Tryona, año 395 D.P.
La mañana siguiente todo estaba peor, no sólo porque la noche anterior había nevado, la temperatura había descendido y se habían quedado sin comida, sinó que además sus cuerpos habían perdido del todo la adrenalina y el dolor era casi insoportable. Tryona casi no podía moverse, sentía dolor en todo su cuerpo y su brazo le ardía. El cielo estaba rojo al amanecer pero había algo más algo que la inquietaba de sobremanera, pero no podía dar con el que.
— No logro encontrar a Vanira en ningún lugar — la interceptó preocupada Karum apenas salió al pequeño patio.
— Tranquila, debe estar… — no llegó a terminar la frase que Tokp la interrumpió.
— ¡Oigan! — se la oía algo preocupada — tenemos un problema.
Tryona se acercó a la entrada seguida por Karum y los demás, que desde temprano habían estado alistando las armas y todo para el último intento.
Caminando se acercaba una figura sosteniendo algo, el sol no dejaba ver quien era pero ella creía saberlo, aunque esperaba equivocarse. Cuando estuvo a unos veinte metros vieron que se trataba de Vanira, estaba cubierta de sangre, tenía su hoja de luna en la mano izquierda y en la derecha sostenía dos cabezas cercenadas, a sus espaldas marchaba un ejército, pero algo se veía extraño, más de lo normal.
— ¡¿Qué has hecho?! — gritó Tryona desde lejos pero no hubo respuesta, la muchacha solo lanzó las cabezas con fuerza y rodaron hasta sus pies, a su alrededor se generó un sonido de asombro y ella pudo reconocer la máscara de capitanes de los Maugters.
Vanira soltó el cuchillo y cayo de rodillas al suelo, se reía como si estuviera loca y todos estaban paralizados ante la situación.
Maten Bonpa corrió hasta la muchacha sin que Tryona pudiera detenerlo.
— ¿Vanira? — él se acercó con cuidado — ¿estás bien? — escucho que decía.
No pudo detener lo que sucedió después ni aunque lo hubiese intentado, estaban muy lejos. La muchacha volvió a levantar la hoja del suelo y con una fuerza inhumana hizo un corte, la escena se paralizó durante unos segundos y la cabeza del chico rodo por el suelo y su cuerpo cayo frente a Vanira. Todos se sorprendieron, Karum gritó desconsoladamente y Tokp la sostuvo, la chica frente a ellos seguía riéndose, solo que se levantó y estaba caminando en dirección al grupo.
— Tomen sus armas — les ordenó a todos & ¡rápido! — los apuró y desenfundó su espada — ¡Vanira no hay por qué hacer esto! — le gritó también, cuando estaba a unos diez metros, pero inmediatamente supo que no se frenaría con nada, ya no era la misma que había conocido, sus ojos estaban rojos.
— Ataquen — murmuró la hermana de Karum y, los hasta ahora inmóviles Maugters, se movieron
Lo que Tryona había notado antes, lo que no podía encajar del todo era que estaban muertos, a muchos le faltaban extremidades, algunos se movían sin sus cabezas y todos daban pasos lentos.
La muchacha eliminó la distancia entre ellas con una velocidad difícil de contrarrestar, Tryona habría muerto si Salkira no hubiese frenado la hoja de luna con su espada. Vanira miró con desprecio a la chica y con un rápido giro lanzó la espada lejos, y se enfocó en la más adusta de todo el grupo mientras a su alrededor una extraña batalla contra los muertos se desataba. Ambas intercambiaron miradas frías, ojos rojos como brazas contra ojos negros como la noche, la lucha no duro mucho, la mayor de las Monfequi levanto a su compañera del cuello y le abrió el abdomen con su hoja, un rio de sangre negra broto desde la herida y la boca de Salkira, Vanira la descarto como si no importara nada, todo estaban muy asustados ella lo podía percibir pero no sabía qué hacer.
— ¡Este es el verdadero camino de un nigromante! — gritó Vanira mientras un denso humo rojo envolvía el cuerpo de su compañera muerta y esta se levantaba otra vez.
Sin darle tiempo a reacción la golpeó con el pomo del cuchillo en la sien y Tryona cayó al suelo, atontada, trataba de levantarse pero su cuerpo no respondía y se estaba desesperando, oía el choque de metales pero no podía verlos. Hizo todo lo que estaba en su mano para obtener más energía de la que tenía y poder levantarse, se pudo poner de pie, tambaleándose un poco, pero ya era tarde, los cuerpos de todos sus niños estaban en el suelo y los muertos volvían a estar quietos, sus ojos se llenaron de lágrimas y trataron de encontrar a Vanira.
— ¡¿Por qué?! — le gritaba repetidamente Karum mientras chocaba hojas con su hermana, era la única que aún estaba de pie, Vanira solo se reía.
— La muerte es el camino — respondía todas las veces con un tono vacío.
La muchacha conectó una patada en el pecho de su hermana menor y esta cayó al suelo, desarmada. Estaba a punto de terminarla pero Tryona haciendo un esfuerzo inhumano logro moverse rápido y propinarle un corte en la parte posterior de la pierna derecha, Vanira gritó y se movió hacia atrás, ella estaba tratando de pensar pero no lograba una alternativa, no estaba físicamente en las condiciones para luchar mano a mano y tampoco podía ver bien por el golpe que le había dado. Bloqueó un par de tajos, pero a medida de que iban pasando los minutos más cortes y tajadas aparecían en su cuerpo, Vanira se había convertido en una maquina imparable, con un golpe mando a volar su espada y quedó contra la pared, ante la mujer de ojos rojos.
Esquivó un golpe que chocó contra la pared e hizó lo único que se ocurrió le dio un puñetazo en el abdomen, Vanira se encorvo escupiendo y soltó su arma, aprovechando la oportunidad Tryona le dió una patada en la cara pero perdió el equilibrio y también cayó, como estaba cerca de la pared cayó sobre un escombro y se retorció del dolor, cosa que la otra nigromante no parecía sentir ya que estaba otra vez parada, mirándola sin emoción alguna, ella estaba impotente en el suelo, ya no tenía opciones.
Por alguna clase de ayuda divina miles de luciérnagas brillando en lila comenzaron a chocar contra el cuerpo de su atacante y la distrajeron.
— Bentaro… — susurró mientras giraba la cabeza, vió al niño en el suelo con un círculo dibujado a su lado, con su propia sangre.
Oyó un grito ahogado y volvió su cabeza hacia Vanira una espada empapada de negro sobresalía de su pecho y un pequeño hilo bajaba desde su boca, la muchacha escupió más sangre y cayó al suelo. Detrás del cuerpo estaba Karum, con la espada en la mano y un corte en el abdomen, respirando con dificultad y llorando, había tenido que matar a su propia hermana.
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Blackcrown - Sangre y Sombras
FantasySu curiosidad la ha llevado al limite, ahora debe partir hacia su castigo, se enfrentara a desafíos que pondrían de rodillas a cualquiera y terminara destapando algo peor de lo que se podría imaginar. ¿tienes la fuerza para conocerla? ¿tendrá ella l...
