Capitulo 21

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Estaba allí apoyada contra la pared y se quedó así durante mucho tiempo, casi dándose por muerta, su corta vida sólo duraría diecisiete años. No te rindas, sonó la voz de su amiga en su cabeza, tiene razón, pensó, no puedo rendirme. Pasando su momento de abandono comenzó a ver luces en todos lados. Ella no sabía si estaba alucinando o que ocurría, pero ya era la tercera vez que las veía. La primera vez fue durante el experimento, la segunda hace unas... realmente no sabía cuánto tiempo había pasado desde ese viaje a no sabía dónde. Eran pequeñas formas violetas que se movían a su alrededor y se dirigían a la puerta, sintió el impulso de seguirlas y con dificultas se vistió, la tela quemaba sobre su piel y le dolía, la rodillera fue todo un desafío, si bien había visto cómo se colocaba era difícil, batalló durante unos diez minutos para colocársela bien e intentó pararse, la primera vez no salió bien y cayó otra vez al suelo, pero usando su mesa de noche de apoyo logró hacerlo, aunque de manera un poco inestable. Dió el primer paso bien pero al segundo trastabillo y volvió a caer, le faltaba fuerza y eso la enojaba, dió un golpe al piso y lo intentó otra vez, logró llegar a la puerta con mucho esfuerzo y la abrió, las luces seguían ahí, girando sobre si mismas como una esfera frente a la entrada de la habitación, la forma se desarmo y fueron formando un rastro hacia su derecha, un rastro que siguió con mucha dificultad y apoyándose en la pared.

Después de unos minutos, salió del estadio, el sol brillaba en el cielo, pero aun no llegaba a su cenit, todavía era de mañana, aunque cerca del mediodía. A las luces no parecía afectarles el sol, seguían brillando con la misma intensidad y todavía formaban un camino hacia el oeste, sin un punto de apoyo le costó poder caminar y no caerse pero lo logró, las luces desaparecieron al llegar a ese lugar. El lugar donde las habían atacado, donde había estado con Tiri hace algunos días, ¿porque siempre aquí?, se preguntó. Estaba pensando que solo había sido una alucinación, allí no había nada ni nadie, ni siquiera los braceros estaban encendidos. Eso la puso en alerta instantáneamente, solo porque no confiaba, no estaba ni física ni mentalmente preparada para que trataran de matarla por segunda vez.

— No esperaba que vinieras — habló una mujer en algún lugar, no podía verla — no estaba segura de que pudieras verlas — ella giraba su cabeza hacia todas direcciones buscándola pero no lograba encontrarla.

— ¿Dónde estás? — su voz todavía sonaba débil.

— En todos lados y en ninguno — rió la mujer, ya le estaba molestando.

— Muéstrate — trató de hablar más fuerte pero su voz no quería responderle, al igual que su cuerpo.

— Qué aburrida — una figura encapuchada roja se materializo apoyada en un árbol cercano y ese rojo carmesí inmediatamente le recordó a lo que había visto y se llevó la mano al cuello.

— ¿Quién eres? — la inquirió con el tono más amenazador que consiguió, pero ella podía sentir el miedo en su voz.

— Poco importa — respondió con poca gana la mujer mirándose las uñas — ¿te gustó la lectura? — no sabía a qué se refería — ese libro fue difícil de conseguir sabes, pero creo que fue algo bueno dártelo — ¿se refería al libro negro? ¿fue ella quien lo había puesto en su banco hace ya algunos meses?

— ¿Quién eres? — volvió a preguntar Derily y la mujer hizo un ruido de asco.

— Que insistente — se disolvió en humo rojo y apareció frente a ella, Derily se asustó y cayo de espalda al suelo — te afecto más de lo que pensaba — la mujer se echó hacia atrás la capucha descubriéndose la cara.

Tenía el pelo negro corto un poco más arriba que los hombros, su piel era blanca como la porcelana pero tenía una cicatriz rojiza que iba desde la sien izquierda hasta su barbilla, pero lo que más causo impresión en Derily fueron sus ojos rojos, refulgían como brazas en una fragua.

— ¿Te gusta lo que ves? — pasó una de sus uñas negras por su cicatriz — me la hizo hace años una como las que tienes en el brazo — ¿ella lo sabía?, se agachó y tomó sus cara con una mano — que aburrida eres, ni siquiera hablas.

— ¿Tú enviaste a los hombres que me atacaron? — quería saberlo, lo necesitaba.

— No, pero yo fui quien te salvó — la mujer soltó una carcajada — a medias.

— Los perros eran tuyos — recordó los ladridos y los gritos.

— Algo así — soltó su cara y con un dedo recorrió todo desde su mejilla hasta un punto en su abdomen y apretó fuerte, Derily soltó un grito ahogado — ¿te duele? — preguntó burlándose, pero no de una forma que le importara — no sé qué vió Tryona en ti — eso la choco, ¿qué relación tenia aquella mujer de ojos rojos con la máscara del torreón negro? Y más importante, ¿Qué papel jugaba ella en todo esto?

— ¿Qué quieres de mí? — trató de sentarse pero la mujer la pateó en el pecho y se quedó sin respirar por el golpe.

— No es lo que quiero — su tono se había vuelto menos bromista — es lo que harás por nosotros.

— No hare nada por nadie — consiguió balbucear mientras tocia.

— No es necesario — la mujer pegó su cara a la de Derily — ¿cómo se daña a alguien que no tiene nada? — preguntó susurrando y ella sintió como tocaba su lóbulo con la lengua, la desconocida se alejó — lastimando a la única cosa con la que ha tenido relación en las últimas dos décadas, tú — trató de sacar su hoja pero su brazo se acalambro con electricidad y soltó un grito — ow, que tierna — la mujer volvió a reír — tratas de luchar — le piso la muñeca y Derily soltó un alarido — sería divertido matarte ahora, pero eso no me serviría — entre el dolor, pudo reconocer que su voz sonó muy familiar al decir esa frase — quiero que Tryona sufra — aplico más presión en su antebrazo pero su voz ya no salió y eso alerto a la desconocida — oye, no te mueras — le dio una bofetada — que débil — dejó de pisarla ± ni siquiera te he torturado apropiadamente, no es divertido — sonaba frustrada.

— Ya debemos irnos — sonó otra voz, esta vez era la de un hombre.

— ¿Ya? — al parecer a la mujer no le gustaba la idea — demonios — apoyó su nariz en la de ella y sus ojos rojos se clavaron en los suyos — sólo dile a tu querida mascara que va a sufrir y mucho, nunca olvide lo que hizo aquel día — hecha la amenaza se disolvió en humo rojo — sufrirá... — sonó un último susurro en el viento.

Se quedó allí tirada en suelo, respiraba con dificultad, su brazo dolía, su cara también y estaba llorando. El aire era frio el cielo despejado se había nublado al igual que su vida. Escuchó un grito a lo lejos y alguien se acercó.

— Oye — habló una voz masculina — ¿estás bien? — la ayudó a levantarse, era Kutk, hace días que no lo veía.

— Si — mintió — solo me he caído — tosió — necesitaba respirar pero no tuve fuerzas para mantenerme de pie.

— Escuche lo que te pasó — la ayudó a pararse y la cargó en sus brazos - lo lamento.

— No te preocupes — tosió otra vez — es difícil matarme — era un afirmación no del todo cierta, pero era un desafío a aquella mujer misteriosa, que estaba segura, seguía por ahí escuchándola.

La llevó cargando hasta la arena y una imagen se repitió, allí estaban Karum y el señor Giot esperando otra vez en la puerta, sólo que esta vez estaba Tiri también. Su amiga corrió hasta ellos apenas la vio y la golpeó despacio repetidas veces.

— ¡¿Quieres darme un infarto?! — le gritó — ¡¿dónde estabas?! — estaba prácticamente llorando.

— Tranquila — intentó ser suave con su amiga — fui a dar un paseo pero calculé mal la fuerza que tenía — trató de reír pero solo consiguió toser más.

— Llévala adentro por favor — le dijo Tiri al muchacho — y gracias por traerla — le dió un beso en la frente y le susurró — tu y yo hablaremos luego, sé que escondes algo — Derily sonrió. No esperaba menos de su amiga.

Los instructores ya no la regañaron sólo sonaban preocupados, pero cuando ella les contó su historia algo modificada, de que había decidido salir porque necesitaba despejarse pero se había caído y después había llegado Kutk se relajaron un poco, pero cómo precaución Karum le ato la mano a la cama, al señor Giot le pareció algo excesivo pero no dijo nada en contra.

Blackcrown - Sangre y SombrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora