37. PROTEGER

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Singto se había logrado colar en el pasillo de Krist, estaba solo a una puerta de distancia de verlo, sin embargo, frenó al instante al oír la discusión que se llevaba a cabo en la habitación. Krist tenía que permanecer tranquilo por él y por su bebé, pero no creía que aquella discusión se lo permitiera.

Se sentía fuera de control, su lobo amenazando desde su mente, él mismo se sentía capaz de matar al maldito bastardo de Oab. La forma en la que despreciaba a Krist le hacía hervir la sangre; el sonido frenético del corazón de su menor y el olor a miedo que desprendía no hacía más que alterarlo. En medio de su intento por mantener a su lobo dentro, no noto que Oab había salido de la habitación.

Solo el llanto de Krist lo hizo salir de su estado de trance, sus sollozos le rompían el corazón y no podía evitar sentirse culpable por la situación. Si tan solo él no hubiera sido un cabrón con el chico, las cosas serían tan diferentes.

Sin esperar más entró y cerró la puerta con seguro. No quería interrupciones, este era el momento de revelar la cruda verdad, de dejar su corazón en las manos de su verdadero dueño.

Se retiró los tapones nasales, mientras veía a Krist cubrir su bello rostro con la almohada, intentando silenciar sus lamentos. Un solo respiro y lo sabía, el bebé que crecía en el vientre de su amado, era suyo. Era la señal que la diosa luna le estaba dando.

– Te dije que salieras de aquí, padre – dijo casi en un susurro su menor. – No tengo nada que pensar, puedes irte –

– Krist, soy... – no pudo terminar la frase cuando Krist se quitó la almohada y fijó su mirada en él.

– ¿Qué hace aquí profesor? – preguntó mientras lo veía con los ojos aún llenos de lágrimas.

– No me llames así Krist... –

– ¿No?, ¿Entonces cómo quiere que lo llame?, ¿Qué es de mí? – soltaba una y otra pregunta sin parar – Si solo viene a seguir molestandome, le pido se retire. Como verá, no es el momento indicado.

– Krist, necesitamos hablar. Te lo suplico, y tú mejor que nadie lo sabes –

– No, no sé absolutamente nada. Usted se la ha pasado cambiando de parecer, incitando este juego, usandome como un títere, tirando y soltando la cuerda, que ya no sé qué es lo que quiere – hizo una pausa y tomó un sorbo de agua.

– Pero ahora... ahora tengo algo más importante en lo que pensar, algo más importante que proteger – dijo mientras acariciaba su apenas crecido vientre.

Singto buscaba en su mente las palabras adecuadas, pero por alguna razón todas se enredaban en su lengua sin esperanza de que alguna pudiera salir. Contra todo buen juicio se acercó a la camilla y pasó su mano encima de la de Krist, mientras lo veía a los ojos, deseando borrar todo el dolor y resentimiento que había en ellos.

– También es mi deber protegerlo, protegerte – declaró mirándolo con aún más determinación – Ambos lo sabemos, es nuestro. Es un pequeño pedazo de nosotros.

– ¿Cómo puede estar tan seguro? – fue la respuesta del menor al quitarle la mano de su vientre.

– Por favor Krist, no hagamos las cosas difíciles. – De algún modo necesitaba convencerlo, no importaba que él estuviera cien por ciento seguro de aquello – Incluso si no es mio, quiero que sea mío, que sea nuestro.

– Es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Más tarde se puede arrepentir de sus palabras – replicó el menor.

– No lo haré, te lo dije Krist. Si tu me aceptas, yo... – fue interrumpido por la voz de Kris. – ¿Usted qué?, no me haga reír, todos sabemos que se casará en pocos meses. Y aunque no fuera así, las relaciones alumno-profesor no están bien, puedo perder todo el avance de mi carrera.

– Ya no más, hace algunos días renuncié a la universidad. Claro que el hecho de que golpee a un alumno fue un factor determinante también – intentó bromear, para disminuir la tensión de Krist. – Sobre el otro asunto, Khaofang y yo hablamos, lo nuestro terminó, mucho antes incluso de empezar.

– Yo... – Singto volvió a tomar su mano, y la llevó a sus labios, dejó un tierno beso en ella antes de hincarse a un lado de su camilla y acariciar nuevamente su vientre. Y cuando estaba a punto de responder lo sintió, su bebé se estaba moviendo. Eso no era posible, no se podía sentir el movimiento de los bebés hasta las 18 o 20 semanas, él solo tenía once.

– ¿Lo sentiste? – fue lo único que salió de su boca, con la esperanza de que Singto confirmara que no era solo una de sus alucinaciones.

– Lo sentí, parece que le gusta la idea, ¿Verdad que te gusta la idea pequeñin? – siguió hablando mientras meneaba ambas manos por todo su vientre, hasta que hubo otro pequeño movimiento.

Singto lo sabía, un bebé humano normal no sería lo suficientemente fuerte para que sus movimientos fueran notados. Pero tenía que hablar con Krist sobre lo que era y que este accediera a ir con él.

En la mañana había hablado con su madre, al parecer ella y su padre hablaron con Leo, el doctor de la manada. Estaban haciendo investigaciones y formas para tratar a Krist, pero necesitaba revisarlo, por lo pronto estaban llamando a otras manadas en busca de información que pudiera ser de ayuda. Por lo pronto soltó sus feromonas con la esperanza de que pudieran ayudar a su pareja y a su bebé.

Cuando estaba por continuar, el sonido de la puerta siendo tocada lo interrumpió.

– Señor Perawat, no puede encerrarse en su estado – dijo la enfermera que estaba del otro lado de la puerta.

– Solo un momento, por favor – respondió Krist.

– Tiene visitas, ¿quiere que pasen?, aunque solo puede pasar una persona a la vez. –

Krist miró a Singto, pues él pensaba que era su única visita, a parte de sus padres y por eso lo habían pasado.

– No, quiero descansar. Quizá mañana – dijo con la esperanza de que la mujer se retirara.

– Está bien, sin embargo, no entiendo como se encerró, pero iré por la llave, usted no puede levantarse, su estado es muy delicado, solo espere un momento – y sin más dejaron de oír el ruido fuera de la puerta.

– Necesitó decirte algo con urgencia Krist, es sobre nuestro bebé – intentó Singto.

Sin embargo, la puerta fue abierta y él descubrió.

– ¿Cómo entró aquí? – preguntó la enfermera

– Yo... me retiraré, no me moveré del hospital Krist, piensa en lo que te dije y en cualquier momento recíbeme por favor – dijo soltando un beso en la frente de su menor y saliendo de la habitación.

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