Capituló 10

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Sus palabras retumban en mi cabeza una y otra vez, no podía evitar imaginar escenas donde ella nos terminaba matando justo aquí.

—No vuelvas Aida, no me gusta tenerte cerca de ellas —tome su brazo antes de las la vuelta para cruzar la puerta.

Miro mi agarre y la solté, no quería un puñetazo.

—No salgas de tu casa si no es necesario y cuida a Billie y a Emilia —advirtió.

—Ahora que las conociste, ¿te importan o es que nos vas a desaparecer? —esperaba que su respuesta no fuera la que esperaba.

—Yo no, lo harán otros —¿a otros se refería con los que peleó en la gala o algún enemigo?, hizo una pausa, —Solo digo, tú decides cómo cuidarlas —Sonrió de una forma entraña y salió de mi hogar.

Pude dejar de contener mi respiración. En la cama no dejaba de repetir todo. Las buenas críticas de mi mamá y mi hermana, hablando de Aida como si fuera la chica más pura y dulce del puto mundo, yo he estado ahí y se que todo es falso. Me duele que tengan esa imagen de ella, en especial mi hermanita.

Aunque yo también comencé a idealizarla; qué tal Aida fuera así, sin duda alguna no la dejaría escapar, como decía mi mamá, pero no me puedo aferrar a alguien que esta tan llena de odio y problemas.

Yo nunca podré saciar sus deseos, ni ella los míos.

Deje de darle tantas vueltas al asunto.

Aida

Te dije que no te metieras con el pero es tu maldito problema, no te cubriré esta vez con el clan —Gemma miro con odio a Fior.

—Jamás te importo, ¿por qué muestras molestia ahora? —fue sarcástico y Gemma le sacó el dedo.

La pelada de Fior con un tipo de otra empresas, podía causar grandes pérdidas y grandes peleas.

—¿Aceptaste la misión? —La pelirroja se dirigió a mi —Asentí —envidio que siempre te dan los mejores espectáculos, es decir, no me quejo de los mío.

—Lo haces ahora —señale, baje los pies del sofá y me incline apoyando mis antebrazos en mis piernas —¿te enviaron el cuchillo?

Fior asintió y estábamos listo para cualquier ataque.
Esperábamos ese cuchillo desde hace tiempo, no lo enviamos primero porque nos estábamos preparando. Jared y su empresa iban a sufrir ni el putas. El cuchillo significa pelea, a muerte. Solo uno puede salir vivo, puede ser un duelo entre dos personas o entre varias.

—Somos suficientes, cierto? —Fior imito mi posición.

—Lo somos, si Aida le pide a toda la empresa que peleen con ella, lo harán. Es la mejor de la empresa y tiene el respeto y admiración de casi todos —Gemma mordió su paleta, haciendo mucho ruido.

Gire los ojos, no me gustaba que se la pasara mencionándolo cada que debíamos trabajar en equipo.

—Creo que deberíamos sacar a ese niño, no nos traerá más que problemas, ni siquiera a matado a un gato para decir que se puede unir a la empresa —golpeó la mesa con su dedo —sería un aficionado, para todos y los aficionados no están permitidos.

—¿Quien dijo que lo vamos a integrar? ,déjate de estupideces —Le di una mala mirada —deberías tomar tus pastillas, cada vez estás peor.

Me levanté y tome el sobre de la mesa, con mi encargo. Gemma reprimió una risa y Fior bufó.

—¿Tanto te gusta ese cordero para enseñarle y cuidarlo? —su tono detonaba fastidio.

Ya iba a empezar con sus celos posesivos, era tan infantil, ya me tenía aburrida.

—¿Entonces me das permiso para comérmelo? —sacó a lucir sus chistes canibalitas —es tan tierno, vistes sus músculos y su rebeldía. Justo mi tipo.

—Todos son tú tipo, si se mueve te lo comes —Fior se burló, utilizando la misma técnica.

Ambos me miraron, esperando mi respuesta. Siempre hacían lo mismo.

—No me gusta —mire a Fior —y tú puedes hacer lo que quieras, siempre lo haces. Deja de pedirme permiso, no soy tu mamá —me dirigí a Gemma —igual nunca escuchas a nadie —rodeó la mesa y salgo.

Varias personas se inclinan al verme, saludando. He considerado cambiar de empresa, pero sería traición, solo seguiré renovando el contrato con esta y ya, que tanto puede cambiar entre una empresa y otra. Todas hacen lo mismo, te dan pedidos de personas a las cuales debes matar y te pagan por ello, es una gran oportunidad para aquellos que viven de eso.

No podemos fallar con los encargos, pero también tenemos libre albedrío de decidir si tomar o no la misión y incluso matar aparte de los encargos. Se nos enseñaba a ser perfectos, astutos, nos entrenaban como si la vida dependiera de ello y lo disfrutamos.

Te ganas el reconocimiento y respeto dependiendo de tu trabajo. La vos se corrían y los reportes eran pruebas de que eras dueño de la obra. Algunos simplemente tienen mas talento natural que otros y por eso nos va mejor.

Lo mejor de todo es que te cubren y evitan que te atrapen, se tiene ojos en todos lados y conexiones para lograr las cosas con un mayor éxito.

—Vamos juntas —Gemma apareció a mi lado.

No dije nada. Salimos, mientras caminábamos por el sendero que solo tenia una elegante barandilla, desde donde podías ver árboles, el río que corría al costado de la edificación, donde si caías, probablemente estarías muerto desde esa altura. Luego bajamos las grandes escaleras y salimos por el camino de madera bien hecha sobre un lado, los pinos altos se mecían con delicadeza sobre el agua y esta le hacía coro. La arquitectura tanto del edificio como del lago era una réplica de lugares de China, es lo que nos dicen cada que preguntan, no es como que mientan. Puedes buscarlo en internet e incluso es casi parecido.

—Sabes que Fior tiene razón. De igual forma Jack no tiene los pantalones para matar a alguien. Tiene una hermana pequeña y una mamá —al salir a la ciudad me detuve escuchándola.

—Lo se...

—¿Planeas algo, no? Deberías decirnos, así podemos ayudarte, haremos lo que sea —sonrió, ladeando la cabeza —estaremos al pendiente, nos avisas.

Su desorden de personalidad me estresaba a veces.

—Bien. Nos vemos pronto —se fue balanceando sus caderas.

Jack tenía muchas deudas. Demasiadas para que su familia viva tan tranquila y feliz, no entiendo cómo son tan estables y funcionales. El se encarga de casi todo, a pesar de estudiar trabaja para pagar las cuentas y se encarga de que su familia sea feliz y no se preocupe por nada. Me pregunto que tanto tendría que hacer falta para que se rompa ese cascarón. Sin mencionar a su papá, que era otro caso.

Era cierto lo que le dijo Gemma, me gustan las cosas que son fáciles de romper y manipulables con algo de esfuerzo. Pero me gusta más lo que no puedo tener, lo que se me es prohibido dañar o acercarme, porque más quiero que sea mío.

Y con Morits, me voy a divertir mucho. Contigo Jack Morits.

—Dime la verdad —Jack se sentó, al frente.

—¿Cuál verdad? —mostré interés, el tenía ojeras y se le veía cansado.

—Toda, de tu mundo, de ti. Lo quiero saber todo —susurro acercándose y fruncí el ceño.

—¿Toda? —sonreí.

Sabía que este momento llegaría, así como venía venir otros más, siempre se cumple lo que quiero y atraigo. Jack, ¿que haremos contigo?. Si sigues entrometiéndote así, será más difícil dejarte escapar.

Pecado culposoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora