Capítulo 23: El forjador de almas.

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Capítulo 23

El forjador de almas.


El sol se filtra entre las nubes, bañando Valle Escondido en una luz cálida y rojiza. Darius, el joven y respetado emperador de Obsidian, desciende de Pim Pon. Es escoltado por guardias de armaduras relucientes, entregados por el General del Sur.

Por supuesto, Philip está a su lado.

Luego de una cálida bienvenida por parte de los aldeanos, se dirige al taller de Tut, el sabio maestro forjador. Los hombres de Javier se quedan esperándolo afuera, mientras él solo es acompañado por el adolescente.

Al entrar en el taller, los ruidos metálicos y el sonido del fuego rugiente llenan el ambiente, pero solo se encuentra un aprendiz. El muchacho lo reconoce de inmediato, con timidez realiza un saludo formal. Mientras sus mejillas se sonrojan, dice titubeante donde se encuentra el sabio.

El emperador entrecierra los ojos, ¿dónde más podría estar ese anciano?

Por supuesto, haciendo lo que más disfruta.

Tut ve a Darius y corre hacia él, derramando la jarra de vino y extendiendo sus brazos con alegría.

—¡Mi querido emperador! ¡Bienvenido a mi humilde morada! —grita con efusión. Con cariño jala sus mejillas en un gesto juguetón—. Mírate, sigues siendo el joven más apuesto de todo Obsidian ¿Cuándo piensas darnos la sorpresa y casarte?

Ante la ocurrencia del maestro, solo dibuja una sonrisa, sabe que sus palabras venían de un lugar de afecto genuino.

—Siempre con esas ocurrencias ¿cierto?, pero temo que el Imperio me mantiene demasiado ocupado, como para pensar en el matrimonio.

—¡Patrañas! aunque tiene deberes que cumplir, no lo puede negar, sería emocionante ver a una emperatriz luchando a su lado en las batallas de la vida.

Mientras Darius buscaba palabras para responderle, Enoc observa cómo Maurice mira a Philip.

El emperador, con una expresión amigable, está a punto de responder cuando el fiel consejero irrumpe en la conversación.

Dada la última discusión con el adolescente, temía que cualquier tipo de respuesta emitida por Darius, pudiera romper su corazón.

—Perdón por interrumpir, pero hay asuntos urgentes que requieren la atención del emperador.

El anciano voltea hacia atrás y habla en tono burlesco.

—Ah, muchacho, siempre tan serio. Así tampoco conseguirás esposa, te estás volviendo viejo y feo.

Enoc observa la situación en silencio y aguarda la respuesta con atención.

—¡Quien dijo que quiero esposa!, estas senil anciano, siempre volvemos a lo mismo —refunfuña Maurice, mientras frunce el ceño.

Tut sonríe satisfecho, disfruta mucho ver al joven cuando se enoja. Darius, reconociendo la tensión en el ambiente, interviene con calma, posando su mano en el hombro del sabio.

—Maurice tiene razón, maestro. Hay asuntos que demandan nuestra atención inmediata.

El anciano asiente con seriedad.

—Mis disculpas, emperador. Me dejé llevar por el momento.

—Pero antes debo confesarte, que si alguna mujer valiente se atreve a enfrentarme, consideraré tu consejo.

La santa debe morir// En Corrección Donde viven las historias. Descúbrelo ahora