Se sintió inquieto todo el día, no había una razón aparente, pero él lo sabía mejor que nadie, solo una persona podía ocasionar tal actitud. Krist Perawat.
Estaba cansado de la situación, pero sus esfuerzos para que Krist lo escuchara eran vanos, siempre acompañado de New o su noviecito Mike. A este punto le importaba una mierda lo que pasará con su carrera y su reputación; su prioridad se centraba en una sola persona, la única persona con el poder de darle felicidad absoluta o darle una muerte larga y dolorosa. No estaba en sus planes un enlace forzado, y si había de morir solo, lo haría, después de todo, él era el único culpable del odio que le profesaba el menor.
Su lobo aun seguía molesto, lo culpaba por perder a su otra mitad, y amenazaba con matar al bebé que se formaba en el cuerpo de su joven amor. Pero, cómo podría evitar tal atrocidad, aún existía la duda de la identidad del padre, si él no era el padre sabía que su lobo podía cumplir realmente con tan sanguinaria promesa, Krist no lo soportaría, saldría herido no solo físicamente y sinceramente a él le aterraba esa idea más que su propia muerte.
Es verdad que ahora tenía la certeza de que había un bebé ahí, su audición superior se lo confirmó, se tuvo que concentrar demasiado para aislar los sonidos, pero lo supo de inmediato, un pequeño corazón bombeaba desde el vientre de Krist. Pero otro problema era que Krist aún no tenía la menor idea de ese embarazo, no podía simplemente llegar y decirle que estaba embarazado y que esperaba ser el padre de ese bebé, ni siquiera sabía si Krist quería un bebé.
La inquietud aumentaba con cada día que pasaba, si ese bebé era suyo, no sabía que cuidados necesitaba. Normalmente en su manada, en los embarazos entre alfas y omegas, los bebés se nutren es cierto del alimento que consume el omega gestante, pero existe algo más que necesitan de manera indispensable los bebés, las feromonas de ambos padres, al estar dentro del útero y saco amniótico, estos no pueden olerlas como normalmente se hace, por lo que las feromonas de los omegas las obtenían por el mismo cordón umbilical, pero la de los alfas eran esparcidas al cuerpo del omega por medio de la mordida de apareamiento.
Si el bebé era suyo necesitaría esas feromonas, pero aunque él quisiera dárselas, Krist no tenía una mordida de apareamiento, y hacerla durante el embarazo era incluso más riesgoso que no brindarle las feromonas al bebé.
Las cosas se complicaron cada vez más, pero él no estaba dispuesto a rendirse, era hora de que fuera un hombre, asumiera sus responsabilidades y afrontará los problemas que estaban por estallar como un fuerte huracán.
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Un bebé, seis semanas, un bebé, seis semanas, un bebé, seis semanas...
Esas cuatro palabras se repetían una y otra vez en su cabeza, un pequeño ser que se estaba formando dentro de él, ya había pasado una semana desde que se enteró que estaba esperando un bebé. No le dijo nadie, no había forma de que revelara el secreto aun, los primeros días se planteó reiteradas veces lo que haría, cuál de las dos opciones dadas por el doctor tomaría.
Las puso en una balanza, pero por más que terminar el embarazo era la mejor opción para todos, él no lo podía considerar genuinamente, la sola idea de terminar con la vida que crecía dentro de él le producía los temblores más escabrosos que jamás pensó sentir. Pensó seriamente en sus posibilidades, las que tendría después que su padre se enterará, no era nada fácil. Tampoco tendría mucho apoyo, ni siquiera sabía ahora si el padre de su bebé creería que es suyo, después de todo en su afán de librarse de él había mentido, y sembrado duda.
Todo era un completo enredo, pero ahora tenía una razón genuina para luchar, no podía traer un niño al mundo a sufrir carencias. Un plan comenzaba a maquilarse en su cabeza mientras esperaba el momento adecuado para actuar, por el momento tendría que mantener a su bebé como un gran secreto, absolutamente nadie podía enterarse si quería que su pequeño llegará a conocer el mundo. Necesitaba la mayor calma posible, antes de que este huracán comenzará a arrastrar su vida entera.
No era tan simple como sonaba, pero lo iba a intentar, lo primero que hizo fue dejar sus pastillas para la depresión y la ansiedad, sabía que dependía de ellas, pero las que tomaba eran demasiado fuertes para su bebé, de hecho esperaba no haberlo dañado ya, no en su formación más importante. Quizá podría pedir otras menos fuertes a sus doctoras, pero sabía que ellas preguntarían hasta conocer la razón y le comunican todo a New, después de todo él es su contacto de emergencia.
No importaba, no ahora, él necesitaba ser fuerte por su bebé. Con eso en mente escondió hasta el último frasco de esas pastillas en su casillero de la universidad, y aún más en el fondo la primera foto de su bebé.
Con pasos decididos se dirigió al baño y vació el contenido de aquellos botes dietéticos, rellenandolos con el contenido de aquel ácido fólico que ayudaría a su bebé.
Se fuerte, por él, por ti, por ambos... Se repitió mientras guardaba los frascos alterados en su mochila y tomaba el taxi a su casa. Ese sería su nuevo pensamiento, al menos hasta que aquella bomba inevitable explotara.
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Estaba en la biblioteca de su manada, leyendo muchos de los libros más antiguos y buscando información sobre cómo controlar a su lobo y buscando algún registro de un embarazo entre un humano común y un shifter, sabía que su hermano había hecho una larga investigación sobre estos enlaces, pero también sabía que estos habían sido infructiferos. Que el único pergamino que hablaba sobre estas uniones presagiaba desgracias para la manada completa.
Necesitaba revisar primero por su cuenta cada pequeño pedazo de información y su veracidad, tal vez investigar en otras manadas. Era una prioridad, ya no tenía tiempo que perder, si sus cálculos no fallaban, el bebé estaría en sus ocho semanas ahora y Krist no se veía tan bien como debería verse un embarazado de dos meses, su piel era mucho más pálida de lo que era su blanquez natural, y en lugar de ganar peso, se veía más delgado. Estaba preocupado por su menor, pero cada día era primordial, tenía que ser fuerte por Krist y por su bebé.
Ser fuerte, dos palabras dichas con tanta naturalidad, pero que conllevan una gran responsabilidad, que muchas veces la vida misma han de costar; pero ustedes ¿Qué tanto están dispuestos a dar?
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NOTRE DESTIN
FanfictionTRILOGÍA: SEGUNDO LIBRO ¿Crees en las parejas destinadas? Personas que nacieron para conocerse y amarse incondicionalmente. ¿Un hilo rojo irrompible, que une los corazones? ¿Un grito ahogado de dos almas deseosas de unirse? Completa basura, una...
