Capituló 27

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—¡Jack! —.se quejó esta vez gimiendo más fuerte que antes.

—¿Te quejas? Pero si lo disfrutas tanto como yo —le volví a pegar.

Su trasero era completamente rojo ahora, un rojo hermoso. Lance la correa al piso, metí mis dedos en su interior.

—¿Lo ves? —acaricie lentamente, mientras ella movía sus caderas buscando más placer del que le he dado toda la noche —estás jodidamente mojada para mi —acaricié su trasero y un suspiro en forma de quejido, salió de si.

Luego de estar un rato fuera de ella, no podía aguantarme más y esta sería su quinta vez. La gire entrelazando sus piernas en mi pelvis, sin que su trasero tocara la cama.

—¿A quien le perteneces, Aida? —era la primera vez que se lo preguntaba.

—A ti. A Jack Moritz. Siempre —no dudo.

Le sonreír, ella nos giró y quedó arriba de mi. Encontrando placer para ambos saltando encima de mi. Mierda, no creo tener suficiente de ella ahora que la prove, ese era el problema. La ayude levantando su trasero para que pudiera mantener el ritmo, ya que sus piernas fallan.

Jamás vi tanta seguridad en una chica encima de alguien, se movía como los dioses, apreté su pecho y su trasero haciendo que se moviera más rápido, sus manos apoyadas en mi abdomen y en mi pecho, apretaban fuertemente, para luego hacernos venir a ambos, ella solita, su cabeza callo hacia tras dejándome verla por completo. Sentí su cuerpo temblar una vez más, su cara de orgasmo era un deleite para mi vista y un cálido espasmo llegó a mi polla. Podría verla todos los días y cada vez me prendería más.

Callo sobre mi jadeando fuerte, acaricié su cabello y su espalda sudada.

—Buena chica —,la acomode en la cama, para limpiarla y la tape con la sábana.

Se quedó dormida enseguida. Me quería dar una ducha, pero sabía que su olor se iría, solo un rato más. Me quede viéndola; parecía tan inocente, como si no matara ni una mosca, sus abundantes pestañas caían sobre sus pómulos y esos labios maltratados y rojos de tantos besos. Aparte el cabello de su cara.

¿Que haré contigo Aida?, ¿por que te alejo y aún así vuelves a mi? Deposite un beso en sus suaves labios.

Me quede dormido viéndola, eran las cuatro cuando terminamos y unas horas después me desperté, aún estaba ahí, sin sábanas, con su trasero al aire, se las volví a poner pero se quejo y se las quito.

Sonreí, debía dolerle. Las marcas estaban vivas en su piel. Eso no es nada a comparación con lo que me hizo a mi. Quería hacerle muchas cosas, quería volver a estar dentro de ella, pero mi amigo ya estaba cansado, no cuestionaría si se volviera a parar, así de mal me tiene ella. Quería ver que podía hacer con esa boca, quería que fuera tan vulnerable ante mi. Me duché y puse la camisa y el pantalón de ayer. Prepare algo de desayuno y aunque escuché la ducha, pensé que podría irme antes de que saliera. No es como si tuviéramos algo de lo que hablar.

—Aún estás aquí —se paró en seco, sorprendida.

Su cabello mojado aún y con una gran camisa sin pantalones y probablemente sin ropa interior, quise comprobar yo mismo, pero tocaron el timbre y ella dudó en abrir, temiendo a que me fuera, puse su plato en la mesa, mientras ella iba a la puerta.

—¿Lo hiciste, por que no respondiste mis mensajes? —,una voz conocida entró —¿Jack? —se detuvo en seco también, sorprendido.

Repare su outfit caro y su colonia que inundó la sala.

—Ya me voy no te molestes —le dije antes de que hablara.

Pecado culposoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora