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Capítulo 23: La casa de campo [+18]

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Narra Galia:

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Narra Galia:

Cuatro días, ese era el tiempo con el que contábamos antes de que el martes tomara ese vuelo que la llevaría lejos de allí, de mi.

No queríamos pensar en qué pasaría, en qué punto dejarían esos miles de kilómetros nuestra relación. Hasta el momento, solo teníamos una preocupación en mente: aprovechar.

Cada minuto a su lado se convertía en un tiempo infinitamente valioso que se quedaría grabado en mi recuerdo.

Siempre había temido a la pérdida, a despertarme un día y no tener a quienes amaba a mi alrededor. El destino también hizo que mi pesadilla se fuera a convertir en real. Primero me quitó a Rosa, y ahora me alejaba de Ivy, las dos personas a las que más amaba junto a mi padre.

Cuando recibí la noticia de que se irían a España tuve dos opciones en mente, la primera era huir, alejarme para no sufrir. Pero me di cuenta de lo absurdo de la idea, ya estaba irremediablemente enamorada de ella e iba a sufrir de todas formas, así que lo que mejor podríamos hacer era aprovechar cada instante que nos quedara junto a la otra.

¿Quién me iba a decir que esa rubia que fue simpática conmigo el primer día de mi llegada a aquella cárcel llamada instituto acabaría siendo mi novia y la persona que mejor me conocía?. No estaba preparada para no ver sus ojos de sueño cada mañana, sus sonrisas que regalaban minutos de vida, los hoyuelos que amaba besar a cada instante y su bonito pelo rubio brillando bajo la luz del sol.

Ella era luz, se había convertido en mi faro cuando todo estaba oscuro, y había incendiado cada parte de mi alma.

Esa semana la pasamos con las chicas que tampoco superaban la marcha de la rubia, pero aquél fin de semana lo habíamos reservado para nosotras. Hablé con mi padre para que nos dejara ir a nuestra casa del campo,  y aquél sábado por la mañana fuimos a disfrutar de los que serían los últimos días que sabíamos con seguridad que pasaríamos juntas.

Al bajar del vehículo tomé nuestras cosas, e Ivy sonrió tomando a una mariquita que había posada en un mal sitio del suelo.

- Estará más cómoda en esta flor. - Declaró dejándola con delicadeza en una flor color violeta.

Con esos gestos me era imposible no acabar más enchulada de ella. Me siguió hasta la entrada de la casa, y parecía asombrada por lo bonito que era todo.

- Wow. - Dijo apunto de entrar pero la detuve, dejé las cosas yo dentro y luego salí para tomarla en brazos y llevarla yo dentro.

- Siempre me imaginé haciendo esto. - Dije divertida apoyándola de nuevo en el suelo. Nos miramos con tristeza, nuestras miradas expresaban lo que nuestras palabras no querían pronunciar.

- Bueno, ¿qué dices me haces un tour?

- Claro. - Comencé a mostrarle la acogedora vivienda, y ella se quedaba más sorprendida por las vistas que había desde cada ventana. - ¿Qué te apetecería hacer?

Sosteniendo tu miradaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora