Se convirtió en el centro de atención y en automático todos le abrieron paso. La música incandescente no cesaba y los murmullos sobre la presencia de un profesor se expandieron rápidamente. Sonaba una mezcla de los noventas cuando Robert por fin la encontró. Se encontraba frente a la mesa de bebidas, sirviéndose un vaso de vodka. Se detuvo a unos pasos y se limitó a esperar. Permaneció alrededor de dos minutos ahí, mientras aguardaba que Emma terminara de beber el vaso repleto de jugo de arándano con vodka. Volvió la cabeza en dos ocasiones para recordar al resto de los asistentes que no tenían nada que ver y finalmente todos volvieron a ocuparse de lo suyo. Lexi y April se situaron junto a Robert por si necesitaba de su ayuda.
—¿Em? —gritó Lexi.
Ella se giró lentamente. Su rostro lucía mucho más pálido, resaltando lo oscuro de sus labios carnosos y el delineador en los ojos.
—Vámonos.
Asintió sin sonreír e hizo un esfuerzo por caminar, pero tropezó y chocó con el pecho de Robert, quien la sujetó con delicadeza.
—No, no. Yo la llevo.
Ella lo miró por un segundo y levantó las cejas en señal de aprobación al sentir lo duro de su pecho. Pasó su brazo por la cintura y caminaron lentamente, con las chicas pisándoles los talones. Las parejas de baile se mezclaron en la pista mientras se movían con gracia al son de la balada que sonaba como un eco, mientras algunos aprovechaban para ir a beber. April frunció el ceño cuando vio a su alrededor: eran muy pocos los que se encontraban sobrios ya, incluso algunos lucían peor que Greenwood. Un joven corrió escaleras arriba con las manos en la boca y una pareja se encerraba en una de las puertas del rincón.
—No me dejes sola —masculló Emma en la oreja de Robert.
Se estremeció al sentir su aliento tan cerca y la abrazó con más fuerza. Sonrió ante la ironía. Ella acababa de decirle que no la abandonara y en ese momento sonaba un remix bastante malo de You Are Not Alone. A veces no creía en las coincidencias.
—Tranquila, todo va a estar bien —se limitó a responder y entonces salieron de la casa.
Los oídos le retumbaban por el estruendo y el cambio tan brusco. Se sintió mucho frío y Emma tiritó sin soltarse. Mantenía los ojos cerrados con fuerza y presionaba los labios una y otra vez, como si reprimiera las ganas de vomitar. Enterró la cabeza en el torso de su salvador y respiró con brusquedad. Aun estando mal, sabía que la persona que la abrazaba olía muy bien, y claro que se trataba de un hombre. No lograba reconocer la esencia, pero el sujeto que la rescató tenía un aroma increíblemente fresco, como a hierbabuena mezclado con un peculiar perfume masculino. De no estar en ese estado, podría olerlo todo el tiempo.
—¿Tendrá muchos problemas? —inquirió Lexi.
—Pero claro que los tendrá —intervino April—, ¿es normal que en cada fiesta haga esto?
—No lo hace seguido —gruñó Lexi.
—Pero cuando lo hace, se pone en ese estado. No lo sé, no es normal.
—Cállate, April.
—Si continuamos aquí, lo más probable es que sí termine en problemas —respondió Robert, ignorando los comentarios de la alemana—. Si Franklin o algún otro profesor la ven así, será un gran problema. Lo mejor será que nos vayamos.
—Deberíamos llevarla a su dormitorio —sugirió April.
—No —intervino Emma con voz débil y se incorporó de un salto. Robert mantuvo los brazos en estado de alerta por si llegaba a caerse, pero parecía estar empezando a recuperar el control.Los tres la miraron alarmados.
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El amor que construimos
Romansa¿Y si el amor de tu vida es 20 años menor que tú? ¿Cómo saber cuál es tu hogar en el mundo? Robert Harris, un escritor atractivo y talentoso, llega a Norwich, Vermont, un pueblo donde parece vivir en un otoño permanente, con la intención de huir de...
