Galia Saralegui se vio obligada a asistir a una escuela en la que claramente no encajaba.
Se había resignado a que la ignoraran, por eso le sorprendió que aquella bonita niña le hablara.
Pronto, se dieron cuenta de que a pesar de que aparentemente...
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N/A: Maratón final, hay un capítulo final antes y 2 cartas previas a esto
Un peculiar chasquido se hizo eco en la vieja librería indicando que la puerta principal estaba siendo abierta.
La joven estudiante llamada Emiliana, que trabajaba en la librería un par de horas a la semana para ganarse un sueldo, se dirigió a la entrada con la intención de saludar al cliente.
Su sorpresa fue cuando se encontró frente a la chica más bonita y popular de su clase, ambas se miraron asombradas identificando a la otra, la recién llegada iba con la falda del uniforme, mientras que Emiliana llevaba los pantalones de educación física del mismo instituto en el que una vez se conocieron las dueñas de aquella librería.
- Hola. - Saludó la trabajadora.- ¿puedo ayudarte en algo?
- Em... ¿conoces algún libro de romance?- preguntó la clienta con timidez alisándose la falda.
- Claro, todos los de estas estanterías.- Explicó la más baja, aun sin poder creerse que estaba intercambiando palabras con la otra chica.
- Pero... me preguntaba si... quiero decir, no es para mi sino para una amiga...- Empezó a desvariar con nerviosismo.- ¿tenéis libros de romance lésbico? - Habló de forma directa cuando pareció encontrar su voz, y soltó todo el aire que estaba reteniendo de una vez.
Emiliana casi se atragantó sorprendida, de todas los escenarios en los que podría haberse imaginado hablando con su linda compañera de clase, jamás se le hubiese ocurrido aquél.
- Por supuesto, sígueme.- Comentó con una sonrisa, lo de que era para una amiga no se lo terminaba de creer.- ¿y cuál crees que le gustará a tu amiga?- Ella miró los libros, y luego a la otra chica sin saber muy bien que decir.- si me permites la recomendación, éste es de mis favoritos. - Anunció sacando un libro de la estantería.
- Me fio de tu criterio. - Le respondió la joven tomando el libro, haciendo que sus manos se rozaran y se apartaran la mirada avergonzadas.
Cuando pagó por el libro, la trabajadora lo metió en una bolsa, asegurándose de perfumarla.
- Ya me cuenta que le parece a su amiga.
- Si, cuando lo lea te digo. Bueno, cuando ella lo lea y me cuente, quiero decir.- Corrigió de forma apresurada, y se marchó de allí dejando a la otra chica con los ojos perdidos en la puerta por la que cruzó.
La joven estudiante trabajaba allí desde que pidió ayuda a Ivy y a Galia, las mujeres mayores hacía ya un tiempo que habían decidido jubilarse pero seguir a cargo de la librería por lo muchísimo que amaban los libros. Esto último es lo que le llevó a Emiliana a trabajar allí, la joven siempre había amado leer, y estaba pasando una situación complicada en casa, su familia no aceptaba que le gustasen las chicas y las dueñas de la librería la apoyaron bastante, convirtiéndose ambas en figuras fundamentales para ella.
Todo lo sucedido aquél día no pasó desapercibido para las dos mujeres que ordenaban unas estanterías más apartadas en el almacén.
- Parece que la librería no va a ser solo nuestro lugar especial.- Susurró Lia divertida dejando un beso en la frente de su mujer.
- Esperemos que ellas no compartan también vestidor.- Bromeó Ivy.
Entre risas, igual de enamoradas que cuando se casaron, terminaron de organizar los libros. Pero de pronto, una caja llena de polvo cayó al suelo tomando a las chicas desprevenidas. Con cuidado decidieron abrirla y se sorprendieron al ver el retrato de una mujer morena desnuda, el dibujo estaba firmado por una tal Señorita O'Connell y parecía del siglo XIX.
Decidieron hacer un poco de investigación, y descubrieron que el retrato que tenían en su librería era ni más ni menos que una pintura de la antigua alcaldesa del pueblo que tuvo un romance con la conocida como Señorita O'Connell. Al parecer, la abuela de Ivy era descendiente de una sobrina de ellas, y así se dieron cuenta, de que, aquella librería no sólo contenía miles de historias, sino que había sido testigo de muchas otras, e incluso, parecía que podía seguir generando otras nuevas.
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