Una Autora que transmigra a su mediocre y nefasta novela.
¡Esa autora decide morir!
-Disculpe, sensual y atractivo protagonista podría dejarme en paz.
ಠಗಠ
-Lo siento, debe morir al final.
-Tranquilo, le ahorro las molestias.
-Una pena, pero la nec...
"Hola amigos, me llamo Thabita Rolls. Este es mi primer trabajo (づ。◕‿‿◕。)づ Los capítulos serán actualizados todos los lunes, espero que disfrutes esta historia conmigo. Abrazo Xoxo."
En el mundo de los sueños, las expectativas se expanden hasta el horizonte, desafiando cualquier obstáculo que pretenda entorpecer su fluir. En ese reino etéreo, cada pensamiento es una semilla de posibilidad, y cada deseo, un impulso hacia lo inalcanzable. No hay espacio para barreras ni limitaciones; solo la libertad de crear sin restricciones.
Así, en el vasto lienzo de la imaginación, las fantasías se crean con ilusión y las historias se vuelven realidad.
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—Listo, hemos subido la presentación y el primer capítulo, ahora queda esperar —vocea la mujer con una expresión de satisfacción mientras cierra la computadora.
Desde el primer piso, una voz familiar llama a Thabita. Sin titubear, desciende por las escaleras de madera, y en apenas unos minutos, se encuentra cara a cara con la mujer que la convoca.
—¡Mamá!, ¿cómo les fue?
No obstante, algo parece fuera de lo común. La madre organiza las compras con calma, extrayendo cada artículo de las bolsas uno por uno. Lo hace con precisión, sin dirigir ni una mirada hacia su hija, en un silencio total, sin emitir la más mínima respuesta.
Sin embargo, la mujer comienza a sentir un nudo de ansiedad al percatarse de que algo falta y pregunta con nerviosismo:
—¿Dónde está Eli mamá?
Los pensamientos se agitan y la calma desaparece del rostro de la Thabita. Una sensación extraña se aloja en el pecho, y el miedo invade su mente. Con manos temblorosas agarra los hombros de su madre y, con una voz quebrada por la preocupación, repite una y otra vez:
—Mamá, por favor, ¿dónde está mi hijo? ¡Responde, por favor!
La risa de la madre resuena en la habitación como el eco de una mente perturbada. Thabita siente cómo el aire se enrarece, cargado de una energía oscura que hiela la sangre en sus venas. Los colores del entorno se desvanecen uno a uno, como si una mano invisible los borrara de la existencia, dejando tras de sí un paisaje monocromático de sombras y penumbras.
La temperatura desciende, envolviendo la habitación en un frío sepulcral que le corta la respiración. En medio de aquel ambiente opresivo, la figura de la persona que está siendo interrogada comienza a desvanecerse, como si su propia esencia se deshiciera en el aire. La mujer observa con horror cómo los rasgos de su madre se difuminan en una agonía tortuosa de sonidos chirriantes y perturbadores.
Un escalofrío le recorre la espalda al sentir un dolor punzante. Como si una aguja ardiente se le clavara en el cráneo, la obliga a llevar la mano hacia la parte posterior de la cabeza. Cuando mira, el temor se apodera de ella al notar que la palma está empapada en un líquido rojizo, el mismo que se desliza por su rostro.