Galia Saralegui se vio obligada a asistir a una escuela en la que claramente no encajaba.
Se había resignado a que la ignoraran, por eso le sorprendió que aquella bonita niña le hablara.
Pronto, se dieron cuenta de que a pesar de que aparentemente...
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Narra Ivy:
Había pasado un mes de la muerte de Rosa, y ya apenas quedaban 3 meses para que comenzasen las vacaciones de verano.
Estas últimas semanas habían sido especialmente duras para Galia, quien había optado por encerrarse en sí misma y no hablar con nadie respecto al tema. Pretendía aparentar que estaba todo bien, pero su vida se reducía a estar encerrada en su casa, salir algunas veces a pasear con Clara y Reyes, e ir al instituto. En las clases, ocupaba su habitual puesto junto a la ventana, y se pasaba las horas dibujando, ignorándonos a todas.
Fueron muchas las veces que había ido a su casa y me echaba de la misma, intenté acercarme a ella en clase, a través de llamadas y en todas las formas imaginables que se me ocurrían, pero no hacía más que alejarme.
Sabía que sus calificaciones estaban cayendo en picado, y si seguía así no podría superar los finales. Por ello, siempre me ponía teóricamente con ella en los trabajos, aunque los terminaba haciendo todos yo y entregándolos por las dos. Era la única manera que encontraba para estar ahí para ella.
A lo largo de mi vida, me había acostumbrado a ser ignorada hasta sentirme un mero adorno más en una habitación llena personas realmente vivas. Sin embargo, aun en ese punto me sentía de utilidad. Pensaba que ya había aprendido a que esto no me afectara, pero cuando fueron las dos persona más importantes de mi vida las que eligieron hacer como si yo no existiera, mi dolor aumentó de forma desproporcionada.
Me sentía egoísta por estar emocionalmente mal sabiendo que Galia sí que tenía razones para estar hundida, e incluso para ignorarme. Cuando pasaba por mi lado sin siquiera saludarme, o cuando le hablaba y ni me miraba era como si un cristal más se clavara en lo más profundo de mi ser, ralentizando la energía de querer seguir viviendo. Sin embargo, me daba cuenta de lo egoísta que todo esto sonaba, me dije que estaba siendo exageradamente sensible, y que me estaba centrando en mí cuando toda mi atención debería estar puesta en que Lia pudiera seguir adelante.
Esa mañana le mandé un mensaje de buenos días con un corazón, y se unió al resto de mensajes que se quedaban en vistos. No había conseguido dormir bien en toda la noche, así que tuve que recurrir al corrector de maquillaje para tapar mis ojeras, y bajé a desayunar.
- Buenos días mamá. - Saludé con un intento de sonrisa.
- Esta tarde no voy a poder venir a casa. - Dijo con la misma frialdad con la que me llevaba hablando desde sus sospechas de mi noviazgo con Galia.
- Pero si no tienes que trabajar.- Dije con tristeza.
- No me esperes despierta.- Sentenció, yéndose de allí.
Y así era un día más en el incesante ciclo de días casi iguales que había últimamente en mi vida.
Cuando llegué al instituto, Martina y Jimena se acercaron a saludarme, y con una sonrisa estuve escuchándolas hablar sobre la ropa de Brandy Melville que querían comprarse. Al cabo de un rato, vi pasar a la pelinegra, y una vez más no devolvió mi saludo, así que me acerqué a hablarle.