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Pude ver en sus ojos la vergüenza.

Vi cómo se culpaba a si mismo por no poseer el dinero suficiente.

Imaginé a su niño interior retorciéndose, preguntándose una y otra vez porqué no tuvo las mismas oportunidades que los demás. Y me partió a la mitad lo que me quedaba de corazón.

Esquivó mis ojos porque siempre ha sido incapaz de decirme que no.
Que no puede.
Que es imposible.

Pero lo es.
Y lo entiendo.

Lo vi.
Finalmente vi al niño temeroso que es mí padre, corriendo a esconderse porque ha sido herido.

Su piel seca y quemada por el sol.
Su pelo con canas.
Sus uñas amarillas.
Su contextura delgada.
Su semblante triste y a la vez asustadizo.

Él no tiene la fuerza para negarme algo.
Porque ya mucho se le ha sido negado a él.

No me dolió tanto perder la oportunidad por falta de dinero.
La sensación de ver a mí padre desarmado, inquieto y casi sofocado por no poder hacerme feliz...ha sido el peor sentimiento que he experimentado hasta ahora.

Te prometo que cuando logre algo importante, te llevaré conmigo a todas partes y serás tan feliz como tú deseas que yo lo sea.

Mujer HuracánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora