📌 : ❝ Jung Hoseok ama la poesía, a los animales y las sustancias que cambian el estado de ánimo. Acostumbrado a despertar entre los brazos de la dinamita, se ve arrinconado a buscar una solución a sus problemas para no perder la beca de estudios qu...
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Porque pueden abrir un millar de posibles continuaciones
Su celular ha sonado al menos tres veces en los últimos diez minutos en lejanía de su habitación.
Se encuentra sobre el sofá viendo como la pantalla del televisor cambia de canal sin parar, acción directa de Sunhi en la insistente búsqueda de algo para lo que ni se detiene a ver. Típica acción propia de ella para después mencionar que se encuentra aburrida y terminar sobre él en un enésimo intento por solucionar los problemas principales de su matrimonio.
—Que aburrido —canturrea Sunhi—. No hay nada que ver.
—Pon algo en Netflix —sugiere.
—Aburridooo.
—¿Amazon?
—Abu-rri-do. —Lo mira con una sonrisa—. Se me ocurre una mejor idea.
Le arrebata el control y continúa cambiando de canal. Sunhi abulta los labios y se acomoda de espaldas contra el sofá tomando un poco de distancia. Podría ser el mejor momento para contarle lo sucedido con Hoseok o el peor de todos.
Su celular vuelve sonar cuando abre la boca. Esta vez siente, asimismo, los pasos de Dahae resonando con fuerza hasta llegar a él, casi lanzándole el aparato.
—Contesta tu maldita porquería —alega—. Trato de estudiar.
—Dahae —regaña Sunhi sorprendida.
—Tú ni me hables.
Apenas logra pestañear antes de que su hija dé media vuelta y se marche. El celular deja de sonar y observa la pantalla irse a negro con una expresión impasible.
—¿Quién es? —le pregunta Sunhi.
—No lo sé.
Se encoge de hombros y lo deja sobre la mesita a su lado. Vuelve a tomar el control del televisor para cambiar de canal. Se detiene frustrado en aquel que transmite la telenovela favorita de su madre durante unos minutos, con la idea de esperar el noticiario.
—¿En serio? —cuestiona Sunhi—. Para eso íbamos a visitar a tus padres.
—Quiero ver el noticiario de medianoche.
La pantalla se va a negro durante unos segundos y después salta la alerta de «ÚLTIMO MINUTO». Ambos se inclinan hacia adelante.
—«Grupo de manifestantes asalta granja de cerdos en la comuna de Jekko. Trabajadores informan que estas personas ingresaron en silencio, los amarraron en sus sillas durante la hora del descanso y liberaron al sesenta por cierto de los cerdos alimentados para consumo humano. Cámaras de seguridad grabaron los hechos, donde los diez manifestantes abren las rejas y corren junto a los animales. Sólo cuatro de ellos fueron detenidos...»
Con expresión sorprendida se mantiene pendiente de la pantalla. Escucha la risa de Sunhi a su lado.
—Vegano cosas —comenta ella con burla.
La mira e inquiere:
—¿Te parece gracioso?
—¿A ti no?
—Pues no. —Se encoge de hombros—. Esos idiotas no tienen idea de lo que hacen.
—No exageres. Como si no hubiese la suficiente carne para alimentarte, Min Yoongi. En un mes ya tienen llena la granja otra vez.
Se le revuelve el estómago ante la frialdad de sus palabras. Él no se refiere a eso, en realidad.
—Como sea —masculla. Sunhi vuelve a reír—. Qué bueno que los detuvieron, a ver si así entran en razón.
Su celular comienza a sonar una vez más. Él gira a ver la pantalla y se le sube el corazón a la garganta al ver el nombre de Hoseok. Lo toma y bloquea para después levantarse.
—¿Quién es? —pregunta Sunhi—. Tal vez es una urgencia, deberías atender.
—Número desconocido.
—¿Te vas?
—Al baño.
Blanquea los ojos y da media vuelta. Apenas gira en el pasillo corre hasta el baño para encerrarse, pero al contestar la llamada justo se detiene. Es entonces cuando se percata de que tiene dos llamadas perdidas de él y otra de un número desconocido. Devuelve la llamada un poco impaciente.
—¡Al fin, Min Yoongi! —exclama Hoseok—. Dios, llevo diez años llamándote.
—¿Qué quieres? —Escucha un suspiro pesado—. ¿Hoseok?
—B-Bueno, tengo que pedirte un favor enorme...
La expresión que mantiene durante la llamada se va deformando palabra tras palabra. Por un momento ríe, porque le parece una tontería y mala broma. Pero al notar que Hoseok habla enserio acerca de encontrarse detenido en la comisaría de la comuna de Jekko por haber asaltado una granja de cerdos hace unas horas, también ríe, esta vez de los nervios.
—Agh, Jung Hoseok —alega, despeinándose.
¿Cómo no se le ocurrió que algo así podía suceder? No consideraba a Hoseok una persona tan idiota.
—¿Puedes venir por nosotros? —pide Hoseok con voz infantil—. Necesitamos un adulto responsable que nos saque para no pasar la noche aquí. —Silencio—. Por favor, Yoongi.
—¿Tu amigo no tiene padres? ¿Tú?
—¿Quieres que muera? —alza la voz. Una risa desconocida se escucha del otro lado—. Por favor, por favor, por favor...
Los cuenta: al menos veinte «por favor» saliendo de su boca con diferentes tonos de voz. Lanza un jadeo exasperado.
—No hagas esos ruidos. Esta es una situación seria.Por favor, Yoongi... La policía quiere saber si vienes por nosotros o nos dan mantitas para que pasemos la noche tras las rejas... —Silencio—. Con este frío agónico y doloroso. —Silencio—. Tengo hambre. Estoy abultando los labios y voy a llorar.
¿Por qué aquella imagen le parece adorable si está tan molesto?
—Bien —masculla.
—¿De verdad?
—Dame tu ubicación.
Tras salir del baño, se coloca una chaqueta. En la sala Sunhi aún permanece sentada viendo la noticia sobre los cerdos. Se debate entre decírsele la verdad e inventar una nueva salida ficticia con su mejor amigo que aún no se digna a avisarle que ha regresado.
—¿Dónde vas? —pregunta Sunhi con sorpresa.
—Una emergencia. Te cuento cuando regrese.
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