Capítulo 28: Clima

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Narra Galia:

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Narra Galia:

A pesar de las palabras de la rubia de que si quería tener alguna oportunidad con ella tenía que dejar a Matías no lo hice, y mucho menos en aquel momento en el que gracias a un beneficioso acuerdo tendríamos que embarcarnos en un nuevo proyecto en aquel país. Seríamos una de las empresas pioneras en llevarlo a cabo.

En cuanto a ella, no volví a verla desde aquél día en el camerino, tampoco me atreví a escribirle ni a responder a sus mensajes.

Pasaba los días trabajando en la oficina y las noches durmiendo junto a Matías, mientras imaginaba que era otra persona con la que compartía mi cama. Maldecía el momento en el que había tenido que volver a verla porque desde entonces esa voz interna que tenía prácticamente acallada estaba más inquieta por salir. Cada mañana, cuando me pasaba un buen rato tapando mis tatuajes una parte de mi se mostraba contraria a hacerlo. Y el impulso de cortar mi cabello crecía cada vez que mi novio jugaba con él o lo acariciaba.

Pero no podía simplemente tirarlo todo por la borda, no cuando ni sabía a donde me llevaría. Podría ser que la intensidad con la que nos quisimos en el pasado nos estuviese pagando factura pretendiendo unir a dos almas que ya no estaban echas para la otra. No éramos las mismas, no éramos las dos escolares que descubríamos el significado de amar junto a la otra. Y es que amar suponía apostar sabiendo que seguramente ibas a perder, porque querer significa hacerse vulnerable ante la pérdida y cuánto más quieres a alguien más grande es la caída.

- ¿Irás a la oficina? - Me preguntó Matías una vez que terminamos de comer en el restaurante al que fuimos.

- Me acercaré más tarde, escuché que había un parque con cerezos que me gustaría ir a ver primero. ¿Quieres venir? - Le pregunté.

- ¿Tú atrasando el trabajo para ir a visitar un parque? ¿Estás bien?- Me miró con diversión, la verdad que tenía un fuerte dolor de cabeza desde por la mañana y pensé que ir a tomar el aire me ayudaría.

- Me gustan los cerezos. - Respondí mientras me ponía en pie. - ¿Vienes?

- Lo de ir a un parque a ver unas plantas no es lo mio, si me dijeras de ir a ver un partido de fútbol no te lo negaba. - Comentó despidiéndose.

Así fue cómo caminé hasta llegar al parque de los cerezos, estaban muy bonitos. Mi sorpresa fue cuando una gata de color negro con una parte del cuello blanca se acercó a mi olisqueándome. Extendí mi mano para que la oliera, guardando siempre la distancia, al poco se acercó a mi brazo extendido y ella misma se frotó en él permitiéndome acariciarla.

- ¡Gavy!. ¡Está aquí!. - Escuché una voz, y cuando levanté la cabeza vi a una chica que se me hacía conocida, era bastante guapa con el pelo morado, varios pendientes y un eyeliner que combinaba con el color de su cabello.

-Menos mal, no entiendo qué le pasó nunca se aleja mucho cuando salimos juntas a la calle.- Escuché el tono agitado de una voz que conocía demasiado bien, se notaba que había llegado corriendo.- Tú. - Dijo con sorpresa.

Sosteniendo tu miradaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora