La pregunta usual. Hoseok se percata de inmediato que el final de su día se acerca cuando Yoongi mira demasiado la hora en el reloj de la sala.

—Lo siento. —Forma una mueca de disculpas. La expresión de Hoseok vuelve a cambiar de golpe y él se siente culpable—. Lo siento. Tengo que irme.

—Sí —suspira—. No pasa nada, supongo.

—Dejaré todo limpio.

—No, no te preocupes. Así tengo en qué ocuparme.

Con todas sus pertenencias en orden, se acerca a Hoseok para tomarlo de las mejillas una vez más. Detesta tener que dejarlo triste y peor si añade su causa.

—¿Te veo después? ¿Sí?

—Sí, Yoongi. —Se remueve para que lo suelte—. Ya vete. Te esperan en casa.

—Hoseok...

—No pasa nada —suena molesto—. Las llaves rojas son de la bodega. Después me las entregas. De todos modos, no la uso.

Asiente. Quiere insistir, pero no lo hace.

—Nos vemos.

—Adiós, Yoongi.

Lleva aquellas dos palabras metidas en la cabeza durante su trayecto a casa, y se siente triste. La sensación constante de saber que lo hace todo mal otra vez, si es que no es mucho peor que la anterior, está comenzando a presionarle la yugular.

 La sensación constante de saber que lo hace todo mal otra vez, si es que no es mucho peor que la anterior, está comenzando a presionarle la yugular

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