📌 : ❝ Jung Hoseok ama la poesía, a los animales y las sustancias que cambian el estado de ánimo. Acostumbrado a despertar entre los brazos de la dinamita, se ve arrinconado a buscar una solución a sus problemas para no perder la beca de estudios qu...
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El hielo de sus besos ardientes
Se aferra al perro de la casa para calmar un poco el estrés. El animal se dedica a lamerle la mejilla cada vez que lo alcanza y las manos cuando lo hace a un lado con cuidado.
Desde su rincón de la habitación observa la espalda de Jimin, quien permanece en silencio tecleando en su computadora desde hace unos diez minutos. Según mencionó cuando llegaron, debía terminar un trabajo para su clase antes de hablar sobre lo sucedido.
Siempre suele hacer cosas así. Lo mantiene tenso durante largos lapsos de tiempo antes de explotarle en la cara. Hoseok detesta que lo haga. Aunque también es de aquellos. Evasivo y explosivo.
—Bien —menciona Jimin. Sabe de inmediato que está presionando los dientes, pues no voltea a verlo—. ¿Puedo saber qué hice tan mal para que te ocultes de mí? Sin olvidar mencionar que llevas casi medio año ocultándome esto.
—¿Puedes voltear? Por favor —pide con suavidad.
—No quiero mirarte, Hoseok. Estoy muy enojado. Me humillaste.
—Sólo... —suspira—. Lo siento.
—¿Es todo? —cuestiona Jimin entre risas.
—No sé qué decir.
—Si ya no quieres estar conmigo, eres libre de irte. Lo sabes ¿no?
Quiere reír. En estos últimos dos años, ha terminado con él al menos unas cinco veces y quien ha regresado cuatro de cinco rogando una oportunidad no ha sido él precisamente. Cada retorno a su relación es peor. Pero no sabe soltar ni quiere perder.
—No es eso —asegura—. Jimin. —Se levanta de la cama dejando al pequeño animal a un costado-—. Sólo me sentía dolido por la pelea que tuvimos anoche... es que, fuiste tan...
—Tan ¿qué? —lo corta.
—Por favor, déjame terminar.
—Hoseok, tienes la audacia de quejarte de mí después de todo lo que he hecho y sigo haciendo por ti. No esperes que me quede callado.
Ser una persona que ejerce buenas acciones por otra no da el derecho de humillarla. Hoseok quiere decírselo. Pero la expresión que muestra Jimin cuando gira a verlo lo hace tragarse sus palabras.
—Me estás engañando, ¿no es así? —Bate las pestañas, asimilando la simple y ridícula idea—. Por eso no me contaste que trabajas con ese tipo en la biblioteca. Si es que trabajan, claro.
—¿Crees que te engaño con el bibliotecario?
Hace una mueca de desagrado, pero no es precisamente al hecho de que se trate de Yoongi, más bien, se trata de la idea. Y en cierto nivel, se siente expuesto.
—No te hagas el santo —bufa Jimin, cruzándose de brazos—. Es guapísimo.
—Ash, por favor —se queja—. ¿Eso qué tiene que ver?
—Lo evades.
—No evado.
—¡Lo haces! Dime la verdad, Hoseok, ¿te gusta tu nuevo jefe?
Su mandíbula se tensa y sus fosas nasales se abren. Quiere responder que «no», pero es primera vez que lo piensa.
¿Le gusta?
Sí.
O sea ¿a quién no? Es un hombre atractivo y, conociéndolo mejor, también muy agradable, inteligente e interesante.
Pero no.
Min Yoongi es un hombre casado.
Él jamás hará algo como eso otra vez.
—No —asevera—. Sólo es mi jefe. Está casado, Jimin.
—¿Y?
—Sólo fue una vez. —Se cruza de brazos—. Además, en aquella época no estábamos juntos. Ahora es diferente.
—¿Lo es? —Jimin por fin se levanta de su silla y se acerca a él. Pronto tiene su rostro entre las manos—. ¿Lo prometes? Que sólo me amas a mí y que jamás, jamás, jamás amarás a otra persona.
El pecho de Hoseok se aprieta. Recuerda el día en que conoció a Jimin, cuando su voz era tan dulce como hoy, pero sólo pronunciaba palabras de amor. Cuando los problemas eran para ponerse de acuerdo acerca de quién pagaba la cuenta en sus citas. Cuando lo besaba y él no sentía miedo de que fuese la última vez.
—Lo prometo —murmura.
Y cierra los ojos para recibir sus labios.
Le saben a ira.
¿Cuándo y por qué todo comenzó a transformarse en esto?
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