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El sol empezó a brillar, haciendo saber que comenzaba un nuevo y largo día.

Astrid aún con cara de sueño, salió de su habitación al baño. Lo primero que hizo fue tomar una ducha, salió con una toalla en la cabeza y la bata que cubría su desnudez. Y cuando se encerró en su cuarto, soltó un largo suspiro. Mientras se cambiaba vió en el fondo de su escritorio una foto: Hiccup junto con ella. La había tomado hace no mucho y, con todas sus ansias, deseaba volver a verlo, no lo había hecho después del incidente con Dagur, osea, hace 1 semana. Guardó la foto en el mismo lugar, sabiendo que su mamá no la encontraría, caso contrario se llevaría un enorme castigo, puesto que en la foto se estaban besando. Luego peinó su hermosa cabellera rubia y, con cabeza en alto, bajó a desayunar.

-Buenos días, ¿cómo dormiste?- preguntó su mamá mientras servía el desayuno.

-Acostada, supongo.- murmuró la menor con un porque de sarcasmo

-Que chistosita.- le regañó Lagertha- Ven a comer, luego te lavas los dientes y…- la mayor ni siquiera pudo acabar de hablar cuando ella la interrumpió.

-Voy a la escuela.- concluyó la ojiazul frunciendo el entrecejo- Lo sé, dioses, ya no soy una niña pequeña para que me lo recuerdes.- le reclamó tomando asiento en la mesa.

-Para mí lo sigues siendo.- refutó la adulta y ella solo rodó los ojos y ambas empezaron a comer. Hasta que un celular sonó y no era precisamente el de Astrid.

-¿No vas a contestar?- le preguntó alzando una ceja.

-Emm… Creo que sí, espera.- contestó y con nerviosismo salió del comedor, hacia un lugar dónde su hija no la escuchara- No me llames cuando estoy con mi hija.- fue lo primero que dijo a la persona que estaba en la línea.

-Lo siento, no sabía que estabas con ella…- oyó la voz de un hombre- ¿Cómo estas, amor?- el tono de su voz era algo frío y tétrico.

-Bien, Astrid ya se irá a la escuela, así que de ahí puedes venir. Pensará que fui a trabajar.- contestó Hofferson, antes de morder su labio inferior con atrevimiento.

-Tengo unas ganas de verte, tendremos la casa para nosotros solos.- aquel hombre no se molestó en ocultar en doble sentido de sus palabras.

-Por Thor, Drago, me harás sonrojar.- y Hofferson no mentía, su cara ya estaba roja- Bien, te espero, ahora debo regresar con Astrid. Adiós.- colgó rápidamente y esperando a que su sonrojo desaparezca, volvió luego de unos minutos a la mesa.

-¿Quién era?- preguntó directamente su hija.

-Mi jefe, quiere que le haga un informe.- mintió tomando otra vez asiento.

-Cuando vea a ese señor le diré que, al menos, te dé vacaciones los fines de semana.- se quejó la menor arrugando su nariz.

-No te escuchará, es terco.- Lagertha otra vez se puso nerviosa, no quería mentirle a su hija, pero tenía que hacerlo, no podía decepcionarla.

Hace poco tiempo, antes de que Hiccup y Astrid sean novios, ya se conocían, sin ella saberlo, conoció a un hombre. Se impresionó desde el primer momento en que lo vió, tal vez para la gente no era la octava maravilla del mundo, pero para ella sí. Solo lo había visto, no se hablaron, hasta se encontraron en un centro comercial y comieron juntos aquella vez, conversando de algunos temas, ella le mencionaba que no trabajaba y él le dijo que podía ayudarla, pensando en lo mejor, aceptó.

No todo era color rosa, aquel hombre era Drago Manodura, el mafioso más peligroso alrededor del mundo. Pero ella no sabía en realidad quién era, la ignorancia estaba en su mente y se imaginaba que era un regalo de los dioses, por lo tan bueno que se comportaba con ella; se hicieron novios así de repente, él con algunos planes ocultos, pero jamás le mencionó tales. El día en el cual "por asuntos de trabajo", la mamá de la rubia tuvo que irse, no era cierto, casi del todo. Drago le había hablado sobre un lugar dónde podía trabajar, fue con él y se llevó una gran sorpresa: Un prostíbulo.

† DESTINO DIVINO †Donde viven las historias. Descúbrelo ahora