Galia Saralegui se vio obligada a asistir a una escuela en la que claramente no encajaba.
Se había resignado a que la ignoraran, por eso le sorprendió que aquella bonita niña le hablara.
Pronto, se dieron cuenta de que a pesar de que aparentemente...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
5 años después desde la noche en el barco
Narra Ivy:
Todos somos creadores, nos pasamos día fabricando ideas, montando historias o construyendo alternativas con nuestras propias decisiones.
Mientras veo el pincel de la pelinegra trazando sobre el lienzo, me doy cuenta de que la relación de una artista con su cuadro es la misma que la nuestra con la vida.
Una sólo puede plasmar lo que su propia mente estructura, no se puede dibujar la nada mientras ésta no tenga una forma existente que cobre sentido en nuestra propia cabeza. Esto es una similitud con cómo delineamos nuestro propio mundo, siendo los autores directos de éste. Por eso mismo, el conocimiento es el que acaba delimitándonos, mi mundo era reducido hasta que me encontré con Galia, hasta entonces yo sólo podía saber que no encajaba con los patrones que advertía, pero no fue hasta que las fronteras de mi mundo se expandieron cuando pude autodefinirme cómo verdaderamente me sentía.
Nuestros mundos no son algo etéreo ni incalculable, sino que se ven reducido por aquello cuanto sabemos, podemos amplificarlo, e incluso volverlo más pequeño si nos negamos a ver una parte del mismo, pero no podemos vivir en algo que ni siquiera hemos conceptualizado como posible.
Es irónico como el mayor límite de un artista es su propio lienzo, porque no puede contener más allá de lo que él mismo le permita en el espacio existente. La manera de ver lo que nos rodea provoca ese mismo efecto en nosotros, causando que las mismas circunstancias sean aprehendidas de forma diferente por cada persona en función de los propios delineados de su mundo fronterizo. Somos creadores de nuestras vidas, pero también nos vemos frenados por ésta. Nos creemos libres, y es la propia libertad la que nos frena por el simple hecho de no ser capaces de vencer los términos de corporeidad sobre lo que hasta el mundo platónico de las ideas se estructura.
Yo viví durante años en una pequeña habitación de la que sentía no tener escapatoria, las paredes me axfisiaban mientras las sentía reducirse, y fue ella, la pelinegra que un día llegó al instituto con su característica seguridad y rebeldía, la que hizo que las paredes se derribaran mostrándome todo un mundo de praderas en el que ya no podía distinguir las fronteras. Y es que la vida trata precisamente de eso, debemos asumir que sólo podremos habitar en una parte, lo que implica que otros al estar en otra distinta puedan no ver las cosas de la misma forma que nosotros, pero lo principal es que aquello de lo que somos parte lo sintamos lo suficientemente amplio como para no necesitar seguir expandiéndonos de forma desesperada.
- ¿Ya te has despertado?- Escuché la voz de Lia mientras se giraba dejándome ver su linda sonrisa.
- No puedo seguir dormida sabiendo qué día es hoy.- Confesé entusiasmada.
- Todo va a salir perfecto, ya verás.- Trató de calmarme dejando un beso en mi frente.- lo importante somos tú y yo, es nuestro día, así que al resto que les den.- Habló divertida, sabía que me pasaba demasiado tiempo preocupándome por los demás y aquél día era para centrarme sólo en nosotras.
- ¿Se puede saber qué hacéis?- Escuché la voz de Reyes a nuestras espaldas.- ¿Es que no sabéis lo de que da mala suerte ver a la novia antes de la boda?
- Pero estamos en pijama.- Respondí ante su reproche.
- Lo cual es un problema, tenemos solo cuatro horas para prepararte.- Contestó tirando de mi.- Cariño, tú te encargas de la cabra loca.- Dijo a Clara.
Las siguientes horas estuve alistándome para la boda, y por cada minuto mis nervios parecían ir en aumento.
- Nunca creí vivir para ver este momento.- Dramatizó mi amiga.- os habéis demorado lo vuestro, a este paso jamás me haréis tía.
- Ya tienes muchos sobrinos.
- Si con sobrinos te refieres a los tres gatos que tenéis me vas a deprimir de por vida, a ellos no puedo educarles en gusto musical.
- Claro que puedes, lo único que no te enfades si huyen mientras cantas.-Conseguí molestarla. - un bebé llora, creo que eso sería peor.
- Definitivamente.- Me concedió.
La llegada a la puerta del juzgado se me hizo eterna, me moría por ver a mí chica en el altar. Lo que nunca esperé es que cuando al fin llegó ese momento, me quedé petrificada en el sitio sin ser capaz de moverme. Mi madre fue la que tuvo que tirar de mí para conseguirme hacer andar de nuevo.
La pelinegra llevaba un vestido blanco que dejaba sus preciosos tatuajes a la vista, era de encaje y a contraposición del mío no arrastraba tras ella la larga cola del vestido. Yo iba con uno de seda de corte de sirena, en la zona del final de las clavículas se cerraba en forma de pico, no dejaba mucho al descubierto pero sí que se me ajustaba perfectamente a cada una de mis curvas.
Ambas estábamos absolutamente perdidas en la otra mientras repetíamos los votos, jamás me imaginé que ese momento llegaría, pero ahí estábamos, después de todo lo vivido, uniéndonos a la otra simbólicamente mediante la última promesa de amor existente en el mundo que ambas conocíamos.
Y ahí, haciendo testigos de nuestro amor a todos nuestros seres queridos como mi madre, Clara y Reyes, mis chicos de la banda, Iria y Ann, más personas a las que habíamos conocido en nuestros caminos, e incluso estaba segura que tanto Rosa como el Señor Saralegui en cierta manera estarían allí, expresé la manera en la que cada minuto de mi vida tendría sentido mientras pudiera tener la oportunidad de seguir sosteniendo su mirada.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.