09. Grávido.

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Seguir las políticas con el corazón

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Seguir las políticas con el corazón

Esto no se ve bien, piensa mordiendo la base inferior de su lápiz. Dibujar no es su mayor habilidad, mucho menos a esta hora de la noche en que un responsable estudiante universitario debería estar descansando para rendir el magnífico examen final de su asignatura favorita, para el cual tuvo dos semanas para estudiar. No estar haciéndolo a última hora, a las dos de la madrugada, mientras cumple su turno en una estación de servicio.

—¿Te parece esto una membrana meníngea? —se cuestiona en un murmullo—. Más bien parece un queso cortado en láminas muy gruesas. Ash, idiota.

Intenta borrar su dibujo por enésima vez, mas termina arrancando la hoja y desechándola. No puede ser como Taehyung. Es mejor que tome su libro y aprenda a ubicar correctamente la duramadre en lugar de dibujarla.

Se lamenta por los pobres animalitos que van a llegar para consulta el siguiente semestre. Las prácticas están tan encima y él sólo es un pequeño humano intentando convertirse en una persona para vivir en sociedad cuando ésta no hace nada por él.

Bufa cual caballo y deja su libro de Fisiología a un costado durante unos minutos. Lleva tres horas con la cabeza metida en esas hojas que huelen a plástico.

Mira la hora otra vez y se acomoda en el asiento con la espalda recta para ver hacia afuera, observando como el primer cliente de la madrugada hace su aparición. Se aclara la garganta para recibirlo y esboza una sonrisa falsa de «atención al cliente» como tanto le pide su amado novio cada noche antes de irse a casa. El cliente en cuestión desciende de su vehículo con el casco puesto y en un par de pasos erráticos abre la puerta. Genial, otro borracho inútil. Ni siquiera sabe de qué se sorprende.

El-borracho-inútil da un par de vueltas por el pequeño local y luego se queda de pie frente a una vitrina de vidrio. Ha caído en cuenta de que lleva el casco puesto, porque ríe bajito y después se lo quita, dejándolo a un costado encima de una vitrina de papas fritas. La expresión agotada de Hoseok se desfigura en sorpresa al encontrarse con los ojos oscuros y afilados del estimado Don-biblioteca a través del vidrio.

—¿Yoongi? —cuestiona—. Digo, buenas noches.

Yoongi lo ve con curiosidad un momento y sonríe. Evidentemente está muy borracho. Sus manos intentan abrir la vitrina de las cervezas y saca una botella de litro y medio, la posa sobre el mostrador con la mayor habilidad y busca algo en su bolsillo.

—Hola —dice Yoongi—. ¿Cuánto es?

Hoseok quiere reír, pero no lo hace. En cierta forma es divertido que Don-biblioteca se encuentre en una estación de servicio haciendo una escena de este tipo justo con él en turno. Pero, al mismo tiempo, cae en cuenta de que Yoongi ha conducido una motocicleta estando borracho a las dos de la madrugada desde quién sabe qué hora y, peor, quiere seguir bebiendo y conduciendo de la misma manera.

Formato Libro 📌 yoonseok.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora