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Capítulo 22: Estallido

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Narra Ivy:

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Narra Ivy:

¿Sabes ese momento en el que sabes que una acción tuya va a tener consecuencias en alguien que quieres y ya no puedes hacer nada para remediarlo?

Esa noche las horas pasaron más rápido de lo que esperaba, el dolor constante en el pecho y el miedo parecían ir creciendo por segundo, mientras mi mente recreaba todas los escenarios posibles que podrían suceder al día siguiente. Una pequeña parte ilusa de mi se aferraba a la esperanza de que igual las cosas no sucederían de forma tan drástica, y en cierto modo, hasta me sentía en cierto modo liberada de ya no tener que ocultarme.

Mi llegada al instituto fue acompañada de un camino de susurros, miradas, e incluso algunos insultos. Se había corrido la voz y sabía que ahora me había convertido en el chisme de la escuela.

Hay momentos de tu vida que tu mente busca bloquear como mecanismo de protección, los recuerdos quedan difuminados y se mezcla toda la información como en una nube blanca que empaña aquello que menos quieres ver. Aquél día fue uno de esos, había aprendido a crearme un personaje para sobrevivir allí, y ahora esa máscara que había acabado siendo una buena parte de mí se estaba enfrentando a su mayor pesadilla.

La mano de Galia sosteniendo la mía, sus dedos acariciando el dorso de mi mano y su mirada dándome a entender que estaba conmigo hizo que el precipicio en el que me sentía se detuviese, se convirtió en una cuerda a mitad de camino en la que pude aferrarme.

La profesora entró cerrando la puerta, puso orden y la clase comenzó, pese a estar notando los ojos de todas sobre mí. Ese fue mi mayor momento de main character en mi vida, y a la vez una de las peores experiencias vividas. Pero todo podía empeorar, y efectivamente así lo hizo cuando entró la directora.

- Señorita Martínez, acompáñeme. - Galia se puso de pie con la intención de venir con nosotras, sin embargo, la profesora y la directora le dijeron que se sentara.

- Está bien.- Dije insistiéndole en qué se quedara, sabía que quería protegerme pero eso era algo que tenía que enfrentar yo.

Al entrar en el despacho, la directora invitó a que me sentara.

- Has conseguido que expulsemos a tu madre.

Esa frase hizo que el personaje de niña perfecta que me había tenido que montar se muriera. Y una parte más oscura de mí estaba disfrutando por tener la oportunidad al fin de salir. Tenía frente a mí a la persona que poco a poco había ido asfixiándome por medio de sus manipulaciones, sus chantajes y sus redes que parecían haberse extendido hasta cada rincón de mi vida. Consiguió que me perdiera a mi misma, habiéndome incluso convertido en mi propia verduga, perdí muchas etapas y cosas de mi vida por su culpa, pero también me volvió una experta averiguando formas sutiles de apagarme, y tenía pensado ponerlos en práctica por primera vez en alguien distinta de mi.

- ¿No piensas decir nada?- Preguntó analizándome con confusión por mi no reacción. - Has puesto la reputación de esta escuela en entredicho. Se suponía que la Señorita Saralegui encontraría el camino correcto en esta institución, confié en ti para que lo hicieras.

Sosteniendo tu miradaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora