Galia Saralegui se vio obligada a asistir a una escuela en la que claramente no encajaba.
Se había resignado a que la ignoraran, por eso le sorprendió que aquella bonita niña le hablara.
Pronto, se dieron cuenta de que a pesar de que aparentemente...
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Narra Ivy:
¿Sabes ese momento en el que sabes que una acción tuya va a tener consecuencias en alguien que quieres y ya no puedes hacer nada para remediarlo?
Esa noche las horas pasaron más rápido de lo que esperaba, el dolor constante en el pecho y el miedo parecían ir creciendo por segundo, mientras mi mente recreaba todas los escenarios posibles que podrían suceder al día siguiente. Una pequeña parte ilusa de mi se aferraba a la esperanza de que igual las cosas no sucederían de forma tan drástica, y en cierto modo, hasta me sentía en cierto modo liberada de ya no tener que ocultarme.
Mi llegada al instituto fue acompañada de un camino de susurros, miradas, e incluso algunos insultos. Se había corrido la voz y sabía que ahora me había convertido en el chisme de la escuela.
Hay momentos de tu vida que tu mente busca bloquear como mecanismo de protección, los recuerdos quedan difuminados y se mezcla toda la información como en una nube blanca que empaña aquello que menos quieres ver. Aquél día fue uno de esos, había aprendido a crearme un personaje para sobrevivir allí, y ahora esa máscara que había acabado siendo una buena parte de mí se estaba enfrentando a su mayor pesadilla.
La mano de Galia sosteniendo la mía, sus dedos acariciando el dorso de mi mano y su mirada dándome a entender que estaba conmigo hizo que el precipicio en el que me sentía se detuviese, se convirtió en una cuerda a mitad de camino en la que pude aferrarme.
La profesora entró cerrando la puerta, puso orden y la clase comenzó, pese a estar notando los ojos de todas sobre mí. Ese fue mi mayor momento de main character en mi vida, y a la vez una de las peores experiencias vividas. Pero todo podía empeorar, y efectivamente así lo hizo cuando entró la directora.
- Señorita Martínez, acompáñeme. - Galia se puso de pie con la intención de venir con nosotras, sin embargo, la profesora y la directora le dijeron que se sentara.
- Está bien.- Dije insistiéndole en qué se quedara, sabía que quería protegerme pero eso era algo que tenía que enfrentar yo.
Al entrar en el despacho, la directora invitó a que me sentara.
- Has conseguido que expulsemos a tu madre.
Esa frase hizo que el personaje de niña perfecta que me había tenido que montar se muriera. Y una parte más oscura de mí estaba disfrutando por tener la oportunidad al fin de salir. Tenía frente a mí a la persona que poco a poco había ido asfixiándome por medio de sus manipulaciones, sus chantajes y sus redes que parecían haberse extendido hasta cada rincón de mi vida. Consiguió que me perdiera a mi misma, habiéndome incluso convertido en mi propia verduga, perdí muchas etapas y cosas de mi vida por su culpa, pero también me volvió una experta averiguando formas sutiles de apagarme, y tenía pensado ponerlos en práctica por primera vez en alguien distinta de mi.
- ¿No piensas decir nada?- Preguntó analizándome con confusión por mi no reacción. - Has puesto la reputación de esta escuela en entredicho. Se suponía que la Señorita Saralegui encontraría el camino correcto en esta institución, confié en ti para que lo hicieras.