Capítulo 19: Paz

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Narra Galia: 

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Narra Galia: 

Pasamos por la vida dando por hecho lo que tenemos, nos acostumbramos a lo que nos rodea, y también a quienes lo hacen. Por eso mismo la pérdida duele tanto, te das cuenta de todas las cosas que nunca dijiste por pensar que verías a la persona al día siguiente, y también ves cómo una parte de ti, la que se construye fruto de la relación con esa persona, se rompe. 

Perder a Rosa fue sin duda lo más doloroso que he tenido que pasar en mi vida. Aun me despierto pensando que estará en la cocina preparando los desayunos, cuando llego del instituto pienso que voy a recibir uno de sus acogedores abrazos y parece que vuelvo a perderla cada vez que espero algo que no pasa, y que sé que ya nunca volverá a suceder. 

Rosa pasaba la mayor parte de su día trabajando para nosotros, prácticamente, vivió para nuestra familia, y en todos esos años jamás se me ocurrió preguntarle a ella cuales eran sus sueños, qué le gustaría hacer o a dónde le gustaría viajar. No supe quererla cómo se merecía pese a que ella siempre estaba entregada a mi como una madre, y me culpaba de no haber hecho grandes cosas por ella, porque sin duda se merecía todo. 

Me odiaba a mí misma por haber permitido que la mujer mayor trabajase tanto, en mi afán por estar junto a ella impedí que tuviese tiempo de cumplir su propia lista de sueños, sueños por los que jamás le pregunté. Asumir esto me destruía, por eso, encontré la manera de esquivarlo por medio de culpar a Ivy de que justamente hubiese venido esa noche. 

Cuando no quieres asumir la responsabilidad que tienes es más sencillo culpar a otro, y eso era exactamente lo que estaba haciendo. Además, a su vez existía el miedo, el temor de que ella también se marchase de mi vida. Por lo que, alejarme de ella se convirtió en mi forma de salvaguardarme del dolor, tanto por la vulnerabilidad que sentiría si ella un día ya no estuviese a mi lado, como por la externalización de la culpa a otra persona como método de hacer más liviana la mía. 

Me había acostumbrado a despertarme con sus mensajes de buenos días, por eso me sorprendió que aquel viernes se retrasase en el envío. Cuando llegué a clase, tampoco estaba en su sitio, pese a lo puntual que solía ser ella, preocupada ni pude concentrarme en las explicaciones de la profesora, e incluso me planteé dejarle un mensaje preguntándole que si estaba bien. 

De pronto la puerta se abrió revelando su pequeña figura, no parecía encontrarse nada bien, y el intento por cubrir su ojeras no resultaba ser demasiado efectivo. La vi caminar hasta su silla sin dar ninguna explicación pese a la confusión de la profesora, sin embargo, ella también notaría que la rubia no se encontraba bien, por lo que continuó con la clase sin decir nada. Fingí ignorarla, pese a que tenía mi vista puesta en ella a través del reflejo de la ventana, por eso, cuando vi su cuerpo deslizarse de la silla no tardé ni un segundo en tomarla entre mis brazos para que no se golpeara con el suelo. 

¿Qué te sucede?, me pregunté. 

Sentir el contacto de su piel entre mis manos después de estas semanas, tenerla entre mis brazos, y el instinto de protección que me nació hizo que una cantidad de sensaciones se arremolinaran en mi pecho. La había echado de menos y estaba siendo una estúpida por apartarla de mí. 

Sosteniendo tu miradaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora