Galia Saralegui se vio obligada a asistir a una escuela en la que claramente no encajaba.
Se había resignado a que la ignoraran, por eso le sorprendió que aquella bonita niña le hablara.
Pronto, se dieron cuenta de que a pesar de que aparentemente...
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Narra Ivy:
Cuando mi novia y yo decidimos tener una noche de pasión en su casa no pensamos en lo que podría venirse a la mañana siguiente.
Todo estaba perfectamente planeado, Galia metería las sábanas en la lavadora mientras yo iría a prepararnos el desayuno.
La sorpresa fue cuando el Señor Saralegui nos vio saliendo de la habitación de la más alta. Yo llevaba un moño deshecho y su camiseta puesta, así que lo de fingir que acababa de llegar no era una opción.
- Pon a lavar eso, vestiros en condiciones y bajáis al comedor.- Nos ordenó, desde luego esta gente si que sabía como intimidar. Miré a Galia con cara de pena, mientras podía notar mis piernas temblar entre el nerviosismo y la poca agilidad que tenía esa mañana para caminar con normalidad.
- Tranquila, mi padre intimida pero siempre es mejor él que mi señora madre. - Explicó como si eso debiera de calmarme.
Tomé una ducha, me arregle tomando uno de sus vaqueros y una camiseta blanca ancha de manga corta. Cuando bajé a la cocina, noté los dos pares de ojos de la familia Saralegui sobre mi, y pude ver que ambas miradas eran igual de intensas aunque con diferentes matices. Galia me miraba con una sonrisa analizando como me quedaba su ropa, y su padre esperaba que le diese alguna milagrosa explicación de que en realidad no pasó lo que claramente si que sucedió anoche.
- Entonces... Vosotras.- Empezó a decir el señor mientras nos miraba a ambas con atención.
- Papá, somos mayorcitas, no nos tienes que dar la charla sobre el sexo y no te vamos a dar nietos, puedes estar tranquilo. - Explicó la más alta, la miré en forma de reproche mientras mis mejillas ardían adquiriendo una tonalidad rojiza.
- Lo que quería saber es si realmente te has echado una novia estable. - Dijo mi padre con firmeza, sorprendiéndonos a ambas.- Tu madre se equivocó pensando que llevándote allí podrían dejar de gustarte las mujeres, yo solo quería que maduraras, que te volvieras una chica responsable de una vez y que sacaras buenas notas. No te voy a mentir, me sorprendes Ivy, jamás pensé que tú... -hizo una pequeña pausa y volvió a mirarnos.- Se suponía que ibas a ser una buena influencia para nuestra hija, y hasta ahora lo has sido, solo espero que lo sigas siendo aunque ahora seáis novias.- Expresó.
- ¿Sabes papá? Creo que así es como puedes cargarte mi primera relación seria.- Dijo Galia rodando los ojos.- La estás asustando.
- En ese caso, esta noche haremos una cena formal. Así te podrás presentar oficialmente como novia de mi hija y yo podré darte mi cordialidad.- Desde luego, si que hacían cosas raras en esa casa. Lo que tiene el dinero, supongo. Lo de una cena formal me parecía una enorme tontería habiendo pasado en esa casa casi más horas que en la mía, y habiéndome visto él prácticamente más que mi madre.
Tras esa incómoda conversación, el Señor Saralegui se marchó y Galia me miró con diversión.