Última prueba.

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Decidimos pasar la noche en la ciudadela, no sabíamos lo que el alba nos depararía y queríamos descansar. Ambos abrazados bajo una fija sábana, siendo protegidos del frío constante que caía en el desierto al caer la noche. Leer el diario de Urbosa, conocer más de su relación con la fallecida reina entre otras cosas, parecía haber calmado el alma de mi tierna esposa. No podía dejar de mirar sus cejas relajadas, sus ojos cerrados y su pausada respiración. Cuando menos me di cuenta fui preso de un profundo sueño. 

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El alba llegó, fría y temprana. Cuando el sol quiso salir, nosotros ya estábamos en el santuario de la vida, el sitio donde comenzó mi aventura. Un extraño sentimiento se me ancló al pecho, sintiendo que algo estaba por cambiar. 

<<Héroe que deseáis controlar a la bestia divina... Aguardaba vuestro regreso a este lugar, donde todo comenzó. Habéis superado todos los desafíos; os felicito. Ahora debéis enfrentaros a una última prueba. Colocad la piedra Sheikah en el terminal donde la obtuvisteis al inicio de vuestro viaje. Con ese gesto, será revelado el camino hacia la última prueba... Mas debo informaros, esta prueba debe hacerse en solitario. Será una prueba para vuestro alma y espíritu, debéis mostrar el valor que desde antaño el héroe ha demostrado tener. Me temo que debéis iniciar la prueba por vuestra propia cuenta...>>

Miré a Zelda con preocupación pero a ella no pareció importarle. 
-En cierto modo me lo esperaba, son pruebas para el héroe, no es mi trabajo... Aunque me hubiese gustado ver que tipo de prueba es. Solo puedo esperar tu regreso con paciencia... -ella agarró fuertemente mi mano, caminó hacia el terminal que estaba al inicio del santuario donde desperté. Con sumo cuidado dejé descansar la piedra sheikah en él. Pronto, fuertes temblores me obligaron a coger a Zelda por la cintura, ya que su equilibrio se vio comprometido.  Una plataforma comenzó a bajar y nosotros con ella. Nos dejó frente a una puerta abierta, dentro había una estancia con mecanismos de toda clase, seguramente mecanismos hechos para ser descifrados. Miré a Zelda y junté mis labios con los suyos. Con una última sonrisa y un abrazo entré a la estancia, la puerta tras de mi se cerró a cal y canto, no había vuelta atrás. 

<<Bienvenido, héroe.  Habéis vuelto a mi tras superar numerosos desafíos. Este será el último que os impongo. Esta prueba es en sí misma un laberinto. Os aconsejo que primero consigáis el mapa. Usad esta prueba guía para obtenerlo>>

Haciendo caso a la voz fui hacia la piedra, matando a un par de miniguardianes en el proceso. Puse la piedra en el terminal y se me reveló un mapa con cuatro puntos anaranjados que debía activar y dos modos de mover toda la estructura. Echando un largo vistazo a todas partes decidí empezar por la zona de fuego. Subí por una plataforma encontrándome con una puerta giratoria, esperé hasta que pude pasar. La zona ardía, dolía respirar aunque ya estaba acostumbrado. Frente a mi, un cilindro lleno de pinchos daba vueltas sobre el fuego. Pude ver que algunos trozos no tenían pinchos, así que con sumo cuidado de no pincharme y sobre todo no tropezar pude atravesarlo. 
Miré impresionado la gran estructura que tenía enfrente. Pisando un interruptor abría la puerta para que una reliquia saliese, tenía que hacerlo de tal forma que entrase por unos tubos (parecidos a un juego de hámsters) y moviendo la bestia con la tabla sheikah esta reliquia debía llegar a su lugar. Abriendo unas rejas donde activé el primer terminal. 

La siguiente zona que hice fue la del agua. Subí a lo más alto del lugar, maté un guardián mediano y me dispuse a mover grandes vigas de hierro con el imán. Con cuidado hice que encajasen con el puzle que movía todo el mecanismo. Cuando estuvo listo pude entrar a la sala donde estaba la verdadera prueba, una gran columna sumergida en agua. Hice hielo con ayuda de mi piedra empujando la columna, de esta forma comenzó a dar vueltas y pude llegar al terminal, que activé sin dudar. 

La parte de aire fue ligeramente más fácil. Un gran ventilador de grande aspas que echaba un gran viento. Con ayuda del paralizador, mi paravela y destreza pude llegar al tercer terminal, activándolo también 

Por último me quedaba una prueba, si mi memoria no me fallaba era la del trueno. No lo había mencionado pero a medida que avanzaba los enemigos de la zona principal empeoraban. Ahora grandes guardianes voladores me esperaban. Como siempre fui precavido traje flechas ancestrales conmigo así que no fue difícil terminarlos. 
De vuelta a la prueba, con el imán tuve que mover una gran estructura de hierro que, al encajarla con la puerta, hizo que la misma comenzase a girar. En consecuencia, toda la estancia tras ella empezó a dar vueltas también. Tuve que llevar la electricidad a toda la sala, ahora dos grandes plataformas giraban en la espera de que encajase dos hierros colocados en cada punta de las mismas. De esa forma terminé con el terminal que faltaba. 

La puerta al final del templo tenía cuatro pilares que evitaban que se abriese, con cada terminal activado un pilar se retiraba hasta que la puerta estuvo completamente libre. Detrás de ella había un monje que poco a poco comenzó a moverse. Primero su mano, después sus brazos, hombros, rodillas... Hasta que se puso de pie. 

<<Habéis demostrado que sois un auténtico héroe. Por tanto, en nombre de la diosa Hylia... Os impondré una última prueba>>
Todo comenzó a temblar bajo mis pies, completamente impresionado me vi sobre una gran circunferencia que volaba en mitad del cielo del basto Hyrule. El mismo monje se colocó frente a mi con una perfecta postura de pelea, sus manos brillando de un intenso color azul.
<<En guardia>>

La pelea dio comienzo, el monje tenía una gran velocidad y fuerza. Por un instante pensé que un golpe suyo me haría pedazos, mas lleno de valor me puse en guardia. Observé cada movimiento, su forma de pelea. El enemigo aparecía y desaparecía por momentos, estuve dándole golpes aquí y allá cuando conseguía pillarlo desprevenido. Cada golpe que le daba dificultaba la pelea, pues comenzó a crear figuras de él mismo que llenaron toda la plataforma. Fue difícil para mi golpear el clon correcto, cuando lo conseguí hice una serie de golpes que lo dejaron caer de rodillas. Quedé completamente atónito cuando hizo de su cuerpo inicialmente pequeño uno enorme que rompía con las leyes de la naturaleza. La buena suerte de esto es que ahora era demasiado lento. Me puse en guardia cuando escuché el característico sonido que hacían los guardianes cuando iban a soltar un rayo. Pude esquivarlo y devolverlo con el escudo, en segundos el enemigo estaba en el suelo. Lo golpeé bastante pero no fue suficiente. Su siguiente movimiento me hizo sacar el imán. Grandes bolas de hierro eran dirigidas a mi pero rápidamente las repelía y devolvía con el imán. Poco a poco y con cuidado de no hacerme daño a mi mismo pude terminar con él. Cayó al suelo respirando agitado, volviendo a su estado original mientras una mano descansaba en su pecho

<<Bien hecho, os felicito. Habéis disipado todas mis dudas. Es evidente que sois un auténtico héroe. Estabais destinado a ser poseedor de este poderoso artilugio. Yo os lo entrego en nombre de la Diosa Hylia>>
De nuevo, muchos temblores se hicieron presentes. En el centro algo que no podía discernir apareció. Me fijé con mucho más interés, era... ¿una moto?

𝐍𝐨 𝐦𝐞 𝐬𝐮𝐞𝐥𝐭𝐞𝐬 • (𝑻𝒍𝒐𝒛)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora