Capítulo 9

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Caminó con aire ausente mientras pensaba en las palabras de Jessica. Le resultaba imposible que una joven como ella se viera interesada de esa manera en él. Claro, no era ningún delito admitir que le parecía muy guapa y que seguramente tendría algún novio en clase o en el campus. Alguien de su edad o por lo menos que no le llevara 20 años.

Hacía un par de semanas, su ex le advirtió sobre su estudiante y aunque no quería reconocerlo, sus palabras lo marcaron en cierto modo.

Porque comenzaba a mirarla un poco más.

Por un lado, comenzó a notarla en más sitios donde él también se encontraba en ese momento, a grado de ya no parecerle una casualidad. O quizá se estaba volviendo loco.

Se encaminó a su oficina para resolver algunos pendientes cuando sin más, se la encontró caminando el mismo sendero y tampoco pudo ignorar el relampagueo en el estómago cuando sus miradas se encontraron por un segundo que le pareció eterno.

 —Señorita Greenwood.

—Harris —sonrió—, ¿cómo le va?

Se diera cuenta o no, se tomó el tiempo suficiente para admirarla mientras tragaba saliva. Al notar que ella lo miraba con atención, se encogió de hombros.

—Voy a mi oficina. ¿Y usted?

—Tengo sed —se limitó a decir.

Robert bufó y giró la cabeza para cerciorarse de que estuvieran solos en el perímetro.

—¿Nadie viene con usted?

—No. Lexi está trabajando y Patrick y April están hablando por allá, así que...

—Casi no habla con el resto, ¿verdad? —interrumpió con tono pícaro.

—Bueno, podría ir a hablar con Masterson. Él me cae bien.

 —Masterson es un profesor. Me refería a algún otro estudiante.

—No soy exactamente la estrellita fugaz del campus —atajó.

—Eso es lo que ocurre cuando alguien dice la verdad.

Ella relajó su expresión y le dedicó una ligera sonrisa.

—Me cuesta mantener conectada la lengua con mi paciencia.

—Lo sé.

Greenwood se encogió de hombros y se sentó debajo del árbol que se encontraba frente alDepartamento de Literatura. Robert se limitó a mirarla mientras ella vaciaba su mochila hasta sacar una botella de agua, para luego volver a acomodar sus cosas. Le extrañó verla hacer algo tan simple, como si existiera un nivel de confianza mayor entre ellos.

—¿Y usted qué me cuenta? —le preguntó mientras se ponía de pie, ignorando nuevamente la mano deRobert para ayudarla— ¿Qué hace tan solo en una tarde como esta?

—No soy muy sociable.

—Lo sé —lo imitó y emitió una risilla.

Robert simplemente no supo qué decir. 

—Señor Harris...

La miró con interés.

—¿Por qué vino aquí?

Le tomó un par de minutos entender la verdadera intención de la pregunta. Era la primera persona que se lo preguntaba tan directamente y su mente se dividió en dos: lo sensato era decirle que dejara de entrometerse, pero al fijar sus ojos en los suyos, vio que su intención no era molestar. Su carita estaba cargada de un interés que ni ella misma podía contener. Le dio un escalofrío en la columna y sacudió la cabeza para opacar la sensación.

El amor que construimosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora