𝙷𝚊𝚕𝚕𝚎𝚗
Soy un bebedor terrible. Me lo recuerda precisamente el dolor de cabeza cuando abro los ojos y despierto, sintiéndome como si me hubiera medito arena en la boca y bebido agua de mar. Es una sensación asquerosa e incómoda. Con un pequeño gruñido de pereza, aun cuando me siento un poquito indispuesto, hago mi mayor esfuerzo para sentarme y mirar a mi alrededor, dándome cuenta que no estoy en mi casa. Una chispa de miedo punza en mi pecho, a lo que mis ojos bajan hacia mi cuerpo y mis manos palpan la ropa, relajando esa sensación.
También de que estoy cubierto por una manta de un suave tono gris que no ha sido demasiado bien cuidada en la lavadora en algún momento de su vida.
Echo una pequeña mirada hacia atrás de mi mente, intentando recordar qué hice para terminar en otro lugar que no es mi casa... pero Attom es quien sale de lo que supongo que es su habitación, adormecido, con el cabello un tanto apelmazado, un pantalón deportivo como única prenda en su cuerpo que pasea con pasos vagos... y pese a ello, en lugar de sentirme afortunado de tal vista, lo que recibo es bochorno al recibir un puñetazo de conciencia de gran parte de la noche.
El pegarme demasiado.
El lenguaje obsceno.
El lamerle.
Dios Santo, soy repugnante e incívico cuando bebo... pienso a mis adentros. ¿Me odiará ahora, y esto es mera cortesía? Sí, seguramente tendrá ganas de que me vaya de una maldita vez de su casa.
—¿Ya te despertaste por fin, pato bailongo? —lo dice con una casi sonrisa suya. La que ya tengo fichada, lo que me sorprende un poco que se comporte así conmigo tras todo lo que le hice anoche—. Resacoso, ¿verdad?
Como bien cegato que soy, obviamente no puedo apreciar bien el cuerpo de él, pero sé que tiene un montón de tatuajes esparcidos por sus brazos, pecho y estómago... creo que incluso bajando por debajo del pantalón.
A lo mejor tiene el...
¡ALEJA ESE PENSAMIENTO SUCIO, HALLEN!
Siento mi cara quemar de inmediato por preguntarme si su... parte escondida... está también tatuada. Espero que no. Eso debería de doler demasiado, y no sé por qué alguien se tatuaría el...
¡¿POR QUÉ ESTOY PENSANDO EN ESTO, MALDITA SEA!?
Cubro mi propia cara sin responder a lo de Attom todavía, y después me lanzó para enterrarme contra la almohada que tengo a mi lado. Quiero transformarme en avestruz y plantar mi cabeza en un hoyo, rezando para desaparecer.
—Siento que me he metido el desierto de Chihuahua dentro de mi boca —respondo, lo cual es una referencia graciosa porque estamos en Texas—. Por lo que sí, tengo un poco de resaca. ¿Sería muy descarad preguntarte si tienes café? Oh, y de paso, preguntarte por mis gafas para no morir de camino al baño. Sin ellas me transformo en topo.
Alzo la mirada y veo que mueve su cuerpo en dirección a la cocina, como si se preguntara algo.
—No tengo café hecho, pero puedo prepararte uno mientras te pones presentable. Y... —antes de responder, observo que se acerca hasta mí. Me doy cuenta que no sólo está tatuado, sino que además tiene perforados los dos oscuros pezones que tiene a la vista y posee algo vello en en pecho. No mentía cuando decía que no era demasiado velludo—. Y tus gafas están en esta mesa de café. Así que... Sr. Topo, será mejor que no deambules mucho por mi casa, y me permitas traerte un ibuprofeno milagroso para todo hombre resacoso y un poco de agua. Después podemos ir a tomar un brunch, ya que no he hecho la compra y sería muy aburrido que me viera debatir conmigo mismo sobre mi momento de compra mensual.
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𝕸𝚊𝚛𝚌𝚊 (𝙸𝙼)𝓟𝚎𝚛𝚏𝚎𝚌𝚝𝚊
Non-Fiction[LIBRO 1] Hallen es un profesor de ciencias en la secundaria, el cual intenta que su vida intente ser lo más correcta posible, y sin embargo parece que nunca encuentra el marcaje perfecto para que todo cobre sentido. Tanto su vida como él son un des...
