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Capítulo 29: Inevitable

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Narra Ivy:

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Narra Ivy:

A menudo se romantiza la idea de que el sacrificarse por los demás es un acto heroico que te hace ser una buena persona. Sin embargo, después de haberme pasado gran parte de mi vida dejándome hundir por salvaguardar los intereses de quienes quería, aprendí que en primer lugar, tenía que poner los míos propios.

Entregarse no se trata de sacrificio, sino de disposición. No es poner a la otra persona por encima de ti, sino ofrecer todos los recursos con los que cuentas y puedes dar, algo que sólo puedes brindar si te ves a ti misma en una posición como igual. Esto es algo que me costó bastante aprender, pero que es esencial saber, y es que poner límites no te hace mala persona, no saber ponerlos tampoco te convierte en alguien mejor. La bondad debería medirse en si se hizo todo lo posible con los recursos disponibles.

Por ello mismo, mientras camina a la oficina de Lia dos ideas asomaban en mi mente. La primera, es que iba a hacer todo lo posible porque saliera del pozo oscuro en el que ella misma se trataba de refugiar. Y la segunda, es que no podía dejarme hundir en él, ella tenía novio, no le hacía feliz, pero al final era su decisión. No podía hacer nada para cambiar aquello, así que, tampoco me podía permitir que ella me gustara de nuevo porque solo conseguiría salir lastimada.

Mi primera sorpresa fue cruzarme de camino al ascensor con su madre, la mujer iba vestida con ropa de marca, pero desde luego no tenía buen gusto para elegirla. Ella me miró con sorpresa, pero tampoco me saludó, así que tomé el ascensor y me dirigí hacia la última planta en la que estaría esperándome la pelinegra.

Toqué la puerta para ver si podía entrar y escuché su voz detrás de ella.

- Dejadme sola. - La voz sonó bastante fría, e incluso insensible, pero sabía el vacío que había detrás.

No le hice caso, abrí la puerta y me encontré su bonita figura encorvada apretando unos papeles con fuerza. Sus ojos inexpresivos me miraron y vi como sus labios se entreabrían dispuesta a buscar una excusa para echarme, pero la conocía demasiado bien, y aun sabiendo que podría enfrentarme a su rechazo me acerqué a ella y la rodeé entre mis brazos.

Al principio se quedó paralizada, pero tras unos segundos encontré sus manos aferrarse a mi cintura con fuerza, su cabeza se escondió en mi cuello, y noté cómo lágrimas silenciosas caían por sus mejillas. Aquél día algo se rompió en mi al verla así, y noté cuánto habría necesitado tener a alguien a quien aferrarse, alguien que la abrazase y sostuviese en su camino para que no hubiese tenido que enfrentarse a todo ella sola.

Lia siempre había tenido la facilidad de alejar a la gente de ella cuando se sentía mal o vulnerable, Rosa siempre supo estar con ella a pesar de que se encerrase en sí misma, y aunque llegaba tarde pensaba estarlo yo, por ella, por el cariño que aun siento a la chica que estaba entre mis brazos, y también por la propia Rosa.

Sosteniendo tu miradaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora