— Olvídate de que existo ¿me oyes, Billy? —di golpe en la puerta desde fuera con rabia y las lágrimas brotaron de mis ojos por la impotencia— ¡Ojalá no te hubiera conocido nunca!
Le quería, de eso estaba segura. Estaba loca por él, pero sus palabras hicieron que me doliera el pecho. Aún así, no estaba dispuesta a sufrir o a derramar más lágrimas por él. El amor no debería doler, no como lo estaba haciendo ahora.
— ¿Bella? —una vocecita me llamó— ¿Estás bien? ¿Mi hermano te ha hecho daño? —Max se acercó por el pasillo corriendo hacia mí examinando con la mirada si tenía alguna herida.
— Estoy bien —me sequé las lágrimas— ¿Dónde estabas? He venido a buscarte y me ha abierto tu hermano. ¿Té habías olvidado de que vendría a buscarte?
— Me he alargado más de la cuenta hablando con Lucas y los demás. Por eso he llegado tarde, perdón. Pero no me había olvidado —se rascó la cabeza y torció la boca—. Cuando he llegado he oído que Billy y tú dabais unos gritos muy raros. He esperado un rato en mi habitación hasta que he escuchado como se abría la puerta y ya te he encontrado en el pasillo gritándole al idiota de Billy.
— Eh... Estábamos discutiendo, por eso los gritos —el calor subió por mis mejillas por la vergüenza. Menos mal que aún era muy joven y tal vez creyera que era por una discusión—. Como siempre, nada nuevo.
— Es un idiota —entornó los ojos—. Eres la única chica que se preocupa y se interesa por él. Y el muy tonto va y te trata mal —bufó y cruzó las manos sobre su pecho—. Yo si fuera tu dejaría de ser su amiga.
— No es tan fácil Max —le pasé la mano por encima del hombro y empezamos a caminar— Eres demasiado joven para entenderlo. Así que mejor dejemos de hablar de tu hermano y vamos a pasar un buen rato de compras. No hay nada mejor que una tarde de chicas para eso —le guiñé el ojo.
— Sí, mejor —sonrió alegre.
Salimos de la casa y nos dirigimos a mi coche. Max se metió primero y, antes de meterme yo también, volví a mirar hacia la puerta de su casa.
Ahí estaba de pie Billy. Fumándose un cigarro y atento a cada movimiento que su hermana y yo hacíamos. Le dirigí una mirada de resentimiento y me metí en el coche antes de ver si eso provocaba alguna reacción en él. Pero no, el muy idiota siguió fumando su cigarro como si nada hubiera pasado.
Arranqué el auto intentando que todo eso no me afectara. Nos dirigimos a una tienda de ropa en la que sabía que vendían todo tipo de vestidos y conjuntos para todas las edades.
La verdad es que me lo pasé muy bien. Nos probamos mil conjuntos con diferentes joyas y tocados, fue muy divertido. Tal vez estuvimos más de una hora en la tienda y creo que los dependientes empezaban a estar molestos con nosotras.
-—Creo que deberíamos decidirnos por un vestido —reí señalándole con la mirada a uno de los dependientes.
— Tal vez sí —rio también Max mientras se quitaba uno de los vestidos que se estaba probando.
Max no era mucho de vestidos, así que finalmente se decidió por unos pantalones rojos y un jersey negro con los puños de las mangas amarillos. En cambio yo sí que me compré un vestido. Tampoco es que yo fuera mucho de vestidos, pero ese día me apetecía llevar uno.
Una vez hubimos terminado con las compras, volví a llevar a Max de nuevo a su casa. La madre me agradeció que fuera tan atenta con ella. También me ofrecí a llevar a la pequeña al baile de invierno ya que total yo iba a estar allí debido a que estaba en la organización, ante lo cual ella aceptó y me lo agradeció.
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Object of my desire | Billy Hargrove (TERMINADA)
Hayran KurguDespués de estar dos años fuera por motivos de trabajo de sus padres, Isabella volvió a Hawkins y recuperó su amistad con los antiguos compañeros de instituto. También había caras nuevas, como la de Billy Hargrove. Nunca había conocido a nadie al qu...
