2. COMIENZO DE UN TODO

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Krist nunca se había considerado un chico que creyera en cosas como el amor a primera vista, su único gran amor, que por cierto era imposible, había sido Mike, su mejor amigo, quien era hijo de un importante cirujano, solo estudio con él dos años, antes de que el padre de Mike fuera transferido, jamas lo volvio a ver, ni a contactar, sobretodo porque sabía que lo suyo sería imposible. Aun siendo él su primer amor, se enamoró de él por la forma en que lo trataba a él y a las demás personas, con un corazón tan bondadoso, siempre tratando de ayudar a los demás. Jamás le contó toda su verdad, pero aún así Mike siempre estuvo cuidando de él.

Siempre que lo recordaba, le entraba una nostalgia por saber qué habría pasado con él, si tan solo su vida fuera un poco distinta, nunca lo sabría.

Entró a la universidad suspirando, y restándole importancia a los cuchicheos de sus compañeros, simplemente tomó su lugar y espero, las primeras clases siempre pasaban rápido. Cuando entró el profesor de la última clase, no entendió su reacción, su corazón se aceleró de sobremanera y sus manos temblaban.

El profesor, era guapo, con un aura imponente que lo dejó helado, pero aun con todo su atractivo, no había razón para que reaccionara así. Su voz retumbó por sus oídos y causó un escalofrío en su columna.

Singto Prachaya, su nuevo docente, aunque no podía negar la atracción que sintió por él, había poco que hacer al respecto, después de que diera algunas pautas, salió al baño a tratar de tranquilizarse, estuvo ahí frente al lavabo cerca de diez minutos, cuando regreso, solo encontró a sus compañeros saliendo del aula, uno de ellos le indico que el profesor quería hablar con él.

Pero el aula estaba vacía cuando entro, por lo que se dispuso a guardar sus cosas, cuando estaba por terminar, escucho otra vez esa potente voz, detrás de él.

– ¿Es usted Krist Perawat? – Preguntó con su potente voz SIngto.

De alguna manera el chico le había parecido precioso, si fueran otras las circunstancias lo habría llevado a la cama, era justo su tipo, no tan delgado, con carne justo en los lugares correctos. Ahora que lo tenía enfrente, podía admirar su piel lechosa y sus largas pestañas, habría querido olerlo, pero sus tapones nasales no se lo permitían, era mejor. Si se los retiraba aunque sea un poco, los olores de toda la universidad explotarían en su nariz y quizá ni siquiera pudiera concentrarse en el olor que quería.

– Si, soy yo, ¿Puedo ayudarlo en algo? – Contestó con su dulce voz. De alguna manera logró conservar a su lobo en su lugar, quien por alguna razón quería salir, llevaba días haciéndolo y no le dejaría otra opción que usar supresores, que solo lo dejarían libre en su próximo celo.

– Tengo entendido que usted es el jefe de grupo, ¿es cierto? – esperó pacientemente hasta que el menor afirmó –. Bueno, entonces ¿podría compartir sus datos de contacto conmigo?, son para los registros y el contacto con el grupo.

– Si, claro profesor – respondió el menor, mientras anotaba su número, correo electrónico, facebook y su nombre completo –. Si se le ofrece algo más, no dude en pedirmelo profesor

Singto sabía que el chico no lo había dicho con aquel sentido, lo sabía por su tono de voz y sus ademanes, pero ahí estaba imaginando cosas que no pasarían; miro como el joven se disponía a retirarse y lo detuvo de inmediato tomando su brazo. –De hecho si me puedes ayudar con algo más, mi asistente tuvo algunos inconvenientes y se ha ido por algunas semanas, si conoces a alguien de la ciudad que pueda ayudarme, mayormente serían cosas de organización, ayudarme con mi mudanza y llevar registros–.

Krist de inmediato comenzó a pensar, pero no se le ocurría nadie para el puesto, luego pensó que si trabajaba con el profesor Prachaya, serían menos horas en su horrible casa.

– Si gusta, podría ayudarle yo; desde más chico le he ayudado a mi padre a organizar su oficina – no mentía, Oab lo ponía a organizar su oficina, como castigo, normalmente ese no sería un castigo, sino tuviera una biblioteca completa en ella, las paredes estaban tapizadas con libros, libros que varias veces le hacía cambiar la organización cuando estaba casi por terminar, los libros que no alcanzaba aún con la escalera le ocasionaban un dolor en sus hombros horrible por los siguientes días, pero al fin y al cabo ya estaba resignado, alguna vez su hermano Lee, le había querido ayudar, eso duró hasta que su padre los encontró y los reprendió duramente, desde ese día Lee jamás se volvió a acercar tanto a él.

– Claro, si no te molesta o interviene con tus responsabilidades – mencionó Singto mientras sonreía.

– No, no hago otra cosa, por lo que le podría ayudar todas las tardes y los fines de semana –. Reafirmó Krist con una sonrisa.

Singto por alguna extraña razón sintió un revuelo en su estómago, sabía perfectamente que este era un camino peligroso para tomar con un alumno, pero era algo inofensivo y planeaba aplacar a su lobo para no hacer nada de lo que luego se podría arrepentir. Es cierto que no le disgustaba enredarse con donceles y mujeres, pero desde que pasó lo de su hermano, no pudo volver siquiera a mirar alguno de forma romántica o sexual. Simplemente eran personas sin importancia a su alrededor.

– Entonces, ¿Te parece si comienzas mañana? – miró a Krist esperanzado –. La verdad es que me urge, como te dije, necesito organizar mi casa lo antes posible.

– Por supuesto, ¿necesita qué lleve algo para ayudar? – preguntó Krist antes de tomar sus cosas, que reposaban en su asiento.

– No, creo que compre lo necesario, y si ocupamos algo más puedo ir a comprarlo, solo lleva ropa cómoda – sonrió ante el atuendo de Krist, un traje, no llevaba el saco puesto, pero era un traje, muy formal para un estudiante promedio, la mayoría llevaba jeans o pants.
Krist sonrió algo avergonzado, pero asintió. – Entonces hasta mañana profesor – se despidió y se retiró sin esperar una respuesta. 

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