A causa de la acción más ofensiva, que para 𝗜𝗺 𝗕𝗼𝗿𝗮 resultó siendo graciosa, solo fue la fuente para qué la intriga, y el deseo de pecar, se apoderara de ella.
Ni mucho menos para la pobre víctima, el famoso boxeador 𝗝𝗲𝗼𝗻 𝗝𝘂𝗻𝗴𝗸𝗼𝗼𝗸...
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Im Bora
Después de esperar por unos minutos, miré como la señorita Choi, -quién me pidió que fuera del trabajo le llamara Sooyoung-, regresaba de su habitación, después de arreglarse un poco.
Necesitaba decirme un par de cosas, y entregar unos papeles del trabajo, así que vine a visitarla a su hogar. Era muy linda, tenía un gran jardín lleno de plantas. Según me comentó en la entrada, una vez al mes, una persona viene a plantar más, así que ella se dedica a cuidarlas y darles amor.
Verla con su barriga me parecía tan tierno. Se sentó enfrente de mí, subiendo sus piernas también y doblándolas. Acomodó las almohadas y me miró exhausta por todo aquel movimiento.
—¿Estás cómoda?
Sonrío divertida.
—Sí cariño.
Antes creía que vivía con alguien, pero al parecer no es así. Su hogar es tan limpio, los colores tan cálidos, olor a canela, todo tan caluroso, me hacía sentir en un verdadero hogar.
La mañana pasó así, nosotras hablando un poco –ella más–, sobre como la empresa ha funcionado en estos años, la manera en la que nuevos socios se incorporan cada vez más, los ingresos, los proveedores, los boxeadores al mando y las sedes.
Mencionó puntos importantes, sobre las reglas que debo seguir, así que leyó el contrato en voz alta, completo, para que comprendiera todo. Aclaró el hecho de que si necesitaba algo, en cualquier momento no dudara en llamar, o si el señor Jeon me sacaba de mis casillas.
Hablando sobre él, dijo que llevaba 7 años trabajando en la empresa de él.
Como sus hijos crecían, verlo con diferentes mujeres cada trimestre, sus enfados, sus alegrías, etc. Que era un buen jefe y demás, de eso no dudaba nada, pero nadie quitaba que se estaba comportando de manera acosadora conmigo, y el hecho de enterarme de que es el jefe también de una mafia, si podría llamarlo así.
—¿Quieres algo para comer? Es que yo ya tengo hambre.
Cuándo llegué, escuché lo mismo. Sonreí, poniéndome de pie al mismo tiempo que ella. La acompañé a su cocina, y me coloqué detrás de su mostrador, para ver todo lo que hacía.
—Lamento ser entrometida, pero ¿no has pensado trabajar en otro sitio?
Cerró el refrigerador con la ayuda de su cadera, por qué tenía sus manos llenas. Vino hacia mí, dejando una bolsa de pan en el mostrador y Nutella.
—Me paga muy bien, así que no me quejo. Podría decir que el primer año fue tan agotador, horrible. A penas tenía 25 años, no puedo comparar a tu situación que apenas tienes 19, pero yo apenas salí de una gran carrera y mi primer empleo fue, ser secretaria.
—Entiendo.
La seguí con la mirada. Cortó el pan, y con la ayuda de un cuchillo, colocó el chocolate en el pan.