Galia Saralegui se vio obligada a asistir a una escuela en la que claramente no encajaba.
Se había resignado a que la ignoraran, por eso le sorprendió que aquella bonita niña le hablara.
Pronto, se dieron cuenta de que a pesar de que aparentemente...
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Narra Ivy:
Con el transcurso de las semanas, Galia y yo nos volvimos buenas amigas de Clara. Al principio, la pelinegra estaba un poco protectora por como me trató, pero acabaron descubriendo una gran amistad. Compartían bastantes gustos, desarrollaron bromas internas, y ya se volvió frecuente que nos acompañara a la librería de mi abuela. Ella se cambió al instituto público de la zona, y se la veía bastante feliz allí.
Por otro lado, mi relación con Galia iba bien, pero teníamos pocos avances. El tener que disimular en el instituto, y el que temiera hacerme sentir incómoda después de lo sucedido hacía que cualquier intento que yo realizara para ir un poco más allá con ella, la pelinegra encontrara alguna oportunidad para darme besos tiernos en la mejilla y detenerme.
También estaba mi madre, había intentado hablar con ella en repetidas ocasiones, pero parecía no querer escucharme, buscando cualquier excusa para pasar el mínimo tiempo posible conmigo a solas. No era tonta y seguro se habría dado cuenta de que tenía algo con Lia, pero estaba claro que hacía lo imposible por no saberlo, aun cuando yo estaba preparada para contárselo.
Aquella mañana de sábado había quedado con Reyes y con Clara, íbamos a ir de compras. Bueno, en realidad, Clara iba un poco arrastrada por nosotras, no queríamos que pasara mucho tiempo sola en casa.Desde que coincidieron ambas en el otro instituto, al parecer, se volvieron buenas amigas, e incluso nos presentaron a gente de allí que nos cayeron bastante bien.
Terminé de atarme las converse para salir y el ensordecedor sonido del volante del coche de Reyes hizo que saliera a la puerta haciéndome la enfadada por meterme prisa.
- ¿Listas para nuestro día de compras?- Preguntó mirándonos a Clara y a mí.
La respuesta de la morena fue subir el volumen de la música y mientras sonaba en la radio una canción de Karol G, las tres cantábamos en coro con una sonrisa en nuestro rostro. Hay instantes en los que una se siente feliz, y esos los atesora en su interior para siempre. Ese era uno de esos momentos que nunca pensé que viviría, estar relajada con amigas reales, yendo en un coche a pasar un día de compras, con el sol dándonos en el rostro, y coreando letras de canciones mientras nos reíamos de tonterías.
Esa escena parecía sacada de una de esas películas de entretenimiento con finales felices, sin embargo, esta ahora era mi vida, y nunca había sido tan feliz, tan libre, tan yo.
- ¿Por dónde empezamos?- Preguntó Reyes al llegar al centro comercial. - Ay cielos, ¿habéis visto esos botines? Cómo me puede el consumismo. - se quejó y entró directamente a probárselos.
Clara y yo la acompañamos entre risas, y aunque se los puso, al ver el precio tuvo que dejarlos de nuevo en el escaparate.
- Y por eso mismo hay que buscarse una sugar.- explicó con dramatismo. - Aunque bueno, aquí la rubia puso bien el ojo, desde luego tu chica sí que tiene dinero. - sonreí pensando en como sonaba lo de mi chica y acompañamos a Clara a probarse un par de pantalones que le gustaron.