Galia Saralegui se vio obligada a asistir a una escuela en la que claramente no encajaba.
Se había resignado a que la ignoraran, por eso le sorprendió que aquella bonita niña le hablara.
Pronto, se dieron cuenta de que a pesar de que aparentemente...
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Narra Galia:
No sabía muy bien qué me pasó por la cabeza cuando llamé a Sarah para terminar lo que habíamos dejado pendiente el día anterior.
Nunca había sido del tipo de personas que se acuesta con alguien por hacerlo, normalmente me gustaba tener una conexión previa o conocernos un poco más. Pero una fuerza irracional me decía que esa era la forma de olvidar a la rubia, Sarah dijo que solo quería sexo así que era todo perfecto, solo nos ayudaríamos mutuamente a relajarnos y a disfrutar. Al menos, ese era el plan hasta que vi a mi rubia de frente, al principio pensé que era una alucinación, pero luego pude ver que no.
De pronto, las ganas que tenía de olvidarme de ella con Sarah se me pasaron por completo, y agradecí que Ivy me llevara hasta mi habitación frenando aquella situación.
Todo pasó como si estuviese viviendo un sueño, la voz de la rubia confesándome que ella también sentía algo, y nuestros labios encontrando su nuevo lugar favorito. Había sido una idiota por siquiera pensar que podría llegar a sentir en el sexo con otra chica un mínimo de las emociones que me hacía experimentar Ivy con un simple beso.
Jamás imaginé que la chica linda que organizaba las ceremonias religiosas en la escuela, y que se sonrojaba al ver un beso en las películas pudiera estar besándome con esa intensidad. Tampoco pensé que pudiera tener un mínimo de oportunidades con ella, y ahí estaba, encontrándome en mitad de una nube de la que nunca quería bajar.
Nos conocíamos mejor que nadie, nuestra conexión era palpable y nuestros cuerpos se encontraban con la misma facilidad que nuestras miradas. La rubia hizo que me recostara en la cama quedando ella justo encima mía, mis manos se encontraban en la zona desnuda de su cintura mientras ella acariciaba mis brazos colando sus suaves dedos por debajo de mis mangas creándome una sensación de electricidad que recorría mi cuerpo
- Dime una cosa, ¿ibas a dejar que fuera ella la que te tocara así?- preguntó pasando una mano sobre la piel de mi cuello, la intensidad de la mirada de la rubia me recordaba a esa personalidad que sacaba cuando bailaba, y sabía que era ella quien me tenía totalmente bajo su dominio, su pelo caía sobre sus hombros y el top que llevaba se había subido dejándome ver la suave piel de su abdomen.
Y es que eso era una de las cosas que más amaba de Ivy, era frágil, y sensible, dulce, y buena, era la luz más brillante de todas. Pero también tenía esa rebeldía interna, ese lado alocado y pasional que no sabías a qué límites podría llegar. Me gustaba ambos lados de ella, pero sobre todo disfrutaba viendo cómo se soltaba, y cómo cada vez se liberaba más sin temer a dejarse ver al completo.
Un suave mordisco en mi cuello me hizo soltar un suspiro.
- Contéstame.- ordenó demandante y asentí a lo que ella ya sabía.
- Quería olvidarte. - le respondí trazando suaves círculos en su cintura.
- La próxima vez que te plantees siquiera hacerlo, recuerda cómo tu piel se eriza bajo mis dedos, cómo te estremeces bajo mis besos y cómo tu cuerpo se arquea pidiendo más.-mientras decía eso jugaba acariciando mi espalda y dejando un rastro de besos y mordiscos suaves por la zona descubierta de mi piel, justo en la zona del escote.