32. ¿UN FRUTO DEL AMOR O DEL ERROR?

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Su pie se movía impaciente mientras esperaba su turno, seguía mirando entrar a las personas, mujeres y hombres con niños corriendo alrededor, algunos más preocupados que otros, pero todos inconscientes de los problemas de los demás.

Después de lo que pareció una eternidad para él, fue llamado al consultorio, donde un médico le interpretaría los resultados que no entendiera.

– Aquí están sus resultados joven Perawat, una vez más lamentamos la equivocación. La chica era nueva y confundió las muestras con las de otro paciente...

– ¿Qué? – interrumpió Krist – Ustedes llamaron diciendo que solo hacía falta examinar algunas partes de la muestra, no que esta fue confundida con la de otro paciente.

– No joven, entonces creo que no le explicaron bien. Cuando tomamos una muestra la dividimos en varias partes para poder examinar una para cada prueba. Al parecer las últimas tres pruebas fueron confundidas y examinadas para cosas completamente diferentes a las que usted requirió. Por ello se tuvieron que examinar nuevamente. Una vez más, lo sentimos mucho. Puede pasar al consultorio cuatro, ahí le explicarán más a detalle sus resultados.

Caminaba con el sobre sellado en la mano hacia el consultorio. No se atrevía a intentar abrirlo y conocer el resultado. Las manos le temblaban y su respiración se sentía errática. Con las piernas temblando entró al consultorio y cerró la puerta.

– Buenas tardes joven – saludó cordialmente el doctor, con una sonrisa en el rostro. – ¿En qué puedo ayudarle?

– Buenas tardes – Krist regreso el saludo mientras extendía el sobre hacia el médico quien lo veía expectante, como esperando más explicaciones, al menos más de las que Krist estaba dispuesto a dar.

– Ya veo que es un joven de pocas palabras – mencionó recibiendo el sobre, notando de inmediato el temblor en la mano de su paciente y el color anormalmente blanquecino de su rostro. –¿Qué tenemos aquí?

Krist miraba el rostro del médico expectante, a la espera de cualquier señal, pero nervioso del mismo. No podía haber nada, solo estaban preocupados por el error en su laboratorio, no existía nada malo con él, se siguió repitiendo internamente. Quizá eso lo haría realidad.

– ¿Qué... di... cen? – preguntó con voz temblorosa, al notar que el médico no decía ni una sola palabra.

– Al parecer necesitaremos más estudios – respondió el mayor mientras veía a su paciente. – No tiene ninguna enfermedad grave... pero usted está embarazado.

Su audición se volvió nula, de seguro escuchó mal, hace solo dos semanas había comprobado que nada de eso era real, pero... si así era porque estaba ahí, tal vez era nuevamente una equivocación. Él no podía estar esperando un bebé, no de Singto y no en ese momento, su padre los mataría a su bebé y a él. Miles de pensamientos se arremolinaban en su mente, no podía procesar todo lo que el médico decía, no mientras comenzaba a ver borroso

– Cinco o seis semanas, es por eso que necesitamos...

Eso fue lo último que escuchó antes de nada, no sintió más y no escucho más. En el consultorio cuatro de aquella clínica alejada se comenzó a formar el huracán que con tantas ansias espero para llevar la destrucción a su vida.

Él médico se limitó a atender al paciente, después de todo necesitaba tenerlo consciente.


*******


Su cabeza dolía, intentó abrir los ojos pero estos fueron segados por la intensa luz.

– ¿Puede escucharme? – No sabía de quién provenía aquella voz, pero no quería saber en ese momento, todas sus extremidades dolían y su cabeza punzaba con cada sonido percibido.

– ¿Quién es usted? – preguntó a pesar del dolor, pues aquella voz aunque gentil, era desconocida para él.

– Soy una enfermera, usted se desmayó hace tres horas, ¿Recuerda lo que ocurrió? – explicó la enfermera mientras llamaba a un doctor por el intercomunicador.

Con su cerebro más despierto lo recordó, "Usted está embarazado", "Cinco o Seis semanas"; él doctor mencionó el resultado de sus exámenes, pero, estos debían estar equivocados, eso no era verdad, sus estudios anteriores lo decían, ningún embarazo.

– ¿Cómo se siente joven Perawat? – preguntó el mismo doctor que lo había atendido solo horas atrás. – ¿Recuerda lo qué pasó?

– Yo, estaba en su consultorio y luego nada – mintió un poco, con la esperanza de que fuera un error nuevamente.

– ¿Cuál es su nombre?, ¿Recuerda qué día es hoy? – cuestionó el médico mientras se acercaba más a su camilla y comenzaba a revisarlo

– Me llamo Krist Perawat y hoy es 27 de marzo – respondió.

– Parece estar bien, pero de todos modos necesitaré más estudios – pareció escribir por una eternidad en aquella tabla, para después continuar hablando – ¿Quiere que llamemos a alguien por usted?, no dejó un número de emergencia, así que no supimos a quién llamar.

– No, estoy bien. De hecho he estado demasiado tiempo fuera, necesito volver a casa – dijo tan calmado como pudo, tratando de sonar lo más normal posible.

– Me encantaría dejarlo ir, pero antes me gustaría revisarlo para corroborar la causa de su desmayo – Indicó el mayor.

– Solo sea rápido por favor, enserio necesito irme – Necesitaba saber la verdad antes de regresar a casa o su mente lo atormentaba todo el día.

– Está bien, en un momento vendrá una enfermera por usted – escuchó decir al doctor, quien después de decir eso, salió de la habitación.


********


Ahí estaba, frente a la verdad, un bebé, seis semanas de embarazo, un bebé perfectamente sano. Fue lo que dijo el doctor mientras le señalaba el monitor, donde aquel hombre le enseñaba a su hijo, él solo podía ver algunas manchas difusas.

En definitiva no estaba listo para ello, estaba perdido, pero dentro de aquel huracán estaba algo que lo sacó del caos que era su cabeza.

Los latidos de su bebe, escuchar aquel sonido lo dejó en shock, lo hizo sentir real. Aquel grave error había dado un fruto, ese fruto que podía convertirse en la ruina de sus padres, y al mismo tiempo en aquel lazo que por siempre los unirá.

Estaba consternado, en definitiva no estaba dando la gran imagen de padre deseoso de un bebé. Pero en su defensa, sólo podía alegar que realmente ya no lo esperaba, no después de aquellos falsos negativos recibidos.

La tensión en aquella sala era más que perceptible, y el doctor le dejó muy en claro sus opciones; podía continuar con el embarazo y lo que ello implicara, o podía interrumpirlo, terminar con él.

Claramente no estaba feliz por la noticia, no sabía aún cómo debería sentirse ante esto. Ahora una nueva pregunta rondaba su mente, rondo mientras regresaba a casa y mientras aparentaba tener una semana completamente normal.

¿Qué haría ahora?

Porque a veces no basta con el amor, a veces es imposible cosechar un buen fruto de él. Y muchas veces lo mejor es renunciar para siempre a él. 


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