𝙷𝚊𝚕𝚕𝚎𝚗
Attom se siente como una ruleta de oportunidades y sorpresa, la cual de vez en cando gira y tengo la oportunidad de disfrutar en la casilla que caiga. Navegar en canoa por primera vez, al principio, me puso un poco nervioso por si me caía al agua y hacía el ridículo, pero al final fue tan emocionante que fue suficiente para saber que, con él, siempre habían experiencias nuevas compartidas.
Se sentía como ser adolescente, y que tu nuevo novio te sorprendiera con pequeños detalles o viajes que te hacían sonreír. Claro yo nunca tuve un novio en esa época, así que hoy por hoy algunas cosas me hacen sentir un poco tonto o más torpe de lo normal aunque no quiera cometer errores.
Attom aprende muy rápido de mí, y yo soy algo más cuidadoso para asimilar todos los pequeños detalles. Por ejemplo, él sabe que yo amo comer y nunca me ha soltado ni una sola vez un comentario sobre mi tripita. De hecho, a veces le pillo pellizcándola un poquito mientras me da un beso en la mandíbula, llamándome "precioso" o palabras así con ese tono de voz que eriza mi piel. También sabe que adoro la comida que proviene de Latinoamérica, especialmente la mexicana aunque eso sea un cliché americano.
Soy una criatura constantemente hambrienta, y a Attom parece que le encanta empujarme a esas situaciones para que mi estómago gruña y me vea sonrojarme por la vergüenza.
¿Estoy nervioso? Hambre.
¿Estoy feliz? Hambre.
¿Estoy triste? Hambre.
En esta ocasión tampoco falta ese sonido, mucho menos cuando veo que es un buffet libre de comida internacional, y caen un montón de patatas fritas con salsa de queso, tres enchiladas picantes, dos fajitas vegetarianas y un par de chipas paraguayas que oí que están muy ricas.
Él, por el contrario, tiene una hamburguesa clásica en un plato pequeño y en el otro que lo acompaña varias empanadas que no sé qué contienen.
—Creo que alguien está tan hambriento como feliz de haber pasado un día completito, ¿eh?
—Mi relación con la comida es mayor que lo que llevo contigo —le digo, evitando hablarle con la boca ella.
Él pone los ojos en blanco.
—Sólo llevamos medio día como novios oficiales, Hal.
—Y ya me pones de los nervios... ¿no deberías de pincharme menos, hasta que pasemos la barrera del primer mes?
—Creo que mejor, la próxima vez que te visite, te compraré Snickers, ya que la gente de la televisión parece volverse menos gruñona mientras se lo come... —murmura, bajando su mirada hacia su hamburguesa que muerde de inmediato.
Hago mi mejor esfuerzo para que mi teatral expresión enfadada no se quiebre, pero por la forma en la que ha dicho aquello, mirándome, sé que al aflojar yo he perdido y él abajado. Su sonrisa de triunfo no tarda en aparecer. Cuando estas cosas pasan, Attom sonríe de una manera concreta que le hace sentir bastante bien, alejándolo de esa mueca rara que parece una sonrisa de cartón-piedra, neutra. Quiero memorizarla otra vez en mi cabeza, grabar su rostro y ponerle una fecha en una esquina mental, pero de repente se desvanece y señala mi comida para que coma o me la robará.
Al principio no te das cuenta de que el gesto es genuino, atípico y especial, pero cuando lo haces no quiere perder la oportunidad de encontrarla y memorizarla a la perfección.
Tras terminar de comerlo todo, me acomodo como mejor puedo en la incómoda silla. Todavía tengo el trasero magullado, recordándome entre pequeñas punzadas que este fin de semana Attom y yo hemos estado follando demasiadas veces seguidas. A pesar de lo mucho que lo hemos repetido, a veces tengo la sensación de que nunca alcanzaré le energía que tiene él; aunque Attom dice que con hacerlo una vez al día como mínimo es más que suficiente, y no siempre tiene que haber penetración ya que no es la única forma de satisfacerse.
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𝕸𝚊𝚛𝚌𝚊 (𝙸𝙼)𝓟𝚎𝚛𝚏𝚎𝚌𝚝𝚊
Non-Fiction[LIBRO 1] Hallen es un profesor de ciencias en la secundaria, el cual intenta que su vida intente ser lo más correcta posible, y sin embargo parece que nunca encuentra el marcaje perfecto para que todo cobre sentido. Tanto su vida como él son un des...
