42. Comillas.

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Etimológicamente como cortar

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Etimológicamente como cortar

Los labios de Hoseok bailan en el porro desde hace varios segundos. No lo ha probado en absoluto, sólo roza sus labios por él y lo huele en ocasiones, sin mucho ánimo, sin mucha expresión. No tiene ganas siquiera de ello. Taehyung lo observa impaciente al mismo tiempo en que le da rápidas y extrañadas miradas a Jungkook.

Las vacaciones han transcurrido a pasos agigantados. Taehyung ha regresado de su viaje familiar y él se lo ha pasado junto a Yoongi algunos días.

No va a negar que lo ha pasado bien; pero quiere que cada segundo que pasa entre los brazos de Min Yoongi sean eternos y no duelan. A partidas en la madrugada. A llamadas de su esposa por la tarde. A secretos y miedo.

—Dios, Hoseok —se queja Jungkook—. ¿Vas a fumar o no?

Bate las pestañas y se enfoca en él. En ambos. Ambos chicos que lo ven como si se hubiese vuelto loco.

—No —musita. Extiende el porro hacia ellos—. Lo siento.

—¿Estás bien? —cuestiona Taehyung al recibirlo—. O sea, la pregunta más tonta del planeta. ¿Qué te tiene así de mal? Más bien.

—Nada. —Se encoge de hombros—. Hagan lo suyo y ya está. Yo estoy bien.

—No eres mi Seok de siempre —insiste Taehyung. Un momento de silencio. Entonces su mejor amigo mira a Jungkook, ambos se miran y vuelven a mirarlo—. Oh, no me digas que...

El porro se apaga. Jungkook lo ve con tristeza, pero después también se vuelve a enfocar en él.

—¿Qué? —pregunta con inocencia.

—Nada —le asegura Hoseok.

—Ya cuéntale —insiste Taehyung.

—¿Qué? —pregunta otra vez Jungkook.

Suspira y chasquea la lengua de mala gana. Cuenta los hechos a medias, sólo por informar la situación. Pero los labios de Jungkook se separan de forma exagerada, como si estuviese cometiendo un crimen atroz.

—Y ya sabes que soy sensible y toda esa mierda patética —finaliza y desvía la mirada.

—No digas esas cosas —dice Jungkook, con el entrecejo fruncido—. Está bien ponerte triste, digo... Estás en medio de una relación.

—No lo apoyes —alega Taehyung.

—No lo apoyo. Sólo creo que está bien que se ponga triste. De todos modos, merece más que eso y aquello.

Taehyung sonríe en forma de burla por sus palabras. Son siempre así. Entonces, Hoseok se termina contagiando.

—Bien -masculla Jungkook—. A la mierda con ustedes.

—Sólo no digan nada si lloro cuando esté drogado.

Recapacita y toma el porro para ponerlo entre sus labios y encenderlo, dando una calada profunda que aguanta en sus pulmones. Sus amigos hacen lo mismo. En unos minutos la situación es risas sin sentido y burlas sobre el otro. Una y otra vez. Mientras van dando la vuelta entre conversaciones absurdas que parecen tener sentido para ellos y sus neuronas bloqueadas de la cordura.

—Entonces, él sólo vino el otro día y me dijo eso —comenta y suspira mirando hacia el cielo de su sala—. Probablemente en septiembre deba buscar un lugar. O vivir en la calle. O en un albergue con vagabundos que huelen feo.

Las risas acaban siempre que nombra a Jimin. Sus amigos cuestionan acerca de todo y él termina respondiendo todo.

—No puedo creerlo —dice Taehyung con molestia—. Definitivamente creí que todo estaba mal con él, pero no todo-todo. Siempre me sorprendo.

Golpe bajo. Nota la culpa. Entonces, se encoge de hombros, queriendo explicarle que él también.

—¿Y dónde piensas vivir? —pregunta Jungkook.

—Ya lo dije.

Jungkook pestañea lento.

-—Ah, cierto —musita. Se echa de espaldas contra el respaldo del sofá—. Estoy muy ido, pero puedo añadir que detesto a tu novio, Hoseok.

Ex.

—Igual que hace unos meses y el año pasado y... el antepasado —destaca Taehyung.

—Esta vez es definitivo.

—Lo mismo dijist...

—Sí. Ya lo sé, pero ahora es diferente.

—¿Por Don-biblioteca?

—No todo tiene que ver con él. Sólo confíen en mí por una vez, ¿sí?

—¿Y qué de eso? —cuestiona Jungkook—. Tu trabajo, el apartamento, ¿piensas comer aire?

—Eso ya lo hace —comenta Taehyung—. Está como poste.

—Gracias, qué considerado —masculla.

—No-comes, Seok. Es un hecho, no un comentario al azar.

—Que te follen, y es todo.

—Nadie va a follar a nadie —reclama Jungkook—. Estamos en medio de algo importante.

—Sólo dejen que lo resuelva, ¿sí? Si tengo demasiados problemas, se los diré.

—Mi casa siempre será tu casa —menciona Taehyung, echándose contra el respaldo del sofá y apoyando la cabeza en el hombro de Jungkook—. Así que puedes estar tranquilo. Siempre tendrás donde llegar.

—¿No es lindo? —inquiere Jungkook.

Hoseok hace una mueca de asco y cierra los ojos.

Por la mañana aún se encuentra en su sofá. Sus amigos se han despedido hace unas horas, pero él sigue sin poder abrir bien los ojos hasta mediodía. El estómago le ruge de un hambre voraz y quiere llorar, porque no hay nadie que le prepare algo de comer, lo arrulle en su cama y le bese la frente.

Entonces, llora. Llora, porque lo sabe. Porque la realidad viene de golpe y siempre, siempre, siempre lo destruye.

 Porque la realidad viene de golpe y siempre, siempre, siempre lo destruye

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