Capitulo 4

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Jack

—No tendré que convertirme en un asesino o me mataran, cierto? —esperaba que no.

No podía morir, ¿quien cuidara de mi hermana Billie o de mi madre? Y definitivamente no sería un asesino, no tengo la mano para eso.

—¿Lo quieres, así?, no estaría mal. Ninguna de las opciones —El chico hablo, sonriendo. Fruncí el ceño —bromeó, Aida tiene la última palabra —se giró a verla. Todos lo hicimos.

Su mirada estaba perdida en la oscuridad que atravesaba hacia el otro lado la ventana. Me di cuenta de dos cosas, la primera; mi vida dependía de lo que ella quisiera hacer conmigo y la segunda; nunca debí aceptar ese trabajo de medio tiempo.

—Por ahora... nada —ni siquiera miro.

—¡Que aburrida eres! —el chico berrincho.

—¿A que te refieres con; "por ahora"? —tente.

—¿Nos podemos divertir con el?, se acerca a mi —la pelirroja de cabello liso con ondas, se adelantó.

—Yo lo metí en esto, pudimos haberlo matado o dejado ahí, si alguien debería matarlo, esa sería yo —Aida sonó sería y firme. No parecía un chiste, por eso temí.

—Tiene razón, son las reglas —El chico hablo esta vez —si nos delatas o le cuentas a una sola persona, eres hombre muerto —recalco y salió de la gran sala.

—Camina —Aida se levanto del sofá, ni siquiera me miro. La seguí.

Mientras íbamos en el auto, me sentí aliviado por un lado, no me matarían ni me convertiría en uno de ellos (lo que sea que son). Pero no sabía que me harían, probablemente hay cosas peores que eso. Ya lo descubriría.

—Si decidiste no matarme, es por alguna razón, ¿podría saber cual es? —la mire, esperando una respuesta.

Su mirada era oscura, fija en la carretera. No pude evitar lo bien que se veía su perfil. Me pregunté cómo alguien tan linda y joven podría ser tan tenaz y cruel.

—No hay.

—¿No hay? —pregunté confuso.

—No la hay. Aún —. Termino con eso y no pregunté más.

Me dejo en mi casa, sin decir nada. Antes de salir, me dio esa mirada de, si dices algo estás muerto. Lo sabía. Llegue a eso de las 2am a mi casa. No hice ruido y me metí a mi habitación, no sin antes revisar que Billie estuviera en su cama. Tumbado en la cama, no paraba de dar vueltas, no podía dormir era obvio.
Cuando pedí saber que ocultaba Aida, nunca se me ocurrió esto, ahora estoy metido en un embrollo. De mi parte no saldrá una palabra, no le dire a nadie si es solo lo que debo hacer para seguir vivo. Lo haré. Igual no es como si me atreviera, nadie me creería o terminaría muerto antes de que los atrapen.

Volvía a la casa justo luego de salir de la escuela, recogía a Billie, estaba pendiente de mi mamá cada hora, es obvio que no soy el único que corre peligro. Veía a Aida dos veces a la semana, nunca topábamos miradas, yo la evitaba a toda costa y así pasaron tres semanas. Con miedo, pero vivo aún.

Hasta ahora, Aida estaba en la entrada de mi casa. Mi corazón se paralizó, quede en blanco, muchas cosas pasaron por mi mente. Ella estaba calmada, como siempre, lleva unos jean anchos negros y una blusa café encajada junto con su maleta colgada en su hombro.

—Aida —salude.

—Seguro ya te avisaron que debes testificar —no salido. Afirmó.

Era cierto, esta mañana recibí una llamada.

Pecado culposoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora