Galia Saralegui se vio obligada a asistir a una escuela en la que claramente no encajaba.
Se había resignado a que la ignoraran, por eso le sorprendió que aquella bonita niña le hablara.
Pronto, se dieron cuenta de que a pesar de que aparentemente...
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Narra Galia Saralegui:
La mañana siguiente al beso, quedé a la expectación de lo que pasaría. Pensé en que igual optaría por ignorarme, sin embargo siguió actuando como si nada hubiese pasado.
Alguna vez me planteé si preguntar o hacer alguna referencia al tema, pero temía que eso estropease nuestra amistad. Por lo que, las semanas siguientes seguimos actuando con naturalidad, como las amigas que éramos.
Salimos un par de veces más juntas de fiesta, aunque esas veces no hubo nada destacable a parte de que ella nunca me dejó sola para irse con nadie.
- Lo siento, pero no te lo voy a dar. - escuché la voz de la rubia al entrar en el laboratorio. - he llegado primera a por él y mi compañera y yo lo necesitamos tanto como tú para nuestro proyecto. - Una sonrisa involuntaria se escapó de mis labios, me encantaba ver como al fin se imponía en determinadas ocasiones, y en cierta manera me parecía e incluso más atractiva cuando lo hacía.
- Vosotras vais más avanzadas. - Le respondió la profesora a la rubia.
- Porque dedicamos tiempo por las tardes para hacer el proyecto, no es responsabilidad mía que ella no lo haga.- Damn, esa es mi chica pensé acercándome a ellas.
- Creo recordar que usted misma dijo que en los recreos se podía venir para hacer uso del material, así que si mi compañera llegó antes no seremos nosotras quienes tengamos que perder más tiempo. - Declaré con rotundidad, ganándome una mirada asesina de parte de Lucía.
- Espero que pienses bien lo que estás haciendo Ivy y te confieses luego de egoísmo. - Contestó la profesora, quien se fue con Lucía y su compañera para ayudarles en su proyecto.
- Será imbécil. - susurré para que solo la rubia me escuchara, a lo que ella simplemente me sonrió tomando mi mano.
- Ey cariño, estoy bien. - Ese cariño hizo que algo en mi se cayera y se regenerara otra vez, poniendo todo a mi alrededor a dar vueltas.
- ¿Cariño?- pregunté aun sin recuperarme por cómo me había llamado.
- Eh yo, perdón. Supongo que simplemente me salió.- respondió sin más.- ¿Me ayudas diciéndome los compuestos?
Así fue como me convertí más un ente disperso que una ayuda en el trabajo, de hecho, sin darme cuenta, le derramé un líquido morado en la camisa blanca del uniforme. Por suerte el líquido no era ningún reactivo peligroso.
- Mierda, lo siento. - Hablé apresuradamente tratando de secarlo con un papel.
- Lia, tranquila. Así solo me estás abriendo la camisa. - comentó divertida, y me di cuenta que en mi afán por secarla estaba literalmente poniendo las manos en su pecho, abriendo la blusa por el movimiento los botones.
- Perdón.- Respondí avergonzada.
- Vamos. - Habló ella dirigiéndonos a ambas directamente a los baños. - Ten, échale agua caliente. - Comentó pasándome su camisa.